Íbamos en el coche y, a parte de no encontrar aparcamiento, llegábamos más de media hora tarde.
—Esto es culpa tuya—Me quejé.
—¿Mía?—Preguntó haciéndose el inocente—. Eras tú la que quería repetir.
—¡Mentiroso!—Louis rió.
—Tampoco te he oído quejarte...—Me sonrojé. No podría haberme quejado ni aunque quisiera, ya que Louis, con solo tocarme, podía hacer conmigo lo que quisiera.
—Pero mira que eres idiota, Tommo. Aparca ya.
Dejamos el coche cerca de la iglesia y nos acercamos. Cuando llegamos ya estaban saliendo. Al parecer la boda se acortó más de lo que pensábamos.
—Siento el retraso—Dije cuando vimos a Avril.
—No te preocupes, cariño—Louis me acarició el brazo—Nosotros te queremos así.
—Te la estás ganando...
—Era sólo una broma, amor.
—Uy sí, qué gracioso.—Le di un golpe en el brazo—. Ha sido culpa suya, me ha entretenido.
—Di que no, que desde que se ha duchado hasta que se han vestido han pasado dos horas.
—¡Pero tendrás morro!—Grité—. No me hables.
—Vamos, nena, no te enfades.
—Que te den.
—Sois como críos, ¿eh?—Se burló Avril—. No os preocupéis, solo os habéis perdido lo típico, al final se han casado—Miró al suelo—, por desgracia...
Le di un abrazo. Sabía que a Avril no le hacía especial ilusión que se casaran pero nunca me explicó el porqué. Cuando levanté la vista vi a un chico rubio mirando hacia aquí pero que no se decidía a venir.
—¿Quién es?
—Tristan—dijo James—, es amigo mío.
—Y mi hermanastro, oficialmente—. Avril hizo una mueca. Algo me decía que lo que le pasaba tenía que ver con él.
—¿Vamos?—Preguntó Louis poniéndome una mano en la espalda. Sé que estaba nervioso porque no quería que nadie le viera, no quería ser él el protagonista. Además la gente estaba empezando a dispersarse.
—Será lo mejor.
El restaurante estaba bastante más lejos de la iglesia de lo que creería, lo que aproveché para arreglarme el maquillaje. En el coche abundaba el silencio, pero tampoco hice nada para evitarlo.
—Hope...—No dije nada, ya que estaba terminado de retocarme el gloss—. ¿Te has enfadado...?—Le miré y sonreí, ¿podía ser más tierno?
—Claro que no..., pero sabes que mis cambios de humor muchas veces dependen de esas bromas...—Suspiré— Estoy preocupada por Avril... Sé que algo le pasa..., no sé qué es, pero algo le pasa. Y también creo que tiene que ver con el tal Tristan.
—Tris es un buen chaval, igual que James, no creo que sea por eso...—Volví a suspirar—. A ti te pasa algo más que eso...
—Nada...
—Hope...—Me advirtió—. Te conozco.
—Crees...—Me interrumpí buscando las palabras adecuadas—. ¿Crees que me dolerá siempre?—Frunció el cejo.
—¿Qué?
—Ya sabes... Hoy me ha dolido... y me da miedo que sea siempre así—Louis soltó una risita—. Gracias por reírte de mí. Olvídalo, será lo mejor.
—No me estoy riendo de ti, pero comprenderás que tiene gracia que te preocupes por una tontería así.
—Igual es que para mí no es una tontería— Miré hacia la ventana.
—Claro que lo es—Dijo mirando hacia la carretera—por supuesto que no te va a doler siempre. Hay gente que se acostumbra antes. Quizás la siguiente vez ya no te duela, o quizás lo haga hasta la décima, pero es normal. Solo es cuestión de acostumbrarse—El coche se paró en un semáforo y yo le miré.
—¿Y si no me acostumbro?—Él sonrió pícaro.
—Oh, nena, haré que te acostumbres—Se acercó a mí y me mordió el labio inferior—. De hecho estoy deseando volver a casa esta noche...—Me guiñó un ojo y siguió conduciendo. Yo no pude quitarme de la cabeza lo que pasaría cuando volviéramos a casa, y para qué negarlo, tampoco quería hacerlo.
domingo, 20 de octubre de 2013
Capítulo 24.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario