Finalmente consiguió convencerme para salir de casa. Me planché el pelo, me apetecía hacer algo diferente aquel día... Me puse una sudadera ancha gris, unos pitillos azul turquesa y mi queridísimo gorro de lana. Eso era lo bueno del invierno: los complementos. Durante el resto del año no era muy de complementos, no solía ponerme collares ni nada por el estilo, pero el inverno y los gorros son inseparables. En otras palabras, los gorros de lana son amor.
—Estás tan preciosa y tan rara con el pelo liso...—Dijo Louis cuando me vio.
—¿Te gusta?—Pregunté sonriente y ladeando la cabeza, Yo también me veía rara, pero a veces los cambios son buenos, ¿no?
—¿Hay algo en ti que no me guste?—Me rodeó la cintura con los brazos y sonrió.
—Seguro que sí...—Me besó la nariz.
—¿Estás lista?
—¿Para enfrentarme al frío aire invernal de ahí fuera? Pues no mucho..., pero al niño le apetecía salir—Me dio la mano y, con las llaves del coche en la mano, salimos de casa—¿A dónde me llevas?
—Ya lo verás...—Me senté en el asiento de copiloto mientras Louis quitaba la nieve acumulada del parabrisas. Se sentó a mi lado y conectó el limpiaparabrisas para impedir que la que ahora caía le complicara la visión de la carretera—En realidad podríamos haber ido andando, pero no quería que te helaras.
—Qué considerado...
Cinco minutos después estábamos aparcando el coche frente la puerta del italiano en el que cenamos la primera vez. Sonreí al recodar los hilillos de queso y la cita doble. Bueno, técnicamente no fue una cita, porque Louis tenía novia, pero...
—¿En qué piensas?
—En que no se nos dio tan mal la noche—Entramos y un camarero nos puso en una mesa al lado de la ventana.
—¿No? A ver, recapitulemos... Cenamos pizza y te volviste loca con el queso.
—Eso fue genial—Sentencié y rió.
—Después Harry te emborrachó a traición.
—Yo solo quería una cerveza...—Iba comentando todo lo que él decía haciendo muecas.
—Te entraron como cuatro o cinco babosos.
—¡Y tú te reías, desgraciado!—Nos trajeron la comida mientras hablábamos. Siempre pedíamos lo mismo a sí que ni siquiera tuvieron que preguntar. Pizza.
—En realidad estaba celoso..., pero tampoco podía hacer nada, quizás querías ligarte a alguno...
—Te dije que no quería bailar porque odiaba a los babosos...
—Bueno, al final te salvé...—Rodé los ojos. Al final—Ahora viene mi parte favorita de la noche: te besé. Pero lo estropeaste yéndote corriendo...
—Me perdí, y rompí los zapatos, fue maravilloso.
—Es que, ¿quién te manda salir corriendo?
—Y yo qué sé..., el instinto, supongo.
—Al menos logré encontrarte, sino es por mí no llegas a casa—Me sonrojé. Es cierto, me desvié demasiado...
—Me pusiste tu chaqueta... Que por cierto, aún la tengo entre mi ropa...
—Y te robé un beso antes de irme, eso fue increíble.
—Ves, en definitiva no se nos dio tan mal la noche...
Me preguntaba qué habría pasado si las cosas hubieran sido diferentes. Quizá si me hubiera acostado esa noche con Louis solo habría sido una noche... o quizá no. ¿Sabéis qué? Ni siquiera quiero pensarlo.
martes, 24 de diciembre de 2013
Capítulo 45.
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