sábado, 16 de noviembre de 2013

Capítulo 31.

—Vámonos—Pedí. 
—¿Chris, está segura de que no te quieres despedir de Hope?
—¿Para qué? Si no sabe quién soy...—Harry me puso la mano en la espalda, los chicos me dieron un beso. Y nos dirigimos al coche. Nunca me han gustado los hospitales. Son lugares fríos, tristes. Lugares que huelen a enfermedad y muerte. No me gusta pensarlo, pero muchas veces me pregunto cuántas personas habrán muerto en cada habitación de un maldito hospital. Mi madre decía que no pensara eso, que un hospital también era testigo de miles de nacimientos. Pero ¿cómo podía calificar a momentos como este? No era el inicio de una vida ni el final de otra realmente, pero la vida como la conocíamos cambiaría radicalmente—No me lleves a mi casa, por favor, te necesito—Harry solo asintió y cambio la dirección del vehículo. Cuando entramos en la cocina me ofreció una manzanilla.
—¿Cómo te sientes?
—¿Cómo te sentirías tú si Louis no se acordara de quién eres?
—Me sentiría impotente... pero sé que no es lo mismo. Si eso pasara yo tendría al resto de los chicos y nos apoyaríamos los unos a los otros. Sin embargo yo sé que vosotras sois como hermanas y solo os tenéis la una a la otra. 
—Cuando yo la conocí Hope estaba rota. Su madre había muerto hacía unos años y desde entonces se metían con ella. Decían que su madre prefería morir a estar con ella. Decían que era rara y no merecía ningún tipo de amor. Pero no era cierto, ella no era rara. Ella sólo necesitaba una persona en quien confiar, sólo necesitaba dejar de sentirse sola. Y entonces fue cuando me di cuenta de que un grupo de estúpidos estaban metiéndose con una pequeña indefensa y decidí ayudarle. A partir de ese momento nos hicimos amiguísimas. Nos lo contábamos todos. Incluso llegó a decirme que me consideraba su ángel de la guardia, que aparecí en el momento indicada para salvarle. Llegó incluso a darme las llaves de su casa y me pidió que si un día no contestaba a mis llamadas fuera corriendo a su cada y entrara a buscarle por todas partes, daba igual si nadie contestaba, me pidió que la buscara. Yo acepté pero me pareció absurdo, ella ya había salido de todo la mierda en la esos inútiles le habían metido. Pero una tarde no le vi el pelo por ningún sitio, ella había tenido una mala semana, estaba cansada de todo y no podía localizarla. Cuando entré en su casa me la encontré en el suelo. Había intentado suicidarse. No era la primera vez que se autolesionaba, pero esa vez había llegado demasiado lejos. Dos años después aparecisteis vosotros y se enamoró de Louis. Nunca le había visto tan feliz—Me humedecí los labios—. Es como si el destino quisiera jugarme una mala pasada. Como si hubiéramos rebobinado en el tiempo y no tuviera la oportunidad de conocer a Hope porque ella ya no está rota... Ella ya no me necesita, ya no es mi Hope—. Me abrazó y acabé llorando mas fuerte entre sus abrazos.
—No digas eso, pequeña, ella siempre será tu Hope, ella aun te necesita—Me besó la cabeza y continuó hablando—. Al principio Hope y yo no nos llevábamos bien... Ella no quería formar parte de mi familia, pero con el tiempo aprendimos a aceptarnos mutuamente y ahora... Dios, ahora daría cualquier cosa por poder decirle hermanita y que se enfadara conmigo, por picarla con tanto cariño como antes. Porque se acordara de mí... Mi pequeña bruja...

[…]

La siguiente semana pasó completamente sin novedades. No lograba recordar absolutamente nada. Necesitaba saber porqué estaba allí, porqué me sentía extraña cada vez que el tal Louis venía a verme y porqué a papá no le gustaba nada. No hizo más que decirme que no me llevaba especialmente bien con él y que no sabía porqué venía tanto a verme. Pero yo tenía la sensación de que no era cierto. Sino porqué me sentía así. 
El lunes siguiente me dieron el alta. Obviamente cuando llegué a casa, mi dormitorio no estaba como recordaba. Prácticamente todos mis peluches habían desaparecido, pero era lógico, el último recuerdo que tengo es de hace ocho años y según el médico solo estuve un mes en coma, la mayoría de las cosas habrán cambiado. 
—¿Cómo te encuentras?—Dijo mi padre entrando en mi habitación.
—Mamá no va a volver, ¿verdad?
—¿P-por qué dices eso?—Tartamudeó. Señalé la estantería. «Recuerdo de Chicago». 
—He perdido la memoria, pero no soy idiota... Os oí discutir sobre algo que tendríais que decirme tarde o temprano.
—Yo... Ella...
—Murió, ¿verdad? He visto los álbumes de fotos y no sale desde el último año que recuerdo...—Mi padre asintió— ¿Por qué no me lo dijiste?
—Era un tema delicado..., teníamos miedo de que te hiciera daño, si tu cerebro lo borró sería por algo. 
—¿En qué más me has mentido?
—Yo no te he mentido, intentaba protegerte, cariño.
—Me has ocultado información, es lo mismo... Papá, por favor, necesito saberlo. No sabes lo frustrada que me siento.

No hay comentarios:

Publicar un comentario