*Narra Chris.
Cuando me colgó el teléfono, me quedé algo paralizada. Otra vez no... Le había costado mucho salir de eso. ¿Qué habría pasado? Estaba segura de que Louis la había tratado genial... Era un buen chaval. «Ese es el problema», gritó Hope en mi cabeza.
Salí corriendo hacia su casa y aporreé la puerta un par de veces. Cuando abrió la puerta la estreché entre mis brazos. Estaba temblando, llorando en silencio, tenía las manos frías a pesar de que estábamos en agosto.
- Hope... - Susurré, haciendo que se sentara en el sofá. Estaba débil, podría caerse en cualquier momento. - ¿Qué ha pasado?
- Han vuelto... - Murmuró. - Han salido del maldito espejo...
- ¿Qué...? - Ella miraba fijamente a un punto fijo. Parecía ida.
- Las voces. - Graznó. - Las malditas voces se meten en mi cabeza. Gruñen. Se entrelazan y no logro entenderlas.
- Explícame qué ha pasado. - Hice que me mirara. Había vuelto su vacía mirada. Era un verde apagado. Nada comparado a color que lucía últimamente.
- Louis ha dicho que soy especial, y que le gusto. No puedo gustarle... No puede quererme. Tengo que pararlo.
- ¿Por qué? Déjate querer, Hope. Louis es increíble, él te cuidará.
- Él merece a alguien mejor. - Me miró con lágrimas en los ojos. - No alguien que no es capaz de mirarse al espejo sin darse asco. No a alguien débil, inestable, alguien que ha querido golpear el espejo y...
- No. - Le quité las lágrimas de los ojos y le abracé. - Esa ya no eres tú. Tú eres fuerte, Hope. Eres valiente. Y necesitas amor.
- Él no va a ayudarme. - Dijo en un susurro. - Él solo miente. Él no sabe como soy. Cuando lo sepa de irá.
- No se irá... Solo ha sido un bajón. Se te pasará...
- Tú no sabes nada. No sabes ni la mitad de la mierda que pasa por mi cabeza. Louis me lo agradecerá.
*Narra Louis.
En cuanto Hope se fue, cogí las llaves del coche y me acerqué a casa de Harry. Recé porque no estuviera con Chris, necesitaba hablar con mi amigo sí o sí.
Anne abrió la puerta sonriente y me invitó a pasar.
- ¿Quieres tomar algo? ¿Un té?
- No gracias, ya he desayunado... - Me pasé la mano por la nuca nerviosamente. - ¿Está Harry?
- Acaba de llegar... Estará tirado en la cama. Sube.
Me sabía mal molestarle. Conociendo a Harry, no habrá dormido mucho esta noche. Pero no lo haría si no lo necesitara realmente.
Entré en su cuarto y, a tientas, subí la persiana. Harry se quejó y se tapó la cabeza con el nórdico.
- Mamá, he dicho que quería dormir...
- No soy tu madre. Lévantate.
- ¿Qué haces aquí, tío?
- Necesito hablar contigo.
- ¿A estas horas? Es muy pronto...
- Son más de las doce. - Gruñí. - Levántate, vago de mierda. - Harry se incorporó maldiciendo entre dientes y me miró con el ceño fruncido.
- Si tu estuvieras como yo, también querrías dormir. - Se llevó una mano a la cabeza e hizo una muerda. - Madre mía, que resaca.
- Haber dormido por la noche.
- No hables mucho... Os fuisteis muy pronto. - Me dedicó una sonrisa pícara. - ¿Qué tal anoche?
- Bien. No hicimos nada.
- ¿Nada de nada?
- Besitos, abracitos... pero nada mas. - Harry estalló en carcajadas. - No te rías, cabrón. - Bufé. - ¿Sabes lo peor? Ni siquiera me importó. Solo quería que se quedara conmigo, aunque fuera así. Pero esta mañana...
- ¿Qué ha pasado?
- Estábamos hablando tranquilamente y se ha ido corriendo.
- ¿Qué le has dicho, depravado?
- Ni siquiera lo sé.
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