domingo, 22 de diciembre de 2013

Capítulo 42.

Estuve pensando en lo que me comentó Chris aquella tarde. Quizá era cierto y lo que a Louis le pasaba era que no tenía nunca la iniciativa, pero eso era algo que iba a cambiar. No sabía muy bien cómo, pero lo iba a cambiar. 
Estaba terminando de ver una peli cuando Louis llegó del ensayo. Llegó al sofá, se sentó un lado y me dio un casto beso como saludo. Qué soso. 
—¿Sólo?
—¿Cómo que solo?—Sonreí lascivamente y me puse a horcajadas sobre él. Comencé a besarle, pero me frenó y se separó un poco—. ¿Qué te ha dado?—Rió, pero yo le ignoré por completo y seguí besándole— Para, Hope, ¿se puede saber qué te pasa?
—No, ¿se puede saber qué te pasa a ti?—Desistí y volví a mi sitio. Suspiré—. ¿Qué pasa? ¿Ya no me encuentras atractiva? ¿No te gusto? Normal, soy horrible, y una estúpida...
—¿Pero qué dices? ¿Estás loca?—¿Loca? Quizás. Sí, quizás lo estaba. Quizá lo estaba por pensar que tenía una fortaleza interior que en realidad no tenía. Por pensar que podría olvidar y sacar las dichosas voces de mi cabeza que seguían repitiendo una y otra vez que no servía para nada. Quizá lo estaba al creer que podría ser lo suficiente para alguien como él.
—¿Lo estoy?—Murmuré con voz rota. Tenía un gran nudo en la garganta y muchas ganas de llorar y ni siquiera sabía realmente porqué. 
—Lo estás por pensar esa serie de gilipolleces—Me puso una mano bajo la barbilla y me obligó a mirarle— No me gustas, Hope, me encantas, y no deberías dudarlo nunca. 
—¿Entonces qué coño te pasa? ¿Por qué estás tan gruñón últimamente? Diría que es porque no follas, pero no follas porque no quieres—En ese instante empezó a reír como si le fuera la vida en ello—. ¡Pues yo no le veo la gracia!—Gruñí. 
—Siempre me ha hecho gracia que hablaras mal porque al ser tan pequeña y adorable no te pega.
—¡Eres tan idiota! Mira, ¿sabes qué?, olvídalo—Acabé frustrada, enfadada y sin más ganas de discutir. Me di la vuelta dispuesta a ir a la habitación y meterme en la cama a estar sola hasta que se dignara a venir. Pero a lo que me giré, Louis me cogió, me giró y me besó. 
—Tú si que eres idiota... —Murmuró contra mis labios—. Sé que he estado algo seco últimamente, pero no es culpa tuya. Y no has dejado de atraerme, no sé cómo has podido pensar eso...
—Me... Me has rechazado... Ahora... En el sofá...—Aparté la mirada. Nunca me había sentido tan humillada—Yo...
—No te he rechazado—Me interrumpió. 
—Te has apartado...
—Me he sorprendido. Nunca has sido tan... fogosa porque sí. 
—Yo creí... que te parecía aburrida—Sonrió divertido, pero sabía que lo hizo con todo su amor—. Que te habías cansado de llevar siempre la iniciativa... ¿No te ha gustado?
—¿Aburrida?—Ladeó un poco la cabeza y me observó—. Y no, no me ha gustado...—Me abrazó más fuerte y cuando movió las caderas ahogué un grito. Sí, le había gustado, y mucho. Su sonría se hizo más amplía y comenzó a acariciarme la espalda por debajo de la camiseta. Su boca se acercó a mi cuello y me estremecí—. Debes prometerme que la próxima vez que hagas algo así, que espero que lo hagas, no será por miedo ni por inseguridades.
—No puedo evitarlo...—Dije con voz entrecortada, ya que, a pesar de la conversación, sus labios seguían torturándome.
—Tienes que evitarlo, porque tú eres mía y yo soy tuyo—Poco a poco fuimos acercándonos al sofá hasta que me puso con cuidado sobre él—Y eso nadie va a cambiarlo—Susurró—Ni siquiera esas estúpidas voces que tienes en la cabeza.

[…]

Acabamos tapados con una de las mantas que había en un brazo del sofá. Podría haberme pasado con sus brazos a mi alrededor, sus dedos subiendo y bajando por mi brazo a modo de caricias y su vista fija en mí. Podía notarla aunque no le estuviera mirando. Levanté la vista y sonrió ampliamente. 
—Hola—Susurró—, pensaba que estabas dormida.
—Llevo un rato mirando hacia la ventana—Susurré y mi vista volvió a un punto fijo sobre la nieve—Es agradable sentir que fuera hace un frío para morirse y estar aquí sólo con una manta. Desprendes un calor un calor increíble, ¿lo sabías?—A pesar de todo lo que había dicho me estremecí de un escalofrío. 
—¿Quieres que nos vistamos?—Negué con la cabeza. 
—Quiero que me abraces más fuerte. 
Cuando lo hizo descansé la cabeza sobre su pecho y suspiré, contenta. Fue increíble como me había tratado momentos antes. Sus actos eran entre dulces y salvajes y habían conseguido derretirme en tan solo unos segundos. Louis apoyo la barbilla sobre mi cabeza y me besó el pelo.
—Eres preciosa—Susurró. Volví a mirarle—, y más cuando me miras así como si fueras un pequeño gatito tigre de otros verdes. Odio que te valores tan poco. Eres demasiado increíble para que te atormente algo que no es cierto.
—Louis, se encargaron de hacerme ver que no valía para nada—Miró hacia otro lado, incómodo. 
—Por eso mismo, para demostrarles a ellos y sobretodo a ti misma que se equivocaban—Bajé la cabeza, intentando evitar el tema y le besé el pecho. Me encantaba su tatuaje «It is what it is», que descansaba en esa zona. Bueno, quizás no solo me encantaba. Me ponía, mucho—Tienes que quererte más...
—Si alguien como tú lo hace, podré llegar a hacerlo yo también. 
—Hasta hace un rato dudabas que lo hiciera...
—Tenía miedo de perderte.
—¿Sabes eso que dicen de que la esperanza es lo último que se pierde?—Le miré, perpleja—. Eso significa que no voy a perderte nunca— Reí.
—Técnicamente significa que seria lo último que perdieras...
—Ya, pero no voy a dejar que pase—Me besó la nariz y reí más. Era idiota, pero era mi idiota y no lo cambiaría por nada—¿Sabes por qué me gusta tu risa? Porque te veo feliz. Me gusta verte feliz y siempre estaré dispuesto a hacer las tonterías necesarias para que nunca dejes de reír.

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