martes, 4 de junio de 2013

Mi niñera es un problema.

Capítulo 1.

- ¡Ya estoy harta! - Grité. - Me voy de casa. - Dije antes de dar un portazo.
- Claro que sí. Pero no te olvides de recoger tu habitación.

Mis padres nunca se tomaban en serio esa amenaza, pero por una vez era verdad.
Cansada de que siempre estuvieran echándome absolutamente todo en cara, compré un billete de avión a Londres para ese mismo día.
No tenía mucho dinero ahorrado pero lo que tenía lo usaría para sobrevivir hasta que consiguiera un trabajo allí. Aunque tuviera que ser sirviendo mesas.
Seguro que conseguir trabajo allí no sería más complicado que hacerlo en España.

Esa noche, mientras mis padres dormían, saqué la maleta ya hecha desde hace varios días, de debajo de la cama y marché hacia el aeropuerto.

Seis horas después, a las ocho de la mañana ya estaba pisando suelo británico. Encontré una pequeña pensión, triste, sombría, pero lo más barata posible. No aguantaría mucho ahí. Necesitaba encontrar un trabajo cuanto antes, pero lo que de verdad necesitaba en ese momento era dormir.

~~~

- ¿Dónde estás, Sophia? - Gritó mi madre al otro lado del teléfono.
- Lejos. - Me limité a decir. - Me he ido, ¿no era eso lo que queríais? ¡Dejadme en paz ya!

Colgué el teléfono. Suspiré. No me creían capaz de nada. Y eso era de lo que estaba cansada.
Me lavé la cara y salí a dar una vuelta por las calles de Londres. Llenas de gente, pero todo tan diferente a lo que estaba acostumbrada.

Me senté en un banco del parque más cercano. Estaba cansada de todo. Ni yéndome lejos lograba dejar de pensar en que no servía para nada.

Suspiré y cerré los ojos. Dejé el tiempo pasar mientras escuchaba música desde mi móvil. El aleatorio en ese momento decidió poner "Troublemaker" de Olly Murs. Nada más acertado, estaba claro que yo siempre había sido un problema.

Me levanté del banco de pronto y casi me llevo por delante a una niña rubia monísima que se puso a llorar.

- Perdona. - Me agaché. - No llores. Lo siento, cielo. - Me miró algo asustada con los ojos rojos.
- ¡Lux! - Gritó una voz ronca. - ¿Es que no miras por dónde vas?
- Yo... - Me levanté y me encontré con unos preciosos ojos verdes. Unos ojos que no parecían de este mundo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario