viernes, 22 de noviembre de 2013

Capítulo 34.

Después del ensayo, los chicos nos invitaron a un batido en una cafetería cercana. Lo cierto es que me lo estaba pasando bien, pero seguía sintiendo como si a Louis (sobretodo) le incomodara mi presencia. Le veía serio a pesar de que intentara gastar bromas. Como ausente. Y no quería pensar que eso tuviera algo que ver conmigo.
—Voy al baño—Dije, y me dirigí al otro lado del local. 
Me lavé la cara y me miré en el espejo. Me sentía de lo más incómoda. Ellos hablaban de cosas que yo no entendía, me miraban raro cada vez intentaba integrarme en la conversación y, para colmo, tenía la sensación de que les molestaba que estuviera allí. Suspiré. No ganaría nada escondiéndome. Salí del baño pero antes de dirigirme a la mesa alguien me paró.
—Perdona, ¿te encuentras bien?—Era el camarero.
—Podría estar mejor—Admití. 
—¿Es tu novio?
—¿Quién?
—El de la camiseta de Vans.
—No, ¿por qué?
—Lleva un rato mirando hacia la puerta del baño. De hecho está mirándome ahora mismo como si quisiera asesinarme. He visto cómo te mira, deberías darle una oportunidad—Fruncí el ceño. ¿A qué había venido todo eso? Volví hacia la mesa y todos me estaban observando. Me ponían nerviosa. 
—¿Quién era?—Preguntó Chris cuando llegué. 
—El camarero. 
—¿Y qué quería?—Para mi sorpresa esta vez fue Louis. 
—Nada en concreto...— Mentí. 
—Bueno, nosotros nos vamos— Dijo Harry refiriéndose a él y a Chris. 
—Sí, nosotros también—Cuando todos se levantaron de la mesa Louis frunció el ceño. 
—Cabrones...— Susurró. Me harté. Me harté de ver que no estaba a gusto en mi presencia. Me harté de que solo estuviera de morros cuando estaba conmigo. 
—Si tan poco te gusta estar conmigo a solas tú también te puedes ir—Puse el dinero en la mesa y salí de la cafetería. 
—Hope, espera—Me siguió y me cogió del brazo—, no es que no me guste estar contigo. 
—¿Entonces qué es?
—No lo entenderías...
—Ya...—Me solté— Yo nunca entendería nada... ¿Pero sabes qué? He perdido la memoria, pero no soy gilipollas. Si me lo explicara yo podría...
—No puedo, Hope—Me cogió de la mano y me sentó en un banco frente a la cafetería— Escúchame, si pudiera decirte todo lo que me ha pasado por la cabeza lo haría, pero no puedo, joder, no puedo.
—Mira, chaval, puede que estés resentido porque no me acuerde de ti. Pero soy yo quién más lo esta sufriendo. Es horrible pensar que formabas parte de mi vida y no sepa qué papel tenías, es horrible que me ponga a llorar todas las noches porque soy incapaz de recordar nada. Me siento como una mierda y lo que haces es conseguir que me sienta peor. ¿Sabes? No es agradable. 
—No quiero hacerte sentir mal..., pero para mí tampoco es agradable que me mires como me miras. 
—¿Cómo te miro?
—Como a un desconocido—Eso me pilló por sorpresa. Claro que le miraba como un desconocido porque para mí es lo que era. Me sentía mal. Miré el suelo—. Eh—Me levantó la cara por la barbilla—, no es tu culpa, no estés mal... Sonríe, va. 
—No puedo...—Sonrió.
—Yo creo que sí—Dijo antes de empezar a hacerme cosquillas.
—No... Louis...—No podía parar de reír—JAJAJAJA para, por favor... Para—Dejó de hacerme cosquillas y nos quedamos a apenas unos centímetros de distancia. No sé cuanto tiempo pasó, si minutos o segundos. Realmente podrían haber pasado años pero yo no pude quitar la vista de sus labios. Me besó. Un beso suave, quizás algo fugaz, pero un beso perfecto. 
—Yo..., lo siento—Se disculpó y se alejó un poco de mí—. No debería haber...—Pero esta vez la que le besó fui yo. Lo necesitaba. Quizás si tenía que hacerle caso al camarero y darle una oportunidad—. No, Hope, no... Por favor...
—¿Por qué no?¿Qué tiene de malo?
—Lo siento, pero no puedo—Se levantó y se fue. 
No me lo podía creer. Se había ido. Le había besado y se había ido sin decir nada. Gilipollas. ¿Y yo ahora cómo volvía a casa? Bufé. Pediría un taxi, o volvería andando... Total si me pasaba algo ya daba igual. Todo daba igual. ¿Pero en qué estaba pensando? ¿Cómo iba fijarse él en alguien como yo? Yo no merecía amor. Era eso lo que se había molestado en repetirme una y otra vez. 
—¿Quieres que te lleve?—Era el camarero. Llevaba un casco en la mano. Al parecer ya había acabado su turno. 
—No gracias, Manu, estoy bien... 
—¿Cómo sabes...?
—Tu nombre. La chapa...
—Oh claro... Venga—Me tendió la mano—No puedo dejarte aquí sola—Le miré la mano y después a los ojos. Asintió. No tenia otra forma de volver a casa así que finalmente accedí. Me cedió el casco y me guió hasta una moto negra que había en el callejón de detrás de la cafetería. Cuando estábamos ya montados y a punto de salir a la carretera se nos cruzó un coche y nos lo impidió. Era Louis. 
—Sube al coche—Gruñó.
—¿Cómo? 
—Sube al coche, Hope.
—No.
—No puedes irte con él. No le conoces. 
—Ya, pero ti tampoco—Dije antes de que Manu arrancara la moto y nos fuéramos de allí.

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