martes, 26 de febrero de 2013
Capítulo 10
- ¿¡Mi qué!? Es una broma, ¿verdad? - No acabada de creérmelo. No, no podía creérmelo. Tenía que ser una broma de mal gusto.
- Alexia... No es ninguna broma. - Dijo Niall, incapaz de mirarme a los ojos.
- ¡Niall, no tiene ni puta gracia! Basta ya. - Se me saltaron las lágrimas. Algo me decía que no era broma.
Luego recordé algo. Mis sueños... ¡era él! Él quería apartarme de Zayn. - ¿Quién eres tú, que coño pretendes y cómo he podido soñar contigo sin ni siquiera conocerte? - Dije de pronto. Todos me miraron sorprendidos. Niall empezó a llorar. Me partía el corazón verlo así. Estaba segura de que había algo más que no me contaban.
- ¡Joder! - Gritó mi padre. - Alexia, lo siento por todo. Yo solo quería cuidarte lo mejor que he podido. Pero lo cierto es... que es él es tu padre. - Suspiró. - Tienes que irte con él a Londres.
- ¿Qué? ¿Por qué? - Me quejé. - No quiero.
- Tienes que hacerlo. Eres mi hija.
- En dos días soy mayor de edad, podré hacer lo que me dé la gana.
- Es cierto, serás mayor de edad, pero tengo muchas cosas que enseñarte.
- Alexia, vamos a preparar tus cosas... Yo te lo explico.
- No, Niall, nosotros... - Empezó a decir mi padre.
- Vosotros nada. - Dijo molesto. - En vez de explicarle bien las cosas le estáis haciendo daño con las rivalidades estúpidas de siempre. Madurad un poquito por favor. Esto es muy duro para todos. ¡Por mucho que digáis es mi hermana, joder!
Me cogió de la mano y me llevó a mi dormitorio. Ahí fue donde supe toda la verdad.
Mary Gallagher fue una de las magas más importantes del mundo. Conocida también por ser la pareja sentimental de Louis William Tomlinson, el mago más poderoso. Mary lo tenía todo, bueno, casi todo. Lo que realmente quería era una vida normal, tener hijos normales que no sufrieran lo que ella había sufrido. En ese momento de su vida apareció Henrie Horan, el hombre perfecto para llevar una vida normal. Pero de pronto volvió a verse con William, y entre arrebatos de pasión nací yo. Supuesta Horan, pero lamentablemente no lo era. Era maga de pura cepa y por ello mi madre se suicidó cuando se enteró de que me había condenado eternamente. Por aquel entonces yo era una inocente niña de dos años, sin madre, con un padre postizo y con unos poderes que estaban empezando a desarrollarse. Entre ellos, los sueños. Pequeñas visiones que tenía que aprender a interpretar.
Solo había una cosa que no lograba entender. ¿Qué tenía Zayn que ver en esto?
Al día siguiente estábamos en Londres. Estaba claro que no me quedaba otro remedio. Supuestamente tenía que enseñarme a controlar mis poderes y entre ellos, a interpretar mis sueños.
Llegamos a una casa enorme con unas preciosas escaleras de mármol. Louis me llevó al salón y me hizo sentarme. Lo cierto es que empezaba a sentir que podríamos llegar a llevarnos bien.
- No llegarás a llamarme papá, ¿verdad?
- De momento no, no creo que pueda.
- Entiendo... ¿quieres conocer a mi hijastro?
- Claro, cómo quieras. - Aunque lo cierto era que me era totalmente indiferente.
- Hijo, ¿puedes bajar? - Dijo hablándole a una especie de interfono. Cuando bajó y me di la vuelta me encontré con quien menos pensaba hacerlo. Zayn estaba ahí.
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