miércoles, 27 de febrero de 2013

Capítulo 11


¿Qué coño hacía Zayn ahí? Espera, había dicho ¿¡hijastro!? ¿Qué significaba todo eso?

- Alexia, te presento a Zayn, mi hijastro. Aunque creo que ya lo conoces. - Sonrió cínico. Zayn me miraba como disculpándose.  - Déjame que te lo explique, pequeña. Aquí donde lo ves, Zayn es una persona normal, pero él quería ser especial. Quería tener poderes. Y ahí es donde entras tú. - Le miré confundida. - Debía enamorarte tanto, que cuando él se marchara hicieras cualquier cosa para conseguir olvidarle.
- No entiendo... ¿qué tiene que ver nuestro amor con los poderes?
- ¿Nuestro? Lo de Zayn era más bien interés, y supongo que atracción física. No creo que le haya supuesto ningún suplicio conquistarte, preciosa. - Me estaban dando arcadas. - Cuando controles tus poderes podrás olvidar todo el daño que te ha hecho, ¿no es genial? Y a su vez, él conseguirá los suyos.
- ¿Y tú dices ser mi padre? Eres un ser rastrero. ¿Te divierte esto? - Se estaba riendo de mí, eso era surrealista.
- Lo divertido es que me ataques a mí cuando fue él quien aceptó destrozarte. Jugó contigo por unos poderes. Qué feo está eso, ¿no? - Tenía un toque de maldad en sus ojos.
- Alexia, no le hagas caso, por favor. - Zayn me cogió del brazo para que le mirara a los ojos.
- Cállate. - Me solté del brazo y fui corriendo al que sería mi nuevo dormitorio. Y, por fin, rompí a llorar.

Todo había sido mentira. Sus besos, sus caricias, sus abrazos. Hasta sus "te quiero"  que parecían sinceros a priori, todo había sido una puta mentira. Me sentía estúpida. Había conseguido enamorarme como prometió hacerlo. A toda costa.
Y lo peor es que pensé que Louis podría ser buena persona. Pero me equivoqué. Era frío, calculador, y, sobretodo, capaz de cualquier cosa por conseguir lo que se propone. Incluso destrozar a su propia hija.

~ Narra Zayn.

La había cagado. Pero la había cagado desde el principio. Sabía que no creería nada de lo que le dijera. Y todo había sido culpa de Louis. Incluso que yo me hubiera enamorado de Alexía, era en gran parte culpa suya.

- ¿Por qué lo has hecho? ¡La has destrozado!
- No, tú la has destrozado. - Recalcó ese "tú" de una manera tan directa que se me clavó en el corazón como un puñal.
- ¿¡Y tú qué coño sabrás!? Le has dicho que no la quería cuando no tienes ni puta idea. Yo la amo, ¿vale? ¡Me enamoré de ella!
- No fue por amor por lo que te acercaste a ella.
- Ya lo sé y me arrepiento de que lo nuestro no pasara en otras circunstancias  pero podía haber funcionado y tú lo has jodido todo.
- No pienso permitir que mi hija esté con un traidor. Al menos no más tiempo del necesario.
- ¡Eres un puto hipócrita! No eres el más indicado para llamarme traidor. ¿Por qué no le cuentas lo que eres capaz se hacer para tener un puto heredero a tu 'trono'?
- Cállate.
- ¡Ella tiene derecho a saber lo que le hiciste a...
- ¡He dicho que te calles! - Me interrumpió. - No te conviene hablar más de la cuenta, o sino deberás atenerte a las consecuencias. - Si eso era una amenaza no me importaba, lo único de lo que tenía miedo ya había pasado. Había apartado a Alexia de mí. Ya no podía hacerme nada, a no ser... - Te recuerdo que no tengo escrúpulos. Y tú tienes un punto débil con nombre y apellidos.
- No le harás daño... ¡Es tu hija, maldita sea! - Lo que acababa de decir no tenía sentido. Era cierto, él no tenía escrúpulos. Si era capaz de destrozarle el corazón para que aprovechara al máximo sus poderes. ¿De qué más sería capaz?
- Eso depende de ti. - Respondió a mis pensamientos. - Por el momento te quiero lejos de ella el suficiente tiempo para que pueda aprender lo máximo posible. Después podrás tirártela las veces que te dé la gana, eso ya no me importa. Claro, si ella no ha decidido destruirte antes, cosa que dudo. La gatita tiene genio. Seguro que es una diosa en la cama. ¿Qué dices?
- Qué asco me das. - Dije antes de ir en dirección a su habitación. Necesitaba hablar con ella. Aunque fuera la última vez.
- No me has contestado, pero me lo tomaré como un sí. - Oía las risas de Louis de fondo. - Es una pena no tener 20 años menos.

Llegué a la habitación y allí estaba, tirada en la cama, hecha una bola, abrazándose las piernas y sollozando en silencio. Se la veía tan indefensa. Me rompía el corazón verla así, pero lo que más me dolía era que encima era por mi culpa.

- Sirena, yo...
- Vete. - Ni siquiera se molestó en mirarme.
- Te debo una explicación. - Esta vez sí me miró. Con odio, con rabia  Si las miradas matasen habría muerto veinte veces antes de tocar el suelo. Tenía los ojos hinchados y rojos. Y las mejillas indundadas de lágrimas. Quería acercarme y abrazarla. Quería pedirle perdón, decirle que la amaba, que todo estaría bien. Pero no lo hice. Sabía que saldría herido, tanto física como sentimentalmente. Cuando Alexia se enfadaba sacaba las uñas, literalmente y aunque en otras circunstancias fuera de lo más excitante  Si se enfadaba más te valía correr a seguir en la misma habitación que ella.

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