Subí a mi habitación sin cenar. Enfadada. Como una niña pequeña y caprichosa, lo reconozco, pero era increíble que ni apunto de cumplir los 19 fuera capaz de dejarme tomar mis propias decisiones. Di un portazo y me tumbé en la cama a mirar fijamente el techo. ¿Por qué a papá no le gustaba Louis? Él era un buen chico y nunca me hizo ningún daño, sin contar los momentos previos al accidente, que encima para colmo fue solo un maldito malentendido. Le di vueltas y vueltas a la cabeza intentando encontrar una razón que pudiera explicarlo, ya que no podía dormir, hasta que mi móvil empezó a vibrar en la mesilla.
—¿Tú tampoco puedes dormir?—Susurré, no quería hablar muy alto para que papá no entrara en mi habitación.
—No—Murmuró Louis—, y algo me hacía creer que tú tampoco podías hacerlo, así que te he llamado arriesgándome a despertarte.
—Te habría matado su estuviese dormida.—Bromeé.
—Lo sé—Rió.
—He hablado con papá. No logro entender qué tiene en tu contra.
—Igual es porque es porque soy famoso y tiene una imagen de mi vida que no es...
—Pero Harry también lo es, y sabe cómo es vuestra vida—Suspiré.
—Quizá es solo porque está celoso...
—¿Celoso?
—Eres su única hija, y ya no eres una niña. Supongo que para él no será agradable saber que estás creciendo y ya no es el único hombre en tu vida.—Eso era tierno, pero aun así no creía que fuera por eso. Suspiré.
—Necesito abrazarte...—Murmuré algo avergonzada por la confesión.
—¿Lo necesitas mucho?
—Daría cualquier cosa porque estuvieras aquí y me tuvieras abrazada toda la noche, ¿contestas eso a tu pregunta?
—Abre el balcón.
—¿Qué?—Oí unos golpes en la ventana y me levanté. Efectivamente estaba ahí, esperando que le abriera—¿Qué haces aquí?
—Me necesitabas, ¿no?—Sonrió— Te echaba de menos...—Aceptó mirándome a los ojos—. ¡He traído comida!—Dijo levantando una bolsa, cosa que agradecí bastante ya que mi estómago pedía comida desde hace un buen rato, pero no bajé simplemente por orgullo.
—¡Pasa, anda, pasa!—Le dejé entrar y cuando lo hizo me lancé a sus brazos—. Estás helado.
—Hace mucho frío ahí fuera, pero tenía que verte fuese como fuese—Dejó la bolsa en la cama me rodeo la cintura.
—Eres tan idiota.
—Tu idiota.
—Y tan moñas...
—Pero te encanta.
—Tú me encantas.
—Lo sé, y lo que he traído más—Sonrió y me besó.
—¿Qué has traído?
—Tallarines del chino de la esquina.
—¿Te he dicho que te amo?
—Sí, pero solo porque te traigo comida... —Sacó el labio inferior haciendo un puchero y dejó de abrazarme.
—Claro, ¿qué te esperabas?—Sonreí, me senté con las piernas a lo indio sobre la cama y cogí la comida.
—A que me los llevo...—Me amenazó.
—¡No te atreverás!
—No me tienes. Aun me debes algo por venir hasta aquí— Le miré extrañada mientras me metía un puñado de tallarines a la boca—. Has dicho que darías cualquier cosa porque estuviera aquí y te abrazara.
—Pero no me quites la comida, te lo suplico.
—No has cenado, ¿verdad?—Me sonrojé. Suspiró.—Mi pequeña cabezota...
Se sentó a mi lado y comenzó a comer conmigo. Adoraba estos momentos con él y que fuera capaz de hacer cualquier cosa por mí, como estar a la intemperie esperando a que le abriera la ventana. Nos pegamos horas y horas hablando de temas que no logro recordar, de lo único que podía estar pendiente era de ver su sonrisa en todo momento. Empezó a besarme como si le fuera la vida en ello.
—Es hora de que me pagues...—Susurró.
—No, Louis...—Intenté que se alejara algo pero fue inútil.
—¿No querías esta tarde...?
—Si, pero en tu casa, no aquí.
—¿Por qué no?—Me mordió el lóbulo de la oreja y me estremecí.
—Porque está papá aquí y...
—Eso se puede arreglar.
—¿Cómo?
—Ven a vivir conmigo.—Dijo así, de repente, sin ningún tipo de preliminar.
—¿Qué?
—Claro, vente conmigo.
—¿Pero no es muy pronto? No sabes cómo es pasar día tras día conmigo...
—Por eso, déjame comprobar que me encantará hacerlo.
—¡Estás loco!
—Por ti.
—No sabes lo que dices...
—¿Que no lo sé? ¡Claro que lo sé! Digo que quiero ver tu carita al despertar todos los días, digo que quiero cuidarte y protegerte tanto como pueda, y la única forma que encuentro, por el momento, es pidiendo que vengas a vivir conmigo—Suspiró—. Quizás eres tú quien no quiere aguantarme a todas horas y solo estas intentando excusarte.
—¿Aguantarte? Amor, disfruto de tu compañía cada segundo, pero quizás sea demasiado precipitado.
—Llevo mucho tiempo dándole vueltas, mucho antes incluso del... del accidente. Estuve a punto de perderte cuando creí que no despertarías, y más tarde cuando supe que no recordabas quién era.
» Me prometí a mí mismo que, si todo volvía a la normalidad, cumpliría mi sueño de vivir a tu lado—Me miró intentando dando pena— ¿No serás capaz de destrozar las ilusiones de un pobre chaval?
—¡Eso es chantaje!—Me quejé.
—Lo es—Sonrió—, pero sé que lo estás deseando tanto como yo.
viernes, 29 de noviembre de 2013
Capítulo 37.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario