jueves, 31 de octubre de 2013

Especial Halloween.

La noche del 31 de Octubre los chicos decidieron organizar una fiesta de disfraces con la intención de celebrar la noche de los muertos vivientes. Personalmente a mí no me apetecía demasiado celebrar nada. Empezaba la cuenta atrás, me encontraba realmente mal y no tenía la cabeza para fiestas, pero Harry terminó convenciéndome.
—Tienes que animarte un poco, Trouble, verás como te lo pasas bien, dijo cuando le insinué que podía ir él y pasárselo bien por mí. Según mis cuentas no pasaría de esa semana, de hecho no debería haberlo hecho. Suspiré.
—Está bien—rodé los ojos—, iré a la dichosa fiesta—Harry sonrió y me besó.
—¡Te quiero tanto!
—Más te vale, Styles. 
Cogió el móvil, y marcó un número. Supongo que estaría llamando a Zayn para decirle que sí que iríamos, ya que la fiesta era en su casa. Cientos de desconocidos disfrazados no era algo que me entusiasmara en ese momento. Esa era otra, la fiesta era de disfraces, ¿qué se supone que iba a ponerme? Miré en el armario frustrada intentando encontrar algo que pudiera servirme par dar miedo, o al menos intentarlo, pero fue inútil. Lo único que encontré fue un vestido negro corto con el que, según Harry, estaba de miedo, pero no creo que fuera en ese sentido... Aunque bueno, menos da una piedra, ¿no?
Decidí que podía romper unas medias y ponerme unos tacones, pero me faltaba algo. Así simplemente podía parecer que había tenido un mal día. Cogí las llaves dispuesta a salir para comprar algún tipo de complemento, pero Harry me paró.
—¿Dónde crees que vas, pequeña?—Puso los brazos en jarra, divertido.
—Tendré que disfrazarme de algo o qué...
—Te acompaño—. Cogió la chaqueta y se la puso.
—No hace falta.
—No vas a ir sola, Trouble—Me advirtió.
—¿Por qué no?
—Porque no estás bien, ¿y si te pasa algo? No pienso arriesgarme.
—¿No puedo ir sola a comprar pero sí a una fiesta?
—Exactamente. No voy a dejarte sola. En la fiesta si te encuentras mal nos vamos y ya está, ¿pero si te pasa sola y te desmallas o algo? Ni hablar, te acompaño.—Rodé los ojos. Maltido y sobreprotector Harry Styles. Además yo no quería que supiera de qué iba a disfrazarme. Nuevamente, me había chafado el plan.
Cogió las llaves del coche y me dio la mano. Harry a veces era tan absurdo y otras tan responsable que me ponía algo nerviosa, pero en cierto modo tenía razón. Si me pasara algo estando sola... No quería ni pensarlo.

[…]

Después de comer en el centro comercial volvimos a casa a descansar algo antes de la gran fiesta de Halloween. Estaba seguro de que Trouble estaría preciosa con su disfraz, bueno, ella estaba preciosa se pusiera lo que se pusiera, a pesar de estar más pálida y tener más ojeras que de normal. «Al menos ahorrará en maquillaje», intenté quitarle hierro al asunto.
Nada más llegar Trouble se tumbó en el sofá y se quedó dormida. Adoraba verla dormir, de hecho no hice otra cosa en toda la tarde. Me senté a su lado y comencé a acariciarle el pelo. Sé que le encantaba que le hiciera eso, le relajaba. Intenté dejarle dormir lo máximo que pude, pero ya iba siendo hora de que se despertara.
—Trouble, despierta... —Susurré zarandeándola débilmente.
—¡Hmmm...!—Se frotó los ojos y me miró. Sonreí.
—Buenos días por la tarde.
—¿Qué hora es? Preguntó adormilada.
—Las ocho, tenemos que arreglarnos—Gimió y se tapó la cabeza con la manta—. Vamos, no seas mala...
—No soy mala—se sentó y apoyó la cabeza en mi hombro—, pero podemos quedarnos en casa...
—Se lo prometimos a Zayn—Me besó el cuello.
—Lo sé...—Siguió besándome—, pero también podríamos...—Se puso a horcajadas sobre mí. Qué peligro tenía recién despierta...
—Nena, no me tientes—Me puse de pie con ella aun sobre mí y la dejé en el suelo—A vestir—Le di un cachete en el culo y gruñó entredientes. Mi pequeña, como la quería...
Una hora y media después estábamos aparcando el coche en casa de Zayn, yo con mi disfraz de vampiro y Trouble con su disfraz de bruja sexy...
—No termina de convencerme tu disfraz, eh. —Me quejé cuando salimos del coche—Ese vestido es muy corto y esta bruja es mía.—Sonrió cuando la abracé por la cintura.
—¿Y usted Señor Drácula? No sé a quién pretendes hincarle del diente esta noche, querido.—Sonreí.
—Yo sí lo sé.—Intenté besarle pero se apartó.
—Antes de besarme tendrás que quitarte eso que llevas en la boca.
—Vamos, no seas rancia. Mis colmillos son guays. Lou me ha enseñado a ponérmelos. —Rodó los ojos y me besó.—Te quiero, pequeña.
—Yo a ti no, pero me sacas de fiesta.
Rió y se dirigió hacia la puerta.
—¡Te dejas algo, brujita!—Grité cogiendo su sombrero del asiento del copiloto. Cuando vino a por él, lo sostuve en el aire lo suficientemente alto para que no lograra alcanzarlo.
—¡Dámelo! —Gritó mientras saltaba.
—No es culpa mía que seas tan bajita—Le reté.—Págame.
—Te echaré un conjuro—Me miró con los ojos entrecerrados.
—Hace tiempo que me hechizaste—Se le ablandó la mirada y me besó desesperada—. Vamos anda—Le puse el sombrero en la cabeza y le cogí de la mano.
—¡Wow! La pareja del año acaba de llegar a la fiesta—Gritó alguien. Los chicos se acercaron a saludarnos.
—¿De que vas, Soff?—Preguntó Louis.
—Voy de bruja—Dijo como si fuera evidente, que por otro lado, sí lo era.
—Ya decía yo que me parecía que no ibas disfrazada. —Sonrió malicioso.
—¡Idiota!—Louis se acercó a darle un beso en la mejilla pero ella dio un paso atrás— ¡No te me acerques, zombie!— Así es, Louis y Niall eran un par de zombies, Zayn una momia y Liam iba de Batman, ¿nadie le había dicho que era Halloween y no una simple fiesta de disfraces?
—Te quiero comer el cerebro.—Bromeó Louis.
—Estoy segura de que es el único cerebro que encuentras por aquí—Nos señaló.
—Qué sobrada vienes hoy, ¿no?—Dijo Niall.
—Está claro que se ha disfrazado de Bruja Mala. —Bromeó Zayn.
—¿No se supone que no iba disfrazada?—Dijo ella alzando una ceja.
—Touche. —Murmuró Liam.
—Mira que sois idiotas—Rió—. Voy a saludar gente.
Y se perdió entre una masa de gente. Los chicos a su vez volvieron a lo que estaban antes de que llegáramos, así que fui a servirme algo para beber, sin alcohol, ya que tenía que conducir de vuelta.
—Está preciosa— Murmuró Zayn a mi lado.
—Mucho—Miré hacia donde estaba hablando y sonriente con un par de chicas que conoció no hace mucho en un bar, eran viejas amigas nuestras—. No puedo creer que vaya a perderla...
—No lo pienses, tío.
—Tanto ella como yo tenemos la sensación de que va a irse antes de que podamos darnos cuenta—Le di un trago al ponche—. No estoy preparado para eso.
—Ni yo. Es demasiado increíble para que nos la quiten.
—Cuando estoy con ella siento que el mundo se me escapa entre las manos, Zayn. Desearía detenerlo, más de lo que puedes imaginar, porque sé que está contra nosotros. Ha empezado la cuenta atrás y el cronómetro va demasiado deprisa para mi gusto—Me puso una mano en el hombro para animarme.
—Pero ella está bien, mírala. Si no lo estuviera no habría venido—Negué con la cabeza.
—Ella ha venido porque yo se lo he pedido, es demasiado buena.
—Ve con ella. Te necesita.
Así lo hice. Esa noche teníamos que aprovecharla y disfrutar, pensar no me serviría de nada. Trouble estaba conmigo entonces y eso era lo único que importaba.
Dos horas después Trouble me pidió que volviéramos a casa ya que estaba cansada. Cuando llegó comenzó a besarme bruscamente. Estaba desatada.
—Harry, hazme tuya.
—Trouble, estás cansada, tienes que descansar...
—Por favor—Rogó. En sus ojos pude ver cómo estaba completamente segura de que era la última vez que podíamos hacer algo así y aunque no quería pensar en ello, no desperdiciaría la oportunidad de sentirla una vez más.

domingo, 27 de octubre de 2013

Capítulo 26

«Ella no es mi novia. Ella no es mi novia. Ella no es mi novia», esa frase se repetía en mi cabeza una y otra vez. Estaba claro que a lo tenía que enfrentarme era a comprobar como se avergonzaba de mí. Ilusa. Pero si no me quería, ¿a que había venido el numerito absurdo de celos que acababa de montarme? «Está libre». Ahora cobraban sentido muchas cosas.
Me paralicé y no pude decir nada hasta que Louis se dio la vuelta y nos vio a Avril y a mí detrás de él. Yo no dije nada, simplemente me di la vuelta y me dirigí hacia dentro nuevamente. Me quería ir de allí. Eso perdía sentido por momentos y yo ya no me sentía bien recibida en ningún sitio. Cogí el bolso, tenía las llaves del coche pero tendría que esperar a que me llevara Louis a casa porque no sabía volver. Maravilloso.
—Hope—Me paró Avril—¿Estás bien?
—¿Qué mas da?—Hice una mueca—Siento todo esto, Avril. Ha sido un placer volver a verte. Si ves a Louis pregúntale si al menos va a dignarse a llevarme a casa. Me quiero ir.
Me senté en el asiento del copiloto y me puse los auriculares. No quería oír nada. No quería hablar con él. No quería nada. Solo que dejara de reírse de mí. Me sentía absurda. Me sentía humillada de nuevo. Había confiado en él..., me había entregado a él y así me lo pagaba. Cuando le vi acercarse aparté la mirada.
—Hope...
—Llévame a casa.
—Hope, lo he hecho por ti—Ya claro.
—¿Puedes hacer algo más por mí?—Le miré—Llévame a casa y olvídate de que existo.
—No es lo que crees...
—Yo ya no creo nada— Miré de nuevo por la ventana y sonreí forzadamente—. Nunca debí creer nada...
—Hope...
—Solo quiero irme a casa. Si no me llevas tú conseguiré otra forma de volver, ¡pero quiero irme a mi puta casa!
—Te juro que tiene explicación...—Dijo arrancando el coche.
—No me mientas más. Te has estado riendo de mí desde el principio.
—No. Yo...
—Tú también te avergüenzas de mí y yo me creí tus absurdas palabras de amor. Es eso lo que haces con todas, ¿no? Les dices que son especiales... que les quieres y caemos todas. ¿Cómo he sido tan estúpida de no darme cuenta antes?—Comencé a llorar—. ¿Desde hace cuánto tienes el discurso preparado?
Él no dijo nada. Solo tenía la mandíbula apretada. Lo último que recuerdo es un frenazo de repente. El resto es doloroso y oscuro.

[…]

No pude evitarlo. El maldito kamikaze se abalanzó sobre nosotros antes de que pudiera darme cuenta. Y para cuando lo hice ya era tarde.
El coche volcó varias veces, y la luna te fragmentó en trozos que saltaron hacia nosotros. Lo último que sentí fue un dolor abrasante en la cabeza.
Los párpados me pesaban, la luz me molestaba y apenas podía distinguir la formas que había a mi alrededor.
—Está despertando...—Dijo alguien—¿Cómo te encuentras, Louis?
—Me duele muchísimo la cabeza...—Murmuré— y al respirar...
—Te diste un fuerte golpe en la cabeza y llevas fisuradas dos costillas, pero no es grave. En dos días estarás como nuevo.
—¿Cómo está Hope?
—Ella...
—¿¡Qué le ha pasado!?
—Las siguientes 24 horas son críticas. De momento no ha respondido como esperábamos a las pruebas a las que ha sido sometida. Aun no ha despertado.
—Pero lo hará, ¿verdad? Tiene que hacerlo. Ella es fuerte.
—Es pronto para eso... Habrá que esperar.
—Quiero verla—gemí—, por favor, dejadme verla.
—No puedes levantarte ahora, Louis... Te dolerá.
—Me da igual cómo sea. Quiero verla.
—Usted no lo entiende, ¿verdad? Necesito comprobar con mis propios ojos cómo está. Necesito ver que está bien y no le va a pasar nada por mi culpa. ¡Lo necesito!
—Es tarde y ambos necesitáis descansar. Mañana la verás—Dijo antes de abandonar la habitación.
—Lo necesito...—Susurré.
Me picaban los ojos. Tenía ganas de llorar, de golpear algo... pero no podía. Nunca he sido muy de llorar... pero esto me superaría. Todo fue un maldito malentendido. Hope es muy impulsiva y llegó en un mal momento. Lo que oyó no era lo que ella creía, pero como de costumbre ella siempre creía llevar la razón y no me dejó explicarle nada. Lo que me dijo me puso nervioso y...
Estaba grave por mi culpa. No podía pasar nada. No podía permitir que nadie saliera mal parada por mi culpa. No de nuevo. No ella.

sábado, 26 de octubre de 2013

Capítulo 25.

