domingo, 27 de octubre de 2013

Capítulo 26

«Ella no es mi novia. Ella no es mi novia. Ella no es mi novia», esa frase se repetía en mi cabeza una y otra vez. Estaba claro que a lo tenía que enfrentarme era a comprobar como se avergonzaba de mí. Ilusa. Pero si no me quería, ¿a que había venido el numerito absurdo de celos que acababa de montarme? «Está libre». Ahora cobraban sentido muchas cosas.
Me paralicé y no pude decir nada hasta que Louis se dio la vuelta y nos vio a Avril y a mí detrás de él. Yo no dije nada, simplemente me di la vuelta y me dirigí hacia dentro nuevamente. Me quería ir de allí. Eso perdía sentido por momentos y yo ya no me sentía bien recibida en ningún sitio. Cogí el bolso, tenía las llaves del coche pero tendría que esperar a que me llevara Louis a casa porque no sabía volver. Maravilloso.
—Hope—Me paró Avril—¿Estás bien?
—¿Qué mas da?—Hice una mueca—Siento todo esto, Avril. Ha sido un placer volver a verte. Si ves a Louis pregúntale si al menos va a dignarse a llevarme a casa. Me quiero ir.
Me senté en el asiento del copiloto y me puse los auriculares. No quería oír nada. No quería hablar con él. No quería nada. Solo que dejara de reírse de mí. Me sentía absurda. Me sentía humillada de nuevo. Había confiado en él..., me había entregado a él y así me lo pagaba. Cuando le vi acercarse aparté la mirada.
—Hope...
—Llévame a casa.
—Hope, lo he hecho por ti—Ya claro.
—¿Puedes hacer algo más por mí?—Le miré—Llévame a casa y olvídate de que existo.
—No es lo que crees...
—Yo ya no creo nada— Miré de nuevo por la ventana y sonreí forzadamente—. Nunca debí creer nada...
—Hope...
—Solo quiero irme a casa. Si no me llevas tú conseguiré otra forma de volver, ¡pero quiero irme a mi puta casa!
—Te juro que tiene explicación...—Dijo arrancando el coche.
—No me mientas más. Te has estado riendo de mí desde el principio.
—No. Yo...
—Tú también te avergüenzas de mí y yo me creí tus absurdas palabras de amor. Es eso lo que haces con todas, ¿no? Les dices que son especiales... que les quieres y caemos todas. ¿Cómo he sido tan estúpida de no darme cuenta antes?—Comencé a llorar—. ¿Desde hace cuánto tienes el discurso preparado?
Él no dijo nada. Solo tenía la mandíbula apretada. Lo último que recuerdo es un frenazo de repente. El resto es doloroso y oscuro.

[…]

No pude evitarlo. El maldito kamikaze se abalanzó sobre nosotros antes de que pudiera darme cuenta. Y para cuando lo hice ya era tarde.
El coche volcó varias veces, y la luna te fragmentó en trozos que saltaron hacia nosotros. Lo último que sentí fue un dolor abrasante en la cabeza.
Los párpados me pesaban, la luz me molestaba y apenas podía distinguir la formas que había a mi alrededor.
—Está despertando...—Dijo alguien—¿Cómo te encuentras, Louis?
—Me duele muchísimo la cabeza...—Murmuré— y al respirar...
—Te diste un fuerte golpe en la cabeza y llevas fisuradas dos costillas, pero no es grave. En dos días estarás como nuevo.
—¿Cómo está Hope?
—Ella...
—¿¡Qué le ha pasado!?
—Las siguientes 24 horas son críticas. De momento no ha respondido como esperábamos a las pruebas a las que ha sido sometida. Aun no ha despertado.
—Pero lo hará, ¿verdad? Tiene que hacerlo. Ella es fuerte.
—Es pronto para eso... Habrá que esperar.
—Quiero verla—gemí—, por favor, dejadme verla.
—No puedes levantarte ahora, Louis... Te dolerá.
—Me da igual cómo sea. Quiero verla.
—Usted no lo entiende, ¿verdad? Necesito comprobar con mis propios ojos cómo está. Necesito ver que está bien y no le va a pasar nada por mi culpa. ¡Lo necesito!
—Es tarde y ambos necesitáis descansar. Mañana la verás—Dijo antes de abandonar la habitación.
—Lo necesito...—Susurré.
Me picaban los ojos. Tenía ganas de llorar, de golpear algo... pero no podía. Nunca he sido muy de llorar... pero esto me superaría. Todo fue un maldito malentendido. Hope es muy impulsiva y llegó en un mal momento. Lo que oyó no era lo que ella creía, pero como de costumbre ella siempre creía llevar la razón y no me dejó explicarle nada. Lo que me dijo me puso nervioso y...
Estaba grave por mi culpa. No podía pasar nada. No podía permitir que nadie saliera mal parada por mi culpa. No de nuevo. No ella.

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