martes, 24 de diciembre de 2013

Capítulo 44.

Nochebuena. Una fecha en la que todo el mundo, en su defecto la mayoría, se reúne alrededor de una mesa repleta de comida y dulces. Entremeses, asado, polvorones... Odiaba estas fechas. Sobretodo desde que mamá se fue. Pasar el día en familia se basaba en cenar en silencio con papá mientras se oían de fondo los típicos villancicos que, a la larga, a todos nos ponen de los nervios.
—La echo de menos—Dije el año pasado cuando al que coro de voces angelicales dejó de torturarnos.
—Yo también la echo de menos, cariño... —Sonrió triste y le dio un fugaz vistazo a la fotografía de los tres que decoraba parte de la estantería.
De aquello ha pasado un año. "Cómo cambian las cosas...", pensé con ironía mientras por la ventana. Había nevado de nuevo aquella noche. Siempre me ha gustado la nieve y sentir los dedos helados mientras me tiraba bolas con papá.
Y allí estaba yo, viendo como una niña pequeña, pelirroja y de ojos verdes reía con sus padres mientras hacían muñecos de nieve. Cerré los ojos con fuerza y cuando volví a abrirlos la niña ya no era pelirroja; tenía una media melena rubia y resplandeciente.
Aquella niña ya no era yo.
Sorbí por la nariz y Louis me abrazó por la espalda. No sabía que estuviera allí.
—No estés mal...—Me besó la cabeza—. Ella estará viéndote desde donde esté y dudo que quiera ver que lloras— Me quité las lágrimas de los ojos y forcé una sonrisa.
—Ojalá...—En momentos así me gustaría creer que existe, no un cielo, pero sí algún lugar desde el que madre pueda verme y cuidar de mí.
—Yo solía jugar con mis hermanas. Me tiraban bolas y me enterraban en la nieve...—Me abrazo más fuerte—. Me podría haber congelado allí dentro. Irresponsables...—Noté que sonreía. Louis adoraba a sus hermanas.
Reí. Siempre sabía cómo conseguirlo. Imaginé al pequeño Louis con nieve encima fingiendo estar enterado y a sus adorables pequeñas riendo por la maldad que habían conseguido hacer.
—Me hubiera gustado tener un hermano...—Admití—. Quizás si hubiera tenido alguien de quien cuidar no me habría derrumbado. Me hubiera obligado a ser fuerte.
—Quizá Anne te da un hermanito...
—Quita, quita... Ahora que no lo tengan—Louis río y apoyó la barbilla en mi hombro.
—Bueno, tienes a Harry que es lo mismo que tener un hermano de doce años. O un chimpancé salido...—Reí fuerte. Me imagine a Harry como un chimpancé encerado en una jaula y comiendo bananas. Y la verdad es que tenía un parecido razonable.
—Más le vale que ya no sea tan salido... No bueno, no sé, pero solo con Chris—Rió suavemente y me besó el cuello.
—Vístete, te invito a comer y así luego vamos al cine—Le miré haciendo una mueca.
—Me da mucha pereza...
—Me lo prometiste—puso cara de cachorrito—, además es mi cumpleaños...
—Míralo qué capullo... Si puedes hacerme chantaje si que es tu cumpleaños, ¿no?—Sonrió como un niño pequeño—¿Qué voy a hacer contigo, Tomlinson...?

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