Veinte minutos después de que llegáramos hicieron entrada al restaurante los novios. El vestido de Victoria era realmente precioso. Era era un sencillo vestido de tirantes y escote en V, a ser verdad me gustaría casarme con uno de esos algún día. Durante el baile aun pude apreciar el vestido en todo su esplendor. Me encantaba. Louis me dio la mano y me sacó a bailar.
—Es increíble—Murmuró Louis.
—¿El qué?
—Que estés incluso más radiante que la novia—Me sonrojé. Siempre sabía qué decir y en qué momento hacerlo para dejarme sin palabras.
—No mientas...
—No miento, Hope. Mírate, ni siquiera sé cómo he podido dejarte salir con ese vestido de casa.
—Te recuerdo que lo elegiste tú.
—Lo sé..., pero lo quería para mí.
—¿Lo querías llevar puesto?—Bromeé.
—No—Me pasó un brazo detrás de la cintura y me acercó a él—. Lo quería en ti, pero solo para mí. 
—Habértelo pensado antes...—Sonreí maliciosa.
—No sabía que estarían aquí esos mocosos— Dijo señalando con la barbilla a los amigos de James—. No te quitan los ojos de encima. 
—¿Celoso, Tomlinson?
—¿Debería
—Quizás...—Dije molestándole.
—¿Ah sí? 
—El de rizos es mono...—Admití.
—Oh vamos, pero si es como Harry pero en feo. 
—Hala, no es feo...
—Pero seguro que yo soy mejor—Dijo orgulloso.
—No sé, no sé..., tendría que comprobarlo—Alzó una ceja molesto.
—¿A qué te refieres?
—Ya sabes..., para comparar algo hay que probar ambas. Primero tendría que liarme con él y luego ya te lo cuento—. Hizo una mueca como diciendo "ni se te ocurra contármelo" y me soltó.
—Pues venga— Dijo y se acercó a ellos.
—¡Louis!—Grité, pero no me hizo caso. 
—Brad, ¿tú te quieres enrollar con ella?
—¿Cómo?—Preguntó el de rizos extrañado.
—Hazlo, está libre—Comenzó a alejase. 
—No le hagas caso—Dije y fui tras él—. Louis, por favor, no seas infantil, ¿vale? Sabes que solo era una broma.
—No me gustan esas bromas, Hope. Soy celoso, no me gustan que toquen lo mío. 
—Era solo una tontería... No te pongas así—James y sus amigos nos miraban expectantes—. Odio cuando te pones así. 
—¿Perdona? Eres tú la que sale corriendo - y descalza - a la mínima.
—Eso ha sido un golpe bajo. 
—Chicos...—Dijo James a nuestra espalda.
—¿Qué?—Gritamos los dos al unísono.
—No sé a qué viene todo esto..., pero creo que deberíais preocuparos por eso—Señaló uno de los enormes ventanales y pudimos ver prensa y alguna que otra chica emocionada. Mierda.
¿Cómo podían habernos localizado? Estábamos apartados de absolutamente todo. Solo podían haberse enterado si alguien se lo hubiera dicho. Nos miramos el uno al otro preocupados. ¿Y ahora qué íbamos hacer? 
—Iré a buscar a Avril—. A ella se le ocurriría algo que pudiéramos hacer... No quería que Louis evitara a los medios por mí, pero sinceramente no me apetecía que nos estropearan el día, aunque no fuera muy bien hasta ese momento. 
Cuando me acerqué al baño de las chicas vi salir a Tristan, bastante sonriente, que me guiñó un ojo.
—¿Avril?—No respondió, pero sabía que estaba ahí—. Hay paparazzis fuera. 
Nada más decir eso salió del baño, me cogió del brazo y fuimos donde había dejado a Louis, pero él yano estaba ahí. Había salido a hablar con los paparazzis. Avril me miró preguntándose si estaba preparada para salir donde él estaba. Suspiré y asentí. Algún día debía hacerlo. 
Cuando estábamos llegando oí algo que me destrozó por completo y que no esperaba oír nunca.
—Ella no es mi novia.

domingo, 20 de octubre de 2013

Capítulo 24.

Íbamos en el coche y, a parte de no encontrar aparcamiento, llegábamos más de media hora tarde.
—Esto es culpa tuya—Me quejé.
—¿Mía?—Preguntó haciéndose el inocente—. Eras tú la que quería repetir.
—¡Mentiroso!—Louis rió.
—Tampoco te he oído quejarte...—Me sonrojé. No podría haberme quejado ni aunque quisiera, ya que Louis, con solo tocarme, podía hacer conmigo lo que quisiera.
—Pero mira que eres idiota, Tommo. Aparca ya.
Dejamos el coche cerca de la iglesia y nos acercamos. Cuando llegamos ya estaban saliendo. Al parecer la boda se acortó más de lo que pensábamos.
—Siento el retraso—Dije cuando vimos a Avril.
—No te preocupes, cariño—Louis me acarició el brazo—Nosotros te queremos así.
—Te la estás ganando...
—Era sólo una broma, amor.
—Uy sí, qué gracioso.—Le di un golpe en el brazo—. Ha sido culpa suya, me ha entretenido. 
—Di que no, que desde que se ha duchado hasta que se han vestido han pasado dos horas.
—¡Pero tendrás morro!—Grité—. No me hables.
—Vamos, nena, no te enfades.
—Que te den.
—Sois como críos, ¿eh?—Se burló Avril—. No os preocupéis, solo os habéis perdido lo típico, al final se han casado—Miró al suelo—, por desgracia...
Le di un abrazo. Sabía que a Avril no le hacía especial ilusión que se casaran pero nunca me explicó el porqué. Cuando levanté la vista vi a un chico rubio mirando hacia aquí pero que no se decidía a venir.
—¿Quién es?
—Tristan—dijo James—, es amigo mío.
—Y mi hermanastro, oficialmente—. Avril hizo una mueca. Algo me decía que lo que le pasaba tenía que ver con él. 
—¿Vamos?—Preguntó Louis poniéndome una mano en la espalda. Sé que estaba nervioso porque no quería que nadie le viera, no quería ser él el protagonista. Además la gente estaba empezando a dispersarse.
—Será lo mejor.
El restaurante estaba bastante más lejos de la iglesia de lo que creería, lo que aproveché para arreglarme el maquillaje. En el coche abundaba el silencio, pero tampoco hice nada para evitarlo.
—Hope...—No dije nada, ya que estaba terminado de retocarme el gloss—. ¿Te has enfadado...?—Le miré y sonreí, ¿podía ser más tierno? 
—Claro que no..., pero sabes que mis cambios de humor muchas veces dependen de esas bromas...—Suspiré— Estoy preocupada por Avril... Sé que algo le pasa..., no sé qué es, pero algo le pasa. Y también creo que tiene que ver con el tal Tristan. 
—Tris es un buen chaval, igual que James, no creo que sea por eso...—Volví a suspirar—. A ti te pasa algo más que eso...
—Nada...
—Hope...—Me advirtió—. Te conozco.
—Crees...—Me interrumpí buscando las palabras adecuadas—. ¿Crees que me dolerá siempre?—Frunció el cejo.
—¿Qué?
—Ya sabes... Hoy me ha dolido... y me da miedo que sea siempre así—Louis soltó una risita—. Gracias por reírte de mí. Olvídalo, será lo mejor.
—No me estoy riendo de ti, pero comprenderás que tiene gracia que te preocupes por una tontería así.
—Igual es que para mí no es una tontería— Miré hacia la ventana.
—Claro que lo es—Dijo mirando hacia la carretera—por supuesto que no te va a doler siempre. Hay gente que se acostumbra antes. Quizás la siguiente vez ya no te duela, o quizás lo haga hasta la décima, pero es normal. Solo es cuestión de acostumbrarse—El coche se paró en un semáforo y yo le miré.
—¿Y si no me acostumbro?—Él sonrió pícaro.
—Oh, nena, haré que te acostumbres—Se acercó a mí y me mordió el labio inferior—. De hecho estoy deseando volver a casa esta noche...—Me guiñó un ojo y siguió conduciendo. Yo no pude quitarme de la cabeza lo que pasaría cuando volviéramos a casa, y para qué negarlo, tampoco quería hacerlo.

sábado, 19 de octubre de 2013

Capítulo 23.

Finalmente acabé comprándome un vestido verde menta que según Louis resaltaba el color rojizo de mi pelo y el verde de mis ojos. A decir verdad un vestido perfecto que me venía que ni pintado. «Es perfecto para ti», dijo con esa increíble sonrisa que me dan ganas de besarle hasta reventar. Como prometió no me vio con el vestido puesto, sino que espero al lado de la caja cuando me lo probé. Chris también estaba de acuerdo con Louis, el vestido era perfecto, y él estaba encantado de comprármelo en esas condiciones, por mucho que yo me negara a ello.
Esa noche me quedé a dormir en casa de Louis, para así arreglarnos e ir juntos a la boda sin perder tiempo. Dejé el vestido sobre la cama y me metí en la ducha. Aun era pronto, por lo que podía entretenerme en un largo y relajante baño caliente. Cuando terminé de ducharme Louis aun no había entrado en el dormitorio por lo que supuse que seguiría en la cocina desayudando. Era tragón como él solo a la hora del desayuno. No sé cómo podía comer tanto. A diferencia de él, era raro en mí el día que me tomaba más de una tostada después del café. «El desayuno es comida de reyes», había dicho con la boca llena de bacon el día que me extrañó que aun no hubiera reventado. 
Salí de la ducha con la toalla alrededor el cuerpo y otra recogiéndome el pelo. Al menos sin Louis revoloteando por ahí tardaría bastante menos en arreglarme, pero a lo que quise darme cuenta me rodeó la cintura con el brazo y comenzó a darme besitos en el hombro. 
—Mmm... estás suave—susurró en un ronco gruñido que me hizo estremecer—, te deseo— Continuó dándome besos haciendo que me dieran escalofríos.
—Hmmm...—Gemí—, no pod... podemos—No me gustaba eso de que fuera la única persona capaz de hacer que perdiera el control sobre mí misma.
—Tenemos tiempo...—Me dio la vuelta y me besó violentamente— aun no te he visto con el vestido puesto y ya quiero quitártelo—Me sonrojé.
—¡Louis!
—Tienes razón, vayamos despacio—Me tumbó con cuidado en la cama y dejó el vestido sobre la silla—La primera vez fui demasiado brusco... Tengo que compensarte por ello—Sonrió y me besó. La primera vez estaba tan rota que ni siquiera había sentido que era la primera vez. Para mí fue una especie de curación. Quizá si había sido algo más basto de lo que se espera de una primera vez, pero tampoco pretendía que fuera como en las películas. Para mí significó más de lo que él podía imaginar, eso lo hacía especial—. No iba a presionarte para que volviéramos a hacerlo..., pero no puedo verte así e ignorar las ganas de devorarte que se encienden en mi interior— Se quitó la camiseta y comenzó a besarme el cuello hasta que bajó al nudo de la toalla. Levantó un poco la cara y me miró esperando a que diera la aprobación necesaria para que se deshiciera de lo que me cubría. Simplemente asentí. No podía hablar, solo sentir. 
Esta vez no fue como la anterior. Yo le necesitaba, pero no de la misma forma. Simplemente le necesitaba por todo lo que me hacía sentir, no porque tuviera que demostrarme nada. Solo necesitaba el contacto de su piel desnuda contra la mía, sus labios, sus caricias. Simplemente el placer de sentirle pegado a mí, a pesar de que aun hubiera una capa de tela que nos separaba. 
Para mi sorpresa esta vez dolió más que la primera. No sé porqué, quizás era cierto que aquella vez estaba tan rota como para sentir cualquier tipo de dolor físico y lo único que pude sentir fue su amor. Ahora parecía que ya me había acostumbrado a su amor, pero me costaría acostumbrarme a él en mi interior.
—Shhh... —Me quitó las lágrimas de los ojos, ni siquiera me había dado cuenta de que estaba llorando. ¿Por qué me dolía si ya no era virgen?— Si pudiera evitarlo...—Él se mantuvo quieto durante un rato—. ¿Estás mal? ¿Quieres que me aparte?
—¡No!— Parecía desesperada, pero a pesar del dolor no podría soportar que se alejara ni un milímetro de mí. Louis me dio un beso en la cabeza y se movió lentamente cuando consideró que era oportuno. Sorprendentemente el dolor se esfumó casi por completo dejando una sensación de lo más gratificante. Él sonrió cuando mi gesto se relajó y volvió a introducirse en mí. 
—Tranquila, nena, es normal que te duela al principio—. Susurró. Ya no me dolía, de hecho me mataba que fuera tan despacio. Le rodeé con las piernas y le apreté más contra mí—. Tranquila, fiera— Louis rió y me mordió el labio—, no incites algo a lo que no puedes enfrentarte. 
—Pues ve más deprisa— Rogué. 
—No— Había bajado sus labios hacia mi cuello y le noté sonreír contra este—con calma. Además si llegamos tarde no pasa nada, nos perderemos la parte coñazo— ¡Hostia, la boda! Se me había olvidado por completo. Louis siempre conseguía enredarme, con sus cantos de sirena. Intenté quitarle de encima pero me lo impidió de una envestida—. ¿Dónde crees que vas?— Sonrió con suspicacia.
—La boda. Nosotros... —Me calló de un beso. 
—Tenemos tiempo. Déjate llevar, Hope.

jueves, 17 de octubre de 2013

Capítulo 22.

El jueves antes el concierto de los chicos, en el camerino de estos, me encontré con una vieja amiga. Avril. De pequeñas veraneábamos juntas, eramos inseparables, pero por alguna razón que desconozco nuestros padres perdieron el contacto y, con ello, nosotras.
Lo que menos pensaba que fuera a ocurrir esa noche era que me invitaran a la boda de Victoria. Jamás creí que volvería a verla y menos de blanco pasando por un altar. Ella era alta, guapa, caprichosa. Cada verano tenia un 'amigo' diferente. Al parecer había encontrado al indicado, aunque a su hija no le hiciera micha gracia todo aquello. Tendría que explicarme eso.
—¿Estás segura de que quieres que vaya?—Preguntó Louis cuando nos quedamos solos.
—Claro, amor, ¿por qué no?
—Bueno, ya sabes... No me gustaría estropearla. Si alguien se entera me convertiría yo en el protagonista, y no quiero eso. Es su día.
—No te preocupes por eso, Lou. Seremos discretos—. Me acerqué y le rodeé el cuello con los brazos. Él hizo lo propio con mi cintura—. A no ser que no quieras ir, claro...
—¿Por qué dices eso?
—Porque acabamos de empezar y ya te invitan como mi pareja a una boda... No sé, no es lo normal.
—Bueno, yo no soy normal—. Me besó la nariz—. Además, no permitiría que nadie que no fuera yo te acompañara. Tú eres mía, nena.
—Tonto—. Reí.
—Pero me quieres.
—Para nada...—Él abrió mucho la boca haciéndose el ofendido.
—¿Cómo que no? Eso me ha dolido—. Hizo un puchero, haciendo sobresalir su labio inferior. Cosa que aproveché para besarle.
—Te quiero muchísimo—. Sonrió ampliamente.
— Entonces, ¿qué vas a ponerte?—Buena pregunta.
—Ya lo verás, es una sorpresa.

[…]

Al día siguiente le dije a Chris que me acompañara de compras. Cosa que le extrañó, ya que suelo huir de las compras. Pero realmente lo necesitaba. No tenía absolutamente nada que ponerme.
—No me puedo creer que me haya perdido todo eso en una noche. Maldita cena familiar.
—¿Cómo fue la cena?
—Como siempre —Chris hizo una mueca—, mi padre acabó discutiendo con mi abuela, ya sabes que entre suegra y yerno nunca ha sido demasiado agradable la relación y mis primos y mi hermano pasaron la noche haciéndome rabiar. No soporto a esos niños cuando se juntan.
—A todo esto... ¿os dijeron el por qué de la cena familiar en un jueves?
—Mis tíos van a tener otro bebé— Chris suspiró— solo espero que sea una niña...
Nos recorrimos el centro comercial durante horas y no encontraba nada que fuera lo suficientemente bueno para llevarlo en la boda. Me senté en un banco de piedra y le di el último sorbo a mi granizado. Estaba agotada, y lo único que me apetecía era volver a casa.
—Me rindo — Bufé tirando el vaso del granizado a la palera cercana al banco— Me temo que tendré que ir a la boda en vaqueros—.
—Jamás. Aun tenemos tiempo, Hope. Vamos a encontrar el vestido perfecto—. Chris me cogió del brazo y me llevó arrastras hasta la única tienda del centro que no habíamos pisado.
—Esta tienda es carísima, Chris. No puedo permitirme nada de lo que haya aquí.
—Pero él sí— Chris había llamado a Louis y él había acudido encantado.
—No, no, no. ¿Louis que haces aquí?
—Chris me ha llamado diciendo que no sabías qué comprarte, y he decidido regalártelo yo.
—No... yo... No puedo aceptar eso. Además no quería que me vieras con el vestido hasta mañana.
—Hagamos un trato. Yo lo elijo, tú te lo pruebas y si te gusta como te queda te lo compro. Prometo no verte con el vestido puesto hasta mañana.

domingo, 13 de octubre de 2013

Capítulo 21.

No podía creerlo. Estaba bien, estaba a gusto, estaba entre sus brazos. Jamás pensé que me sentiría tan cómoda estando con alguien, completamente desnuda. Incluso sin muñequera. Realmente eso me daba más vergüenza que la falta de cualquier otra prenda, pero las simples palabras de Louis me hicieron verla como otra parte de mi cuerpo, como si no debiera avergonzarme de ello.

- Parejita, ¿habéis terminado? - Al parecer Chris seguía en casa. Me quería morir. Miré a Louis que estaba mordiéndose el labio para evitar reírse. Me puse lo primero que cogí, que casualmente era la camiseta de Louis, (le robaría el armario), y salí de la habitación. 

- Lo siento, Chris. - Me ruboricé. - ¡Qué vergüenza! 

- No pasa nada, mujer. - Río. - ¿Cómo ha ido? - Preguntó. Me sentía algo incómoda en ese momento. Me había olvidado completamente de que ella estaba fuera, en cuanto Louis empezó a besarme.

- No soy capaz de describir cómo me hace sentir... - Suspiré. - ¿Crees que hago bien intentándolo?

- Creo que tienes que intentarlo sí o sí. Mírate, estás radiante.

- Nunca me he sentido así. - Estaba feliz. Me sentía en una nube, feliz, como si estuviera volando alto sin miedo a la caída. Es más, ni siquiera quería pensar en la caída.

- Voy a irme para que estéis solos. Aprovéchalo. - Me dio un beso en la mejilla y bajó corriendo las escaleras. Al instante pude oír como se cerró la puerta.

Louis salió de la habitación en vaqueros y con el torso desnudo ya que yo llevaba su camiseta, y se acercó a mí a darme un beso en la mejilla.

- Eres preciosa. - Susurró.

- No mientas, Tommo.

- No miento. - Sonrió. - ¿Dónde esta Chris?

- Se ha ido...

- ¿Y tu padre?

- Trabajando hasta esta noche. - Hice una mueca.

- Perfecto, hoy comes conmigo. - Me dio un ligero beso en los labios y se alejó. - ¿Te gusta la comida china? - Gritó desde la habitación.

- Sí, ¿vas a cocinar? - Cuando entré en la habitación vi a Louis sentando en la cama con el móvil en la mano y mirándome como diciendo: «¿En serio, Hope? ¿Cocinar yo?»

Una hora después estábamos dispuestos a comer. Pero no como cualquier persona normal, sentados en sillas alrededor de una mesa, no. Nosotros nos sentamos en el suelo apoyados en el sofá.

El suelo estaba repleto de los platos típicos asiáticos: fideos, shushi, tempura, cerdo agridulce...

- ¿Esto qué es? - Pregunté intentando coger un trozo de algo que se me estaba resistiendo.

- Ternera con salsa de almendras y zanahoria. - Hice una mueca cuando finalmente la ternera acabó sobre mí mandando la camiseta de Louis. Este empezó a reírse a carcajadas.

- Eso ha sido muy gracioso.

- Oye... - Me quejé. - Me estoy planteando seriamente comer con las manos.

- Mira cómo te has puesto. - Seguía riendo.

- Sí, tú ríete, pero la camiseta es tuya... Tienes suerte de que esta mañana me haya llevado otra.

- Al final te vas a quedar con mi armario...

- No me tientes. - Dije limpiando la camiseta con una servilleta.

- No te apañas con los palillos, ¿eh?

- No suelo ir al chino... He perdido la práctica.

- Ven. - Cogió del plato un trozo de ternera y lo llevó a mi boca. - ¿Ves? No es tan difícil.

A partir de entonces Louis se dedicó a darme de comer todo el tiempo a la par que comía él. En una de esas aprovechó para mancharme la nariz con salsa agridulce. «Estás muy mona», dijo entre risas antes de que me ayudara a limpiarme. Era idiota, completamente idiota, pero era la única persona capaz de hacerme sentir bien en cualquier momento. Él era la única persona que me hacia olvidar mi pasado y mis complejos. La única persona que me hacía sentir atractiva, incluso con la nariz manchada de salsa agridulce.

Instintivamente me miré la muñeca. Era la primera vez en muchos años que no llevaba la muñequera. Se habría quedado en la cama. Y a decir verdad, no me sentía en absoluto expuesta a pesar de no llevarla. Al contrario, estando con Louis me sentía de lo más segura.

- ¿Te han dicho alguna vez que eres perfecto?

- Puede sonar egocéntrico, pero me lo dicen prácticamente a diario. Pero por supuesto que no lo soy, tengo muchísimos errores, como cualquier otra persona. Solo soy un chico normal y tú deberías saberlo. - Y lo sabía. Realmente cuando estaba con él no pensaba en ningún momento que era tan famoso como lo era. Por suerte, sino sería algo incómodo.

- Puede que tengas tus fallos... pero para mí eres perfecto.

sábado, 12 de octubre de 2013

Capítulo 20.

Pensé en salir directamente solo cubierta con una toalla y el pelo húmedo. Pero no ayudaría a superar lo que había tenido en la mente momentos antes. Asco. Busqué en el armario lo primero que cogí, que cubriera lo suficiente de mí, sin ser excesivo para el mes de agosto.

- ¡Que me dejes subir, maldita sea! - Le oí gritar mientras subía las escaleras. Abrió la puerta violentamente y paró en seco al verme.

- ¿Louis...?

- Hope... - Se aclaró la garganta, mientras se recolocaba un maldito mechón de cabello castaño que caía sobre sus hermosos ojos claros. Cerré los ojos levemente y él se acercó a mí. - Yo... Solo quería... Quería saber cómo estabas. Te has ido muy...

- Louis, yo... estoy bien. - Intenté sonreír. - Solo me he ido.

- Descalza, y con mi camiseta. - Alzó una ceja interrogativo.

- Sí...

- Dime qué te pasa, Hope. ¿Qué he hecho? - Hizo una mueca, lo cual me destrozó el corazón. Él no había hecho nada malo. Era todo culpa mía, pero me parecía muy típico: "No eres tú, soy yo. Tú eres increíble" y a pesar de que era cierto no iba a decirle eso.

- No has hecho nada, Louis... - Me temblaba el labio. No quería llorar. Me sentía ridícula. ¿Llegaría a entender como me siento si se lo explico? Suspiré. Posiblemente no. De todas formas no iba a hacerlo, seguro que pensaría que soy tonta o algo así.- Todo lo contrario...

Me besó y me perdí. ¿Resistirme? No podría mucho más. Chris tenía razón, él era lo que siempre había estado buscando. Yo también merecía amor, ¿no? A pesar de que se hayan encargado de hacerme creer que no. Louis quitó el pelo húmedo de mi cuello y besó cada recoveco de este, y yo me dejé hacer. En sus brazos me sentía segura. Por primera vez, me sentía segura, me sentía querida. 

- Déjate amar, Hope. - Susurró contra mi cuello.

- Yo... sí. - No dije nada más, no podría. Me venían toda case de pensamientos. ¿Qué pasa si no salía bien? ¿Y si volvía a salir herida? No podría volver a soportar que alguien a quien amo se fuera de mi vida de nuevo, por eso no podía permitirme amar a nadie, no demasiado. Pero era tarde. Louis había conseguido enamorarme por completo. Sufriría tanto si me aparto de él por voluntad propia como si no. ¿Qué perdía por intentarlo? Me hacía sentir a gusto conmigo misma, como nadie había conseguido hacerlo. 

Me tumbó sobre la cama y se puso sobre mí. Separó mis piernas con la suya y se puso entre ellas, aun completamente vestidos. Dejó de besarme, esperando a que le diera mi aprobación o me negara, pero yo ya no podía pensar en otra cosa. Solo necesitaba que me demostrara que me amaba, que podía confiar en él. 

- ¿Estás segura? Igual no debería...

- Shhh.. - Le rodeé el cuello con los brazos y acerqué su boca a la mía. - Por favor.

Poco a poco comencé a sentir sus manos por todas partes. Caricias, besos, susurros. Quería que formara parte de mí. Y cuando por fin lo hizo me sentía completa, me sentía feliz. Me sentía...

- Te quiero. - Susurró abrazándome contra su pecho. 

*Narra Louis

Adoraba estar así con ella. Sentirla sobre mi pecho era una de las mejores sensaciones que existían. La estreché contra mis brazos y aspiré su aroma.

- ¿Hope? - Murmuré.

- ¿Hmmm?

- ¿Por qué siempre llevas una muñequera en el brazo derecho? - Me miró, pero no levantó la cabeza de mi pecho.

- Eso solo una mala costumbre. - Dijo, pero sabía que era mentira. Arrugaba la nariz cada vez que mentía.

- Sé cuando mientes. - Se incorporó y yo junto a ella. Miró su muñequera como si estuviera planteándose si contarme la verdad. Puse la mano sobre ella. - Si no quieres contármelo no lo hagas, pero dilo y no me mientas.

- No. - Dijo quitando mi mano de su brazo. - Creo que... tienes derecho a saberlo.

Se quitó la muñequera y pude comprobar que era lo que pretendía. Esconder un pasado. Una cicatriz.

Pasé los dedos sobre ella con delicadeza pero no me lo impidió.

- Cuando mi madre murió - Miraba cada uno de mis movimientos sobre ella -, creí que ya no me quedaba nada más. Se metían conmigo en clase, decían que mi madre prefería morir a seguir a mi lado porque era rara. Decían que no merecía ningún tipo de amor. Y que mi madre estaba mejor muerta que conmigo. - Tragó saliva. - Y yo les creí. Creí cada una de sus malditas palabras. Les odiaba. A todos. Me odiaba a mí misma. Llegué a pensar que quizás tuvieran razón y mi madre no luchó con todas sus fuerzas contra el cáncer. Entonces fue cuando cambié de secundaria a bachillerato. Creí que dejarían de meterse conmigo, que cambiaría de vida. Pero las burlas, los insultos seguían en aumento. Ahí fue cuando conocí a Chris, ella me defendió cuando nadie más lo hacía. Ella me ayudó. Pero aun así no fue suficiente. Un día vi una cuchilla en el baño. Me pedía a gritos que la usara. Que acabara con todo. Y lo intenté. Christall sabía que estaba mal. Tanto que vino hasta a mi casa y casi tira la puerta abajo. Ella me encontró. Débil. Rota. Ella me curó. Ese día estuve a punto de perderla y me avergüenzo tanto de esa cicatriz... Que siempre la escondo. Es horrible.

Le cogí el brazo y me lo llevé a los labios. Le di pequeños besos mientras ella me miraba. Sus preciosos ojos verdes estaban rojos por las lágrimas. Quería hacer algo, que se sintiera mejor. Pero no sabía qué.

- No deberías esconderla. - Dije mientras le quitaba las lágrimas de los ojos. - Ella forma parte de ti. Y es igual de hermosa que tú a pesar de ser una cicatriz. - Sonrió. - Siempre llevaras a Chris contigo. Siempre. Pase lo que pase, ella estará allí desde el día en que te encontró rota como tu dices. ¿Y sabes qué? Debería agradecerle que te hubiera salvado aquella vez. Porque ahora yo cuidaré de ti. Siempre. Y repararé el daño que esos idiotas te hicieron alguna vez.

miércoles, 9 de octubre de 2013

Capitulo especial.

Dedicado a @ManuFanloo porque es su cumple.

