domingo, 7 de abril de 2013

Capítulo 3.


- Repito, ¿qué estás haciendo aquí? – Louis estaba parado en la puerta con cara de perrito abandonado.
- Quería disculparme por lo del otro día. Me hubiera gustado haberlo hecho antes, pero has estado huyéndome desde entonces.
- ¿Y tú no crees que lo hacía por algo? Sigo sin saber qué haces aquí.
- Te lo he dicho, venía a pedirte perdón. ¿Me dejas pasar?
- No.
- Quiero hablar contigo…
- No.
- Por favor… - ‘¿Este chico no se daría por vencido nunca?’ – No voy a irme hasta que no me dejes pasar…
- Pfff… Pasa anda, pasa.
- Gracias. – Dijo con una amplia sonrisa.
- Bueno y una vez aquí, ¿qué querías?
- Hacer las paces contigo.
- Hechas. Ya te puedes ir.
- ¿Por qué eres así siempre?
- ¿“Así” cómo?
- Borde.
- Quién sabe.

Quería que terminara esa conversación cuanto antes, ¿es que no se daba cuenta? Además Lucía estaba a punto de llegar, ¿qué pasaría si los viera juntos y en su casa? Lucía era muy mal pensada.

- Beth, en serio, quiero que nos llevemos bien, pero no me lo pones nada fácil.
- Mira, la verdad es que no sé porqué soy así contigo, no tengo nada en tu contra… Pero algo me hace portarme así.
- ¿Pero por qué? Algo te haría…
- Me viste llorando por mi ex. – Su cara fue un cuadro, no entendía que tenía eso que ver. – Quiero olvidarme de él, pero cada vez que te veo me acuerdo de que te conocí en un mal lugar. Que no debería haber sido así. Es raro, lo sé, pero sé que eso no es algo bueno para nuestra relación.
- ¿Me estás tomando el pelo? – Hubo un silencio incómodo. – Lo único que intenté era animarte, estabas diciendo que eras una idiota por un gilipollas que te dejó escapar. Definitivamente el idiota es él, yo nunca… - Le cogió la cara para que le mirara a los ojos. – Nunca te dejaría escapar.

Beth sentía que se moría en ese momento, no podía decirle eso con esos ojazos azules mirándole tan fijamente y quedarse tan tranquilo. Una sonrisa tímida se le escapó.

- Eso es lo que quiero. Que sonrías. Tienes una sonrisa preciosa, Beth. – Louis se le acercó, tal vez demasiado, sus labios estaban a pocos centímetros, pero Beth se apartó.
- ¿Qué pretendes con esto?
- Beth yo… Lo siento. – Dijo levantándose del sofá, quería huir de la situación, eso estaba claro. ¿Iba a dejar Beth que se fuera sin más?
- ¡Espera! No te puedes ir así sin decir nada…
- Eh… Me gustas..., me gustas desde el día que te vi tirada en el parque llorando por ese tío. – Louis se alejó un paso, era la primera vez que lo veía de verdad incómodo. - No quiero que pienses que soy muy lanzado, porque realmente no lo soy, pero contigo es diferente, sé que eres especial, y soy capaz de esperar a que sientas algo por mí.
- Espera, espera, espera. Yo… ¿te gusto? – Beth no terminaba de creer todo lo que había escuchado.
- Pues claro, eres preciosa, tienes unos ojazos y tu sonrisa podría enamorar a cualquiera.
- Pues yo no lo creo así…
- Eso es porque eres un poco borde e intimidas, hay que tener valor a conocerte. Y yo soy capaz de muchas cosas.
- Louis, yo… me gustas, pero no creo que pueda… Siento que no estoy preparada todavía.
- Tranquila, pequeñina… Esperaré lo que necesites.

El móvil de Beth vibró de repente, era Lucía y le dijo que no podría pasarse ese día, así que Beth decidió pasar el resto del día en su casa con Louis. Empezar de cero, hacer las paces. La verdad es que cuanto más tiempo pasaba más le gustaba, pero seguía sin estar segura de que fuera a funcionar, quería pensar, quería esperar, quería conocerle y darse cuenta de que valdría la pena. Llegó la hora de la despedida, se abrazaron y se quedaron otra vez a centímetros, bueno a lo mejor esta vez era algo menos que centímetros. Y se fue, así, sin más, podría haberla besado pero se fue.

No hay comentarios:

Publicar un comentario