domingo, 1 de diciembre de 2013

Capítulo 38.

Decirle a papá que iría a vivir con Louis después de la discusión de la noche anterior iba a ser de lo más divertido; y aun más después de ver la cara que puso esa mañana cuando vino a despertarme y nos encontró a ambos en la cama. Si que viniera de día ya no le gustaba nada, ni me imaginaba lo que le gustaría que se quedara a dormir...
El desayuno fue una de las situaciones más incómodas que recordaba. Por primera vez en la historia, prefería cualquier conversación al silencio que se produjo aquella mañana.
—¿Cómo has dormido?—Pregunté intentando romper el silencio. 
—Bien, ¿y vosotros?
—Bien, bien...—Contestó Louis por mí.
—Sí..., eh...—Me aclaré la garganta.
—¿Se lo vas a decir?—Me susurró. Asentí nerviosa.
—Anoche estuvimos hablando y..
—¿Solo hablasteis?—Nos miró mal.
—Papá...—Me sonrojé— Sí, solo hablamos—«Porque tú quisiste», estaba segura de que Louis pensó algo por el estilo—. Y es exactamente de lo que quiero hablar contigo—Cogí a Louis de la mano y papá abrió muchísimo los ojos—. Sé que él no te gusta, y que no quieres que venga por casa..., por eso hemos decidido irnos a vivir juntos—Lo solté de golpe. No quería que me interrumpiera antes de que pudiera decirlo. 
—¿¡Cómo!? Ni hablar. 
—Soy mayor de edad.
—Y yo la puedo mantener.
—¡Tú te callas, hijo de la gran...!
—¡Papá!
—Lo único que siempre has querido era separarme de mi hija.
—Eso no es cierto—Dijo tranquilo—. No he dicho que vaya a sacarla del país, ni siquiera de la ciudad, solo dos calles más atrás. 
—Hija, ¿no estaréis hablando en serio? Sé que lo que hice estuvo mal, pero...
—No tiene nada que ver con eso. Papá, amo a Louis, y sabes tan bien como yo que jamás había sentido nada parecido por nadie.
—¿Vas a dejarme solo?—¿Podía ser más egoísta?
—No estás solo, tienes a Anne. 
—A tu madre no le gustaría lo que estás haciendo.
—Mamá estaría encantada sabiendo que he seguido con mi vida como le prometí. Tú has rehecho tu vida, yo tengo derecho a empezar una nueva etapa de la mía.
—Si te vas por esa puerta no vuelva a a entrar—Gruñó—. Hazme caso, Hope. Te hará daño, te dejara tirada como a un perro y cuando lo haga será demasiado tarde. 
—¡Basta!—Grité. Sabía que en el fondo razón no le faltaba. No me había puesto a pensar en qué ocurriría si lo dejáramos, pero tampoco era algo en lo que quisiera pensar. 
No me di cuenta de que Louis me saco de casa, prácticamente arrastras, hasta que ya estuvimos fuera. Me abrazó y rompí a llorar. Me esperaba cualquier reacción menos esa. ¿Cómo ha sido capaz de decirme algo así?
—Sh... No llores, pequeña.
—Ha sido muy cruel—Sollocé—. Si lo dejáramos... ¿Sería capaz de dejarme en la calle?
—Ni siquiera lo pienses porque no tengo intención de dejarte marchar. 
— ¿Pero y si pasara?
—Es tu padre, aunque no sean formas de decirlo ni de actuar, no te desea ningún mal. Se ve que te quiere y no te dejaría en la calle por muy orgulloso que sea— Me besó la cabeza—. Pero no debes preocuparte por algo que aun no ha pasado y esperemos que no pase.

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