Dedicado a @ManuFanloo porque es su cumple.
Ese día desperté pronto y aproveché para hacer todo lo que tenía atrasado. Tenía la sensación de que iba a ser un buen día. Preparé el desayuno, recogí la casa... Tenía energía. Incluso me dio tiempo para ver las fotos de la Luna de Miel. Nos fuimos a Italia. Sabía que le gustaría, siempre había querido ir, no vi oportunidad mejor que esa. Trouble estaba preciosa, se le veía feliz, como nunca antes. Con su hermosa orquídea azul en el pelo. Tenía que llevarla, en cuando la vi pensé en sus ojos, y en que, en conjunto, sería un hermoso paisaje. «¿Por qué no se levanta ya?», pensé. Me había pegado varias horas viendo fotos y ya era más de medio día. ¿Y si le había pasado algo? No, tío, no pienses en eso.
Fui a la habitación y me encontré lo que más temía. Se estaba apagando.
—¡Trouble!—Grité y me puse a su lado. Estaba arriendo—. Tengo que llamar a un médico.
—No—. Susurró casi sin voz y me agarró de la muñeca—. No merecerá la pena.
—Pero tenemos que saber lo que te pasa y...—Una rota carcajada me interrumpió.
—Sabes lo que me pasa...—Sonrió irónica.
—Te estás mu...—Puso la mano sobre mis labios impidiendo que terminara lo que iba a decir. Me miraba en silencio, pálida, despeinada y con ojeras. A pesar de todo eso estaba completamente seguro de que era la mujer más hermosa sobre la faz de la Tierra. «Bésame», pidió sin decir nada. Y así lo hice. Sus labios apenas podían seguir mis movimientos, pero no podía bajar la intensidad. Estaba hambriento, ansioso, no podían quitármela. No ahora.
—Harry— gimió —, gracias. Gracias por hacerme vivir los mejores momentos de mi vida. Gracias por hacerme sonreír. Gracias por hacerme feliz. Gracias por hacerme sentir viva. Eres posiblemente lo mejor que me ha pasado nunca, y no sé que habría sido de mí sin ti estos últimos meses—Se interrumpió. Al parecer le costaba respirar. Me mataba verla así, sufriendo y sin poder hacer nada—. Gracias a ti me voy a ir feliz. No quiero que estés mal, ni que llores—. Llevó una mano fría a mi mejilla, ya estaba llorando y no podría dejar de hacerlo—. Abrázame—. Le obedecí, no podría negarme a tenerla entre mis brazos. Debía aprovechar ahora que podía hacerlo. Pasé así varios minutos, hasta que me di cuenta que había dejado de oír, que su respiración había disminuido casi por completo.
—No—. Susurré—. ¿Trouble? — No abrió los ojos, pero era consciente, ya que, al menos, sonrió.
—Te quiero—. Dijo con su último susurro.
Habían pasado dos días de su entierro. No podía con mi alma. Todo me recordaba a ella, aunque creía poder verla cuando me diera la vuelta en la cama ella seguiría ahí. Pero no era cierto. Lo único que quedaba era un frío hueco donde, por lo general, solía posarse su cuerpo. Todavía oía a ella. «No quiero que llores», había dicho. ¿Como impedir que las lágrimas brotaran de mis ojos cuando había perdido a la mujer que más había amado en toda mi vida?
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