sábado, 19 de octubre de 2013

Capítulo 23.

Finalmente acabé comprándome un vestido verde menta que según Louis resaltaba el color rojizo de mi pelo y el verde de mis ojos. A decir verdad un vestido perfecto que me venía que ni pintado. «Es perfecto para ti», dijo con esa increíble sonrisa que me dan ganas de besarle hasta reventar. Como prometió no me vio con el vestido puesto, sino que espero al lado de la caja cuando me lo probé. Chris también estaba de acuerdo con Louis, el vestido era perfecto, y él estaba encantado de comprármelo en esas condiciones, por mucho que yo me negara a ello.
Esa noche me quedé a dormir en casa de Louis, para así arreglarnos e ir juntos a la boda sin perder tiempo. Dejé el vestido sobre la cama y me metí en la ducha. Aun era pronto, por lo que podía entretenerme en un largo y relajante baño caliente. Cuando terminé de ducharme Louis aun no había entrado en el dormitorio por lo que supuse que seguiría en la cocina desayudando. Era tragón como él solo a la hora del desayuno. No sé cómo podía comer tanto. A diferencia de él, era raro en mí el día que me tomaba más de una tostada después del café. «El desayuno es comida de reyes», había dicho con la boca llena de bacon el día que me extrañó que aun no hubiera reventado. 
Salí de la ducha con la toalla alrededor el cuerpo y otra recogiéndome el pelo. Al menos sin Louis revoloteando por ahí tardaría bastante menos en arreglarme, pero a lo que quise darme cuenta me rodeó la cintura con el brazo y comenzó a darme besitos en el hombro. 
—Mmm... estás suave—susurró en un ronco gruñido que me hizo estremecer—, te deseo— Continuó dándome besos haciendo que me dieran escalofríos.
—Hmmm...—Gemí—, no pod... podemos—No me gustaba eso de que fuera la única persona capaz de hacer que perdiera el control sobre mí misma.
—Tenemos tiempo...—Me dio la vuelta y me besó violentamente— aun no te he visto con el vestido puesto y ya quiero quitártelo—Me sonrojé.
—¡Louis!
—Tienes razón, vayamos despacio—Me tumbó con cuidado en la cama y dejó el vestido sobre la silla—La primera vez fui demasiado brusco... Tengo que compensarte por ello—Sonrió y me besó. La primera vez estaba tan rota que ni siquiera había sentido que era la primera vez. Para mí fue una especie de curación. Quizá si había sido algo más basto de lo que se espera de una primera vez, pero tampoco pretendía que fuera como en las películas. Para mí significó más de lo que él podía imaginar, eso lo hacía especial—. No iba a presionarte para que volviéramos a hacerlo..., pero no puedo verte así e ignorar las ganas de devorarte que se encienden en mi interior— Se quitó la camiseta y comenzó a besarme el cuello hasta que bajó al nudo de la toalla. Levantó un poco la cara y me miró esperando a que diera la aprobación necesaria para que se deshiciera de lo que me cubría. Simplemente asentí. No podía hablar, solo sentir. 
Esta vez no fue como la anterior. Yo le necesitaba, pero no de la misma forma. Simplemente le necesitaba por todo lo que me hacía sentir, no porque tuviera que demostrarme nada. Solo necesitaba el contacto de su piel desnuda contra la mía, sus labios, sus caricias. Simplemente el placer de sentirle pegado a mí, a pesar de que aun hubiera una capa de tela que nos separaba. 
Para mi sorpresa esta vez dolió más que la primera. No sé porqué, quizás era cierto que aquella vez estaba tan rota como para sentir cualquier tipo de dolor físico y lo único que pude sentir fue su amor. Ahora parecía que ya me había acostumbrado a su amor, pero me costaría acostumbrarme a él en mi interior.
—Shhh... —Me quitó las lágrimas de los ojos, ni siquiera me había dado cuenta de que estaba llorando. ¿Por qué me dolía si ya no era virgen?— Si pudiera evitarlo...—Él se mantuvo quieto durante un rato—. ¿Estás mal? ¿Quieres que me aparte?
—¡No!— Parecía desesperada, pero a pesar del dolor no podría soportar que se alejara ni un milímetro de mí. Louis me dio un beso en la cabeza y se movió lentamente cuando consideró que era oportuno. Sorprendentemente el dolor se esfumó casi por completo dejando una sensación de lo más gratificante. Él sonrió cuando mi gesto se relajó y volvió a introducirse en mí. 
—Tranquila, nena, es normal que te duela al principio—. Susurró. Ya no me dolía, de hecho me mataba que fuera tan despacio. Le rodeé con las piernas y le apreté más contra mí—. Tranquila, fiera— Louis rió y me mordió el labio—, no incites algo a lo que no puedes enfrentarte. 
—Pues ve más deprisa— Rogué. 
—No— Había bajado sus labios hacia mi cuello y le noté sonreír contra este—con calma. Además si llegamos tarde no pasa nada, nos perderemos la parte coñazo— ¡Hostia, la boda! Se me había olvidado por completo. Louis siempre conseguía enredarme, con sus cantos de sirena. Intenté quitarle de encima pero me lo impidió de una envestida—. ¿Dónde crees que vas?— Sonrió con suspicacia.
—La boda. Nosotros... —Me calló de un beso. 
—Tenemos tiempo. Déjate llevar, Hope.

No hay comentarios:

Publicar un comentario