Ese día desperté pronto y aproveché para hacer todo lo que tenía atrasado. Tenía la sensación de que iba a ser un buen día. Preparé el desayuno, recogí la casa... Tenía energía. Incluso me dio tiempo para ver las fotos de la Luna de Miel. Nos fuimos a Italia. Sabía que le gustaría, siempre había querido ir, no vi oportunidad mejor que esa. Trouble estaba preciosa, se le veía feliz, como nunca antes. Con su hermosa orquídea azul en el pelo. Tenía que llevarla, en cuando la vi pensé en sus ojos, y en que, en conjunto, sería un hermoso paisaje. «¿Por qué no se levanta ya?», pensé. Me había pegado varias horas viendo fotos y ya era más de medio día. ¿Y si le había pasado algo? No, tío, no pienses en eso.
Fui a la habitación y me encontré lo que más temía. Se estaba apagando.
—¡Trouble!—Grité y me puse a su lado. Estaba arriendo—. Tengo que llamar a un médico.
—No—. Susurró casi sin voz y me agarró de la muñeca—. No merecerá la pena.
—Pero tenemos que saber lo que te pasa y...—Una rota carcajada me interrumpió.
—Sabes lo que me pasa...—Sonrió irónica.
—Te estás mu...—Puso la mano sobre mis labios impidiendo que terminara lo que iba a decir. Me miraba en silencio, pálida, despeinada y con ojeras. A pesar de todo eso estaba completamente seguro de que era la mujer más hermosa sobre la faz de la Tierra. «Bésame», pidió sin decir nada. Y así lo hice. Sus labios apenas podían seguir mis movimientos, pero no podía bajar la intensidad. Estaba hambriento, ansioso, no podían quitármela. No ahora.
—Harry— gimió —, gracias. Gracias por hacerme vivir los mejores momentos de mi vida. Gracias por hacerme sonreír. Gracias por hacerme feliz. Gracias por hacerme sentir viva. Eres posiblemente lo mejor que me ha pasado nunca, y no sé que habría sido de mí sin ti estos últimos meses—Se interrumpió. Al parecer le costaba respirar. Me mataba verla así, sufriendo y sin poder hacer nada—. Gracias a ti me voy a ir feliz. No quiero que estés mal, ni que llores—. Llevó una mano fría a mi mejilla, ya estaba llorando y no podría dejar de hacerlo—. Abrázame—. Le obedecí, no podría negarme a tenerla entre mis brazos. Debía aprovechar ahora que podía hacerlo. Pasé así varios minutos, hasta que me di cuenta que había dejado de oír, que su respiración había disminuido casi por completo.
—No—. Susurré—. ¿Trouble? — No abrió los ojos, pero era consciente, ya que, al menos, sonrió.
—Te quiero—. Dijo con su último susurro.
Habían pasado dos días de su entierro. No podía con mi alma. Todo me recordaba a ella, aunque creía poder verla cuando me diera la vuelta en la cama ella seguiría ahí. Pero no era cierto. Lo único que quedaba era un frío hueco donde, por lo general, solía posarse su cuerpo. Todavía oía a ella. «No quiero que llores», había dicho. ¿Como impedir que las lágrimas brotaran de mis ojos cuando había perdido a la mujer que más había amado en toda mi vida?

domingo, 6 de octubre de 2013

Capítulo 19.

Hablar con Harry no me estaba ayudando en absoluto. Lo que quería que me dijera era qué le podía haber pasado a Hope, y solo se limitó a reírse de mí. 

- Eres una gran amigo, eh. - Ironicé. 

- Lo siento, tío, pero me hace mucha gracia. 

- Si lo sé no vengo... - Gruñí. - Prefería comerme la cabeza yo solito.

- ¿Y qué quieres que te diga? No la conozco tampoco demasiado bien... Solo sé que es algo rarita y que siempre está a la defensiva. 

- Pero algún motivo habrá... 

- ¿Por qué no se lo preguntas a ella y dejas de darme la chapa a mí? Quiero dormir. 

- ¿Sabes qué? Que te den. - Me iba a ir, pero me lo impidió.

- Louis... No te enfades, tío. Yo no puedo ayudarte con esto y me sabe mal que te rayes...

- Para una vez que necesito un consejo tuyo...

- Por eso mismo, te aconsejo que vayas a preguntarle a ella. Te lo aclarará mejor que yo. 

Bufé y me hundí un poco más en la silla de su escritorio. En parte tenía razón, pero ¿qué iba a hacer? ¿Presentarme en su casa, de repente, y exigirle que me explicase que le había pasado, como si fuese un novio histérico? Pues no. Entre otras cosas porque ese no era mi estilo. Pero algo me decía que tenía que preocuparme realmente por lo que había pasado. Algo me decía que era importante, al menos para ella. 

*Narra Hope.

Dejé de llorar, hacía tiempo que necesitaba hacerlo..., y me puse a pensar con claridad en todo lo que había pasado. Louis era demasiado bueno conmigo y yo incapaz de fiarme de la gente. Suspiré.

- Necesito alejarle de mí.

- No tome decisiones precipitadas, Hope. - Dijo Chris. - Él es lo que siempre has querido.

- Por eso. - Murmuré. - Él es demasiado perfecto, yo no lo merezco...

- Pensalo bien, en serio. - Me acaricio la mano y sonrió. - Ve a ducharte anda, necesitas despejarte.

- Será lo mejor... - Me puse de pie y se me quedó mirando extrañada.

- Esa camiseta no es tuya, ¿no? - Miré hacia abajo. Mierda.

- Es de Louis... Y acabo de ser consciente de que he vuelto así a casa. - Moví los dedos de los pies. - Y descalza.

- Joder...

- Sabes muy bien como yo que eso es malo... Estaba demasiado ida para darme cuenta de eso. Joder.

- Tranquila, ¿sí? Ve a la ducha, me quedaré aquí esperándote.

Le di un beso en la mejilla y subí al baño. Me quité la camiseta de Louis, evitando mirarme al espejo y me la llevé a la nariz. Olía a él y a suavizante. Suspiré de nuevo. ¿Qué pasaría si me estuviera enamorando? Sería terrible. Tiré la camiseta al suelo y me hundí bajo el grifo de la ducha.

El agua me caía por el pelo aclarando mis ideas. Lo había decidió. Louis y yo no podíamos ser más que amigos. Si es que aun quería seguir siéndolo cuando supiera cómo era y todo lo que me pasaba. Cerré el grifo, me puse la toalla alrededor  de mi cuerpo y salí de la ducha.

En ese momento sonó el timbre.

- Necesito hablar con ella. - Era Louis.

viernes, 4 de octubre de 2013

Capítulo 18.

*Narra Chris.

Cuando me colgó el teléfono, me quedé algo paralizada. Otra vez no... Le había costado mucho salir de eso. ¿Qué habría pasado? Estaba segura de que Louis la había tratado genial... Era un buen chaval. «Ese es el problema», gritó Hope en mi cabeza.

Salí corriendo hacia su casa y aporreé la puerta un par de veces. Cuando abrió la puerta la estreché entre mis brazos. Estaba temblando, llorando en silencio, tenía las manos frías a pesar de que estábamos en agosto.

