martes, 24 de diciembre de 2013

Capítulo 46.

Después de comer fuimos en coche hasta el centro comercial, que estaba a reventar.  Todo el mundo tiende a dejar las compras para el último momento y así nos va... Yo, por ejemplo, seguía sin saber qué comprarle a Louis. Tenía que improvisar algo pero ya... Quizá podría... Entonces vi mi salvación en un escaparate. Sería perfecto. 
—Compra las entradas mientras voy al baño...—Le dije cuando ya estábamos en la fila.
—¿Qué? 
—Necesito ir al baño, así no perdemos tiempo...
—Ni siquiera sé qué película quieres ver. 
—La que tu elijas estará bien—Besé fugazmente sus labios y fui corriendo hasta cerciorarme de que ya no podía verme. Cuando le perdí de vista me metí en la tienda que había visto al principio. Una tienda de lencería.
Me recorrí toda la tienda en un tiempo récord buscando un conjunto que pudiera gustarle a Louis. Sexy pero discreto. Algo que no olvidara nunca.
—¿Puedo ayudarte?—Dijo una voz a mi espalda. Me sonrojé y ni siquiera sé porqué lo hice..., lo que quería hacer no era algo malo. Solo quería sorprender a mi novio. 
—Sí..., estaba buscando un...—Me enseñó unas braguitas de encaje negro y un picardías a juego con un lacito rosa en cada tirante— ¡Eso es perfecto! —Miré el precio. Era más de lo que pensaba gastarme, pero la ocasión lo merecía y la cara de Louis al verme con eso puesto no tendría precio. 
Después de probármelo; comprobar, que en efecto, me quedaba de maravilla y pagar el conjunto fui corriendo donde se suponía que había dejado a Louis. Por suerte la bolsa no ocupaba mucho espacio y podía meterla en el bolsillo de la sudadera sin que se notara demasiado. 
—Por un momento he pensado que se te había tragado el váter...
—Lo siento, me he entretenido mirando escaparates...—Me sonrojé.
—Anda que ya te vale...—Me besó la sien—Tenemos aun un rato hasta que empiece la peli...
—¿Y qué hacemos?—Me cogió de la manos salimos hasta una tienda de tatuajes. Eso empezaba a ser obsesivo. Alcé un ceja.
—Tengo que mirar una cosa. ¿Me esperas aquí? —Sacó el labio inferior y asentí.
Adoraba cada tatuaje de su cuerpo, era cierto, pero no el hecho de se tatuara porque sí. Me senté en el bordillo del escaparate y esperé a que Louis se dignara a salir. 
—Cariño, déjame ponerte la bufanda, te vas a resfriar...—Le dijo una madre a una pequeña niña que iba corriendo hacia una montaña de nieve. 
Aquel momento me recordó a mi madre. Incluso podría decir que aquella mujer se le daba un aire. No pude evitar sonreír al ver a la niña riendo mientras su madre le abrigaba para que no cogiera frío. Ojalá yo pudiera volver a eso...
Alguien se sentó a mi lado y me cogió el brazo. Era Louis.
—Llevas todo el día viendo niñas con sus madres...
—Estas fechas me ponen ñoña...—Le sonreí—¿Ya está?
—Sí, pero espera... —Me remangó la muñeca y alcé una ceja desconcertada—No llevas la muñequera...
—Me hiciste darme cuenta de que no era algo que debiera esconder... ¿Por?
—Porque es cierto que no debes esconderla..., pero he pensado, que ya que eso está más que superado, porque lo está, ¿no?—Asentí lentamente. ¿Qué estaba diciendo?— Creo que... podemos convertir esto en algo bonito.
—¿Cómo?
—Con un tatuaje, amor— Apuntó al escaparate. El alfabeto chino. No entendía nada. 
Me cogió de la mano y entramos en la tienda. El tatuador nos miró sonriente. Instantes antes estuvieron hablando de mí, lo sabía. 
—Buena elección, Tomlinson—Me estremecí. Entre el cuerpo lleno de tatuajes y la voz rota que poseía no me daba demasiada buena espina. Louis me acarició con el pulgar la parte interna de la mano porque me notaba nerviosa. 
—Enséñaselo... —Susurró. El tatuador cogió un álbum y pasó raudo las páginas. Entonces me lo enseñó. 希望. O lo que es lo mismo, Hope—Miré a Louis sonriente.
—Es precioso. 
—En cuanto lo vi pensé en ti. Ya no solo porque sea tu nombre, sino porque no debes perder nunca, nunca la esperanza. 
—He de avisarte, nena, de que quizá te duela algo más la zona de la cicatriz, pero lo haré con suavidad—Dijo aquel hombre.
—Si te lo haces, me lo hago yo también— Susurró Louis. Suspiré. Me daba algo de miedo, pero sabía que Louis tenía razón y podríamos convertir una cicatriz en esperanza.

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