domingo, 13 de octubre de 2013

Capítulo 21.

No podía creerlo. Estaba bien, estaba a gusto, estaba entre sus brazos. Jamás pensé que me sentiría tan cómoda estando con alguien, completamente desnuda. Incluso sin muñequera. Realmente eso me daba más vergüenza que la falta de cualquier otra prenda, pero las simples palabras de Louis me hicieron verla como otra parte de mi cuerpo, como si no debiera avergonzarme de ello.

- Parejita, ¿habéis terminado? - Al parecer Chris seguía en casa. Me quería morir. Miré a Louis que estaba mordiéndose el labio para evitar reírse. Me puse lo primero que cogí, que casualmente era la camiseta de Louis, (le robaría el armario), y salí de la habitación. 

- Lo siento, Chris. - Me ruboricé. - ¡Qué vergüenza! 

- No pasa nada, mujer. - Río. - ¿Cómo ha ido? - Preguntó. Me sentía algo incómoda en ese momento. Me había olvidado completamente de que ella estaba fuera, en cuanto Louis empezó a besarme.

- No soy capaz de describir cómo me hace sentir... - Suspiré. - ¿Crees que hago bien intentándolo?

- Creo que tienes que intentarlo sí o sí. Mírate, estás radiante.

- Nunca me he sentido así. - Estaba feliz. Me sentía en una nube, feliz, como si estuviera volando alto sin miedo a la caída. Es más, ni siquiera quería pensar en la caída.

- Voy a irme para que estéis solos. Aprovéchalo. - Me dio un beso en la mejilla y bajó corriendo las escaleras. Al instante pude oír como se cerró la puerta.

Louis salió de la habitación en vaqueros y con el torso desnudo ya que yo llevaba su camiseta, y se acercó a mí a darme un beso en la mejilla.

- Eres preciosa. - Susurró.

- No mientas, Tommo.

- No miento. - Sonrió. - ¿Dónde esta Chris?

- Se ha ido...

- ¿Y tu padre?

- Trabajando hasta esta noche. - Hice una mueca.

- Perfecto, hoy comes conmigo. - Me dio un ligero beso en los labios y se alejó. - ¿Te gusta la comida china? - Gritó desde la habitación.

- Sí, ¿vas a cocinar? - Cuando entré en la habitación vi a Louis sentando en la cama con el móvil en la mano y mirándome como diciendo: «¿En serio, Hope? ¿Cocinar yo?»

Una hora después estábamos dispuestos a comer. Pero no como cualquier persona normal, sentados en sillas alrededor de una mesa, no. Nosotros nos sentamos en el suelo apoyados en el sofá.

El suelo estaba repleto de los platos típicos asiáticos: fideos, shushi, tempura, cerdo agridulce...

- ¿Esto qué es? - Pregunté intentando coger un trozo de algo que se me estaba resistiendo.

- Ternera con salsa de almendras y zanahoria. - Hice una mueca cuando finalmente la ternera acabó sobre mí mandando la camiseta de Louis. Este empezó a reírse a carcajadas.

- Eso ha sido muy gracioso.

- Oye... - Me quejé. - Me estoy planteando seriamente comer con las manos.

- Mira cómo te has puesto. - Seguía riendo.

- Sí, tú ríete, pero la camiseta es tuya... Tienes suerte de que esta mañana me haya llevado otra.

- Al final te vas a quedar con mi armario...

- No me tientes. - Dije limpiando la camiseta con una servilleta.

- No te apañas con los palillos, ¿eh?

- No suelo ir al chino... He perdido la práctica.

- Ven. - Cogió del plato un trozo de ternera y lo llevó a mi boca. - ¿Ves? No es tan difícil.

A partir de entonces Louis se dedicó a darme de comer todo el tiempo a la par que comía él. En una de esas aprovechó para mancharme la nariz con salsa agridulce. «Estás muy mona», dijo entre risas antes de que me ayudara a limpiarme. Era idiota, completamente idiota, pero era la única persona capaz de hacerme sentir bien en cualquier momento. Él era la única persona que me hacia olvidar mi pasado y mis complejos. La única persona que me hacía sentir atractiva, incluso con la nariz manchada de salsa agridulce.

Instintivamente me miré la muñeca. Era la primera vez en muchos años que no llevaba la muñequera. Se habría quedado en la cama. Y a decir verdad, no me sentía en absoluto expuesta a pesar de no llevarla. Al contrario, estando con Louis me sentía de lo más segura.

- ¿Te han dicho alguna vez que eres perfecto?

- Puede sonar egocéntrico, pero me lo dicen prácticamente a diario. Pero por supuesto que no lo soy, tengo muchísimos errores, como cualquier otra persona. Solo soy un chico normal y tú deberías saberlo. - Y lo sabía. Realmente cuando estaba con él no pensaba en ningún momento que era tan famoso como lo era. Por suerte, sino sería algo incómodo.

- Puede que tengas tus fallos... pero para mí eres perfecto.

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