Un rayo de luz que entro por la ventana, despertándola. Anoche, tras llegar a casa cayó rendida encima de la cama. Fue un día duro. Pero sobretodo fue un día extraño. ¿Quién era ese tío del parque? ¿Por qué desapareció tan repentinamente? ¿Cómo se llamaría? Definitivamente si lo que quería era captar su atención, lo había conseguido totalmente.
¿Volvería a saber algo más de él? Lo cierto, es que le gustaría conocerlo, y tampoco era tan feo el chico…
- Pero Beth, ¡en qué estás pensando! Te encontró llorando por Liam ¿y te quedaste con sí era guapo o no? No deberías, además lo más seguro es que no vuelvas a verlo.
Pero y qué pasaría si vuelve a encontrárselo, cómo reaccionaría… ¡Basta! Tenía que prepararse si no quería llegar tarde a su primer día en la universidad. Lo cierto, era que la idea de gente nueva, no le entusiasmaba mucho, por mucho que quisiera empezar de nuevo, se había vuelto muy desconfiada, por lo que le costaría hacer amigos. Bueno, le costaría más, porque nunca ha sido algo que se la haya dado muy bien.
Tras un buen desayuno cogió el Jeep y se dirigió a la universidad, que aunque no estaba muy lejos, estaba lo suficiente como para que no llegara a tiempo.
Estaban sus amigos y conocidos de toda la vida, pero claro, la mayoría no habían cogido la misma carrera. Beth iba a empezar la carrera de artes, le apasionaba el dibujo desde muy pequeña. Entró en el aula, un aula no muy grande para ser de universidad. Estaba claro que no era una carrera muy solicitada.
De pronto lo vio entrar, su sonrisa y esos preciosos ojos que podía enamorar a cualquiera y que la estaban mirando fijamente. La reconoció y fue hasta ella.
- Hola guapa.
- No soy guapa. – Algo le hacía desconfiar de él, hasta el punto de por mucho que quisiera conocerle, no poder evitar ser algo distante.
- No digas tonterías. – Dijo sonriendo, tenía una sonrisa tan perfecta… ¡Beth vuelve! - ¿Está libre? – Dijo apuntando al asiento que había a su lado.
- Sí. – Dijo Beth, seca sin mirarle si quiera.
- Mujer, no soy tan feo… puedes mirarme. – Dijo sonriendo, pero a pesar de ello no le miró.
- No eres feo. – Se arrepintió de esas palabras en el último momento, pero ya estaba dicho.
- ¿Piensas que soy guapo? – En ese instante entró el profesor. Salvada. – Contéstame.
- Eh, vosotros dos un poco de silencio. – Dijo el profesor mientras toda la clase se giraba para mirarlos. ¡Qué vergüenza!
Tras dos horas de presentación, explicación sobre el curso, y una serie de actividades para conocer como iba a ser todo después Beth estaba en la cafetería almorzando. Quería estar sola, bueno realmente no, pero el tío no se acercó, simplemente se dedicó a observarla desde una mesa apartada de los demás. Había una cosa de la que no se había percatado la otra noche en el parque: iba siempre con colores llamativos, le sentaba bien. Le hacía atractivo. Beth, ¿por qué no dejas de pensar en su atractivo? Céntrate en estudiar, y en hacerlo bien, no quieres volver a cagarla. No quieres sufrir más. Se decía a sí misma mientras miraba al plato.
Cuando volvió a mirarle ya no estaba, ¿pero por qué desaparecía siempre?
- ¿Qué tal la comida, pequeña? – Su voz. ¿Cómo habría llegado hasta ahí sin que se diera cuenta?
- No me llames así.
- ¿Por qué estás siempre a la defensiva? – Dijo mientras se sentaba a su lado.
- No estoy a la defensiva. – Él la miró con una mirada realmente irónica.
- Lo que tú digas… ¿Por qué no quieres que te llame pequeña? ¿no te gusta?
- Es demasiado cariñoso por tu parte, prefiero que me llames por mi nombre, gracias.
- No me lo has dicho.
- No te has presentado. Coges confianza demasiado rápido. Como tu bien has dicho ni siquiera sabemos nuestros nombres.
- Me llamo Louis. Encantado. – Dijo tendiéndole la mano, pero Beth la rechazó.
- Yo soy Elisabeth. – Dijo levantándose y cogiendo la bandeja. Quería terminar ahí la conversación, pero el tal Louis no lo permitiría.
- No te vayas, no sé nada de ti.
- Tal vez es porque no quiero que sepas nada de mí.
- ¿Te comportas así con todo el que intenta acercarse a ti?
- No. – Pensó en dejarlo así, pero él le miró como esperando una explicación. – Me comporto así con gente que me observa en un parque, se mete en mi vida y desaparece de repente.
- Creo que te confundes… - No parecía que mintiera, es más tenía cara de no saber de que le estaba hablando. Pero pronto su expresión cambió y comenzó a reír. – Era broma, no desaparecí, simplemente tenía que irme.
- Pues podrías haberte despedido o ni siquiera haber aparecido, te lo hubiera agradecido bastante.
- Lo siento… ¿Contenta?
- Adiós, Louis.
Se alejó, no sabía porqué pero tenía la necesidad de ser borde con él. Un ‘espera’ hizo que se chocara con una chica y le cayera toda su comida encima de la ropa.
- ¿Ves lo que has conseguido? No vuelvas a acercarte a mí.
Tras esto Beth se fue corriendo al baño, tendría que limpiarse antes de que la comida se secara o no podría sacarla de la ropa fácilmente. - ¿Por qué apareció el otro día? Og, le odio. – Alguien entró en el baño en ese momento. Su amiga Lucia.
- He visto lo que ha pasado en la cafetería, ¿estás bien?
- No, Lucia. No es este el primer día de carrera que esperaba.
- ¿Quién es ese chico?
- Un problema con piernas. No sé porqué le ha dado por meterse en mi vida. El otro día me vio llorando en el parque, y desde entonces…
- Espera… ¿llorando por qué?
- Liam… - No pudo evitar soltar una lágrima.
- Oh, mi niña… Ha pasado mucho tiempo.
- Lo sé, pero me prometió tantas cosas que ahora le estará prometiendo a otra... Bueno, basta, volví para empezar de nuevo, pero me está costando mucho. Todo me recuerda a él, incluso el chico este… Cada vez que lo veo recuerdo que me encontró llorando por Liam, y no puedo evitar odiarlo un poco por eso.
- Pues es bastante mono.
- ¡Eso es lo peor! – Se sonrojó. – Me siento atraída por él, pero intento evitarlo. No quiero que vuelva a pasar. No, no estoy preparada. – Dijo entre lágrimas.
- Eh, no llores. Ahora no estás preparada, pero ya lo estarás. – Alguien entró en el baño.
- ¿Podemos dejar esta conversación para otro momento? ¿Te parece si quedamos el Sábado? Tienes que contarme muchas cosas.
El fin de semana no tardó mucho en llegar, Beth terminó de instalarse y aprovechó para decorar el apartamento a su gusto, que aunque estaba alquilada el alquilino se lo permitía. A lo que quiso darse cuenta casi era la hora de que Lucía llegara, así que cogió unos pitillos, sus deportivas y una sudadera blanca, ya que empezaba a refrescar.
De pronto sonó el timbre, aun no estaba del todo lista, pero seguro que Lucía esperaría. Pero no era Lucía la que es encontraba al otro lado de la puerta.
- ¿Qué estás haciendo aquí?