sábado, 13 de julio de 2013

Capítulo 20

*Narra Rox.

Seguía llorando. Había sido una estúpida. Había creído que Louis me queria. Y lo hacía, me quería. En su cama. Me había hecho ilusiones. En algún momento había llegado a pensar que lo nuestro era real.

De pronto sentí unos golpes en la puerta.

- Seas quien seas déjame en paz. - Grité. - No quiero hablar con nadie. - La puerta se abrió y Louis entro. - ¿No me has oído? - Me quité las lágrimas de las mejillas. - He dicho que no quiero hablar con nadie y menos contigo.
- Rox, no me montes ningún numerito. - Dijo frío. - ¿Ya le has ido con el cuento a mi hermana?
- ¿Cuento? - No podía creer lo que acababa de oir. - ¿Sabes lo que pasa? Que dormimos juntas. Si ayer no hubiera entrado llorando no se habría enterado de nada, pero alguien me hizo llorar.
- ¿Sabes lo que pasa? Que a mí alguien me dejó con las ganas. - ¿Cómo podía ser tan...? Gilipollas. Sí, esa era la palabra.
- No entiendes nada. - Me di la vuelta. - Vete.
- No sin antes hablar.
- Ya está todo dicho, Louis. - No podía mirarle. Me negaba a llorar más. - Ayer te calente y me fui sin más, porque a mí no me afecta nada. ¿Es eso lo que quieres pensar? Pues adelante.
- ¿Me dejas hablar? - Me callé. - ¿Por qué te fuiste? Me dijiste que eras virgen, te lo compense, intenté ir despacio...
- No todo en la vida es sexo, Louis.
- Pero al principio querías, te gustó lo que te hacía. ¿Por qué me paraste?
- Lo dijiste tú, estoy esperando al chico correcto. - Una lágrima bajó por mi mejilla. - Y ayer me demostraste que no eres tú.
- Ayer me enfadé, Rox. Pero yo...
- Tú solo me quieres en tu cama. - Le miré. - ¿Cómo vas a ser el chico correcto si ni siquiera sé qué sientes por mí? Si ni siquiera sé qué coño somos.
- ¿Crees que no te quiero? ¿Crees que estaría aquí si no te quisiera, si no me importaras?
- No lo sé, ¿qué se supone que estás haciendo aquí?
- Rox... - Se sonrojó. - ¿Quieres ser mi novia?

*Narra Harry.

María estaba muy pero que muy bien. Además era dulce, amable y muy agradable. No era como las tías con las que solía salir y eso la hacía especial.

Quizás había llegado el momento de... enamorarse.

¿Qué dices Harry? Tú no te enamoras.

Pero con María quería hacer las cosas bien. Despacio.

Ari me cogió del brazo y nos metió en mi habitación. La cogí por la cintura y la acerqué a mí.

- ¿Estás juguetona, mocosa? - Me dio un empujón alejándome de ella.
- ¿Qué haces? Quita.
- Has venido tú. - Me excusé.
- Sí, pero he venido a hablar.
- ¿Hablar?
- Sí, hablar. ¿Qué pasa, nunca has hecho eso con una chica?
- No en mi habitación. - Rodó los ojos. Reí. - Era broma. Pero llevas desde la fiesta ignorándome, por eso me extrañaba.
- Eso no es del todo cierto.
- Ay no. - Dramaticé. - No me digas que te has enamorado de mí. - Sonreí.
- Más quisieras, Styles. - Me encantaba hacerle rabiar. - No vengo a hablar de mí, vengo a hablar de María. ¿Te gusta?
- Y a ti qué más te da, eso es cosa mía.
- Contéstame. - Gruñó.
- No tengo porqué hacerlo. - Me crucé de brazos.
- Escúