martes, 5 de marzo de 2013

Capítulo 2. (Segunda Temporada)


Esa noche me llevó a cenar a nuestro restaurante. La primera vez que vine aquí me di cuenta de que podría verle como algo más que un amigo. La siguiente acepté que lo fuera. Y esa noche, nueve años después, me esperaba una sorpresa importante, por lo nervioso que veía a Harry.

- Bueno, amor, ¿qué es eso tan importante que tienes que decirme?
- Todavía no. No seas tan impaciente.
- Harry, sabes que la paciencia no es lo mío. Por favor, dímelo ya si no quieres que muera de los nervios. 
- Después del postre.
- Harry... - Me quejé.
- La espera vale la pena, nena. - Siempre salía con esa frase para todo.
- Te odio Styles. - Dije sacándole la lengua como una niña pequeña. Él puso cara de ofendido y sonrió divertido.
- Lo sé pero yo te amo, Horan.  - Me guiñó un ojo. - Oye, ¿y por qué siempre que te enfadas conmigo me llamas por mi apellido?
- Buena pregunta. - Reí.


Por fin habíamos terminado los postres y Harry seguía posponiendo eso que tenía que decirme. Me estaba poniendo de los nervios. ¿Qué estaba tramando? De pronto paró en seco. ¿Había llegado el momento?

- ¿Qué pasa? 
- Voy a vendarte los ojos. - Sacó del bolsillo un largo pañuelo negro. - Date la vuelta. - Qué miedo me daba eso. -  Luego usaré este pañuelo para otra cosa. - Me susurro con voz seductora al oído y yo me puse color escarlata.
- ¡Harry! - Le di un pequeño codazo en la tripa.
- ¡Au! Eres una mal pensada. - Rió. - Yo me refería a... a... a... Eres una mal pensada.
- Y tú un idiota. - Reímos.
- Anda vamos y no me obligues a llevarte en brazos.


Andamos, no soy consciente durante cuánto tiempo. Solo sé que llegó un momento en el que era un recinto cerrado y nos estábamos moviendo. ¿Qué era esto? 
Harry me quitó la venda y ante mí estaba toda la ciudad de Londres iluminada. Estábamos en el London Eye. 
Yo observaba maravillada la cuidad y Harry dejó de rodearme con los brazos. Cuando me di la vuelta para mirarle estaba con una rodilla hincada en el suelo y mirándome fijamente.


- Quiero que Londres entero sea testigo de esto. - Sacó una pequeña cajita de su bolsillo. - Alexia, ¿quieres casarte conmigo?

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