- Hope... - Susurré, haciendo que se sentara en el sofá. Estaba débil, podría caerse en cualquier momento. - ¿Qué ha pasado?

- Han vuelto... - Murmuró. - Han salido del maldito espejo...

- ¿Qué...? - Ella miraba fijamente a un punto fijo. Parecía ida.

- Las voces. - Graznó. - Las malditas voces se meten en mi cabeza. Gruñen. Se entrelazan y no logro entenderlas.

- Explícame qué ha pasado. - Hice que me mirara. Había vuelto su vacía mirada. Era un verde apagado. Nada comparado a color que lucía últimamente.

- Louis ha dicho que soy especial, y que le gusto. No puedo gustarle... No puede quererme. Tengo que pararlo.

- ¿Por qué? Déjate querer, Hope. Louis es increíble, él te cuidará.

- Él merece a alguien mejor. - Me miró con lágrimas en los ojos. - No alguien que no es capaz de mirarse al espejo sin darse asco. No a alguien débil, inestable, alguien que ha querido golpear el espejo y...

- No. - Le quité las lágrimas de los ojos y le abracé. - Esa ya no  eres tú. Tú eres fuerte, Hope. Eres valiente. Y necesitas amor.

- Él no va a ayudarme. - Dijo en un susurro. - Él solo miente. Él no sabe como soy. Cuando lo sepa de irá.

- No se irá... Solo ha sido un bajón. Se te pasará...

- Tú no sabes nada. No sabes ni la mitad de la mierda que pasa por mi cabeza. Louis me lo agradecerá.

*Narra Louis.

En cuanto Hope se fue, cogí las llaves del coche y me acerqué a casa de Harry. Recé porque no estuviera con Chris, necesitaba hablar con mi amigo sí o sí.

Anne abrió la puerta sonriente y me invitó a pasar.

- ¿Quieres tomar algo? ¿Un té?

- No gracias, ya he desayunado... - Me pasé la mano por la nuca nerviosamente. - ¿Está Harry?

- Acaba de llegar... Estará tirado en la cama. Sube.

Me sabía mal molestarle. Conociendo a Harry, no habrá dormido mucho esta noche. Pero no lo haría si no lo necesitara realmente.

Entré en su cuarto y, a tientas, subí la persiana. Harry se quejó y se tapó la cabeza con el nórdico.

- Mamá, he dicho que quería dormir...

- No soy tu madre. Lévantate.

- ¿Qué haces aquí, tío?

- Necesito hablar contigo.

- ¿A estas horas? Es muy pronto...

- Son más de las doce. - Gruñí. - Levántate, vago de mierda. - Harry se incorporó maldiciendo entre dientes y me miró con el ceño fruncido.

- Si tu estuvieras como yo, también querrías dormir. - Se llevó una mano a la cabeza e hizo una muerda. - Madre mía, que resaca.

- Haber dormido por la noche.

- No hables mucho... Os fuisteis muy pronto. - Me dedicó una sonrisa pícara. - ¿Qué tal anoche?

- Bien. No hicimos nada.

- ¿Nada de nada?

- Besitos, abracitos... pero nada mas. - Harry estalló en carcajadas. - No te rías, cabrón. - Bufé. - ¿Sabes lo peor? Ni siquiera me importó. Solo quería que se quedara conmigo, aunque fuera así. Pero esta mañana...

- ¿Qué ha pasado?

- Estábamos hablando tranquilamente y se ha ido corriendo.

- ¿Qué le has dicho, depravado?

- Ni siquiera lo sé.

jueves, 3 de octubre de 2013

Capítulo 17.

Especial, ¿hasta cuándo? Por mucho que él le hubiera dicho una vez que era hombre de una sola mujer, tarde o temprano cambiaría de presa. Si ya lo había hecho una vez, teniendo novia, ¿qué reparo tenía en volver a hacerlo de nuevo? Y no podría aguantarlo. No era más ni mejor que cualquier otra chica. Solo una chica normal de un pueblo pequeño. Louis podía conseguir cualquier cosa que pidiera. 

- Yo... - No sabía que decir. No tenía nada más que hacer ni decir, a parte de irme de allí. Volvería a casa y lo pensaría todo sin que él pudiera manipular, consciente o inconscientemente, lo que finalmente decida. - Gracias por el desayuno y eso..., pero creo que debo irme. - Le di un beso en la mejilla y me dirigí a la puerta. Louis me siguió y me cogió suavemente de la muñeca y me frenó. 

- ¿Te llamo luego? - Me pensé dos veces la respuesta antes de contestar. 

- Te llamo yo, ¿vale? - Se encogió de hombros, asintió e intentó darme un beso en los labios que acabó rozando mi mejilla.

Louis me miró desconcertado pero no dijo nada cuando salí de su casa.

Bufé cuando me alejé lo suficiente. No era normal mi cambio tan actitud, es cierto, pero no podía creer lo que acababa de decirme. No por que dudara de su palabra, ni mucho menos. Si no que dudaba de la versión que él tenía sobre mí. Nunca he merecido ni aceptado un trato especial. No era capaz de recibir tanto cariño, y mucho menos de un desconocido como lo era Louis. A pesar de haber dormido en la misma cama, y de sentirme cómoda con él, no sabia nada más de su vida que no fuera contado por los medios de comunicación. De los que, por otra parte nadie podía fiarse.

Estaba hecha un completo lío. Todo estaba yendo muy deprisa. Recordé que la noche anterior Louis había insinuado que empezáramos una relación. No. Tenía que parar eso antes de que fuera demasiado tarde.
Si bien le había dicho que era suya desde el primer beso, cosa que no era mentira, yo no podía iniciar una relación con él. Y menos tan de repente.

Por suerte mi padre trabajaba, así que cuando llegué a casa no había nadie que tuviera que preocuparse por mi humor de perros. Me había despertado feliz, era cierto y pero en el desayuno había empezado a estropearse, y aquel "eres especial" lo había destrozado del todo.

No es cierto. No era especial. Nunca lo había sido.

Subí las escaleras entrando a mi dormitorio. Pero antes de tirarme sobre la cama le di un vistazo al espejo. Aquel trozo pulido de cristal la observaba con una mirada vacía, a la vez que irónica. Observé lo que el espejo me ofrecía con detenimiento y me detuve en el brazo derecho. Había llegado el momento de cambiarse la dichosa muñequera y lavar la que llevaba puesta.

Tenía dos muñequeras más que una alternando de vez en cuando, pero siempre sin mirar la cara interna de mi muñeca. Me avergonzaba.

En ese momento sonó mi móvil. Quité la mirada del espejo, me tumbé en la cama y contesté.

- ¿Hope? - Era Chris.

- Dime.

- ¿Dónde estás?

- En casa.

- ¿Qué? ¿Sola? - Suspiré.

- Sola. ¿Qué quieres, Chris?

- No hace falta ser tan borde... ¿Estás bien? Estás llorando, ¿no? - Me froté los ojos. Al parecer si estaba llorando y ni yo misma me había dado cuenta. - ¿Qué ha pasado? No habrás hecho ninguna tontería, ¿verdad?

- Ven. - Sollocé. - Por favor.