Pensé en salir directamente solo cubierta con una toalla y el pelo húmedo. Pero no ayudaría a superar lo que había tenido en la mente momentos antes. Asco. Busqué en el armario lo primero que cogí, que cubriera lo suficiente de mí, sin ser excesivo para el mes de agosto.
- ¡Que me dejes subir, maldita sea! - Le oí gritar mientras subía las escaleras. Abrió la puerta violentamente y paró en seco al verme.
- ¿Louis...?
- Hope... - Se aclaró la garganta, mientras se recolocaba un maldito mechón de cabello castaño que caía sobre sus hermosos ojos claros. Cerré los ojos levemente y él se acercó a mí. - Yo... Solo quería... Quería saber cómo estabas. Te has ido muy...
- Louis, yo... estoy bien. - Intenté sonreír. - Solo me he ido.
- Descalza, y con mi camiseta. - Alzó una ceja interrogativo.
- Sí...
- Dime qué te pasa, Hope. ¿Qué he hecho? - Hizo una mueca, lo cual me destrozó el corazón. Él no había hecho nada malo. Era todo culpa mía, pero me parecía muy típico: "No eres tú, soy yo. Tú eres increíble" y a pesar de que era cierto no iba a decirle eso.
- No has hecho nada, Louis... - Me temblaba el labio. No quería llorar. Me sentía ridícula. ¿Llegaría a entender como me siento si se lo explico? Suspiré. Posiblemente no. De todas formas no iba a hacerlo, seguro que pensaría que soy tonta o algo así.- Todo lo contrario...
Me besó y me perdí. ¿Resistirme? No podría mucho más. Chris tenía razón, él era lo que siempre había estado buscando. Yo también merecía amor, ¿no? A pesar de que se hayan encargado de hacerme creer que no. Louis quitó el pelo húmedo de mi cuello y besó cada recoveco de este, y yo me dejé hacer. En sus brazos me sentía segura. Por primera vez, me sentía segura, me sentía querida.
- Déjate amar, Hope. - Susurró contra mi cuello.
- Yo... sí. - No dije nada más, no podría. Me venían toda case de pensamientos. ¿Qué pasa si no salía bien? ¿Y si volvía a salir herida? No podría volver a soportar que alguien a quien amo se fuera de mi vida de nuevo, por eso no podía permitirme amar a nadie, no demasiado. Pero era tarde. Louis había conseguido enamorarme por completo. Sufriría tanto si me aparto de él por voluntad propia como si no. ¿Qué perdía por intentarlo? Me hacía sentir a gusto conmigo misma, como nadie había conseguido hacerlo.
Me tumbó sobre la cama y se puso sobre mí. Separó mis piernas con la suya y se puso entre ellas, aun completamente vestidos. Dejó de besarme, esperando a que le diera mi aprobación o me negara, pero yo ya no podía pensar en otra cosa. Solo necesitaba que me demostrara que me amaba, que podía confiar en él.
- ¿Estás segura? Igual no debería...
- Shhh.. - Le rodeé el cuello con los brazos y acerqué su boca a la mía. - Por favor.
Poco a poco comencé a sentir sus manos por todas partes. Caricias, besos, susurros. Quería que formara parte de mí. Y cuando por fin lo hizo me sentía completa, me sentía feliz. Me sentía...
- Te quiero. - Susurró abrazándome contra su pecho.
*Narra Louis
Adoraba estar así con ella. Sentirla sobre mi pecho era una de las mejores sensaciones que existían. La estreché contra mis brazos y aspiré su aroma.
- ¿Hope? - Murmuré.
- ¿Hmmm?
- ¿Por qué siempre llevas una muñequera en el brazo derecho? - Me miró, pero no levantó la cabeza de mi pecho.
- Eso solo una mala costumbre. - Dijo, pero sabía que era mentira. Arrugaba la nariz cada vez que mentía.
- Sé cuando mientes. - Se incorporó y yo junto a ella. Miró su muñequera como si estuviera planteándose si contarme la verdad. Puse la mano sobre ella. - Si no quieres contármelo no lo hagas, pero dilo y no me mientas.
- No. - Dijo quitando mi mano de su brazo. - Creo que... tienes derecho a saberlo.
Se quitó la muñequera y pude comprobar que era lo que pretendía. Esconder un pasado. Una cicatriz.
Pasé los dedos sobre ella con delicadeza pero no me lo impidió.
- Cuando mi madre murió - Miraba cada uno de mis movimientos sobre ella -, creí que ya no me quedaba nada más. Se metían conmigo en clase, decían que mi madre prefería morir a seguir a mi lado porque era rara. Decían que no merecía ningún tipo de amor. Y que mi madre estaba mejor muerta que conmigo. - Tragó saliva. - Y yo les creí. Creí cada una de sus malditas palabras. Les odiaba. A todos. Me odiaba a mí misma. Llegué a pensar que quizás tuvieran razón y mi madre no luchó con todas sus fuerzas contra el cáncer. Entonces fue cuando cambié de secundaria a bachillerato. Creí que dejarían de meterse conmigo, que cambiaría de vida. Pero las burlas, los insultos seguían en aumento. Ahí fue cuando conocí a Chris, ella me defendió cuando nadie más lo hacía. Ella me ayudó. Pero aun así no fue suficiente. Un día vi una cuchilla en el baño. Me pedía a gritos que la usara. Que acabara con todo. Y lo intenté. Christall sabía que estaba mal. Tanto que vino hasta a mi casa y casi tira la puerta abajo. Ella me encontró. Débil. Rota. Ella me curó. Ese día estuve a punto de perderla y me avergüenzo tanto de esa cicatriz... Que siempre la escondo. Es horrible.
Le cogí el brazo y me lo llevé a los labios. Le di pequeños besos mientras ella me miraba. Sus preciosos ojos verdes estaban rojos por las lágrimas. Quería hacer algo, que se sintiera mejor. Pero no sabía qué.
- No deberías esconderla. - Dije mientras le quitaba las lágrimas de los ojos. - Ella forma parte de ti. Y es igual de hermosa que tú a pesar de ser una cicatriz. - Sonrió. - Siempre llevaras a Chris contigo. Siempre. Pase lo que pase, ella estará allí desde el día en que te encontró rota como tu dices. ¿Y sabes qué? Debería agradecerle que te hubiera salvado aquella vez. Porque ahora yo cuidaré de ti. Siempre. Y repararé el daño que esos idiotas te hicieron alguna vez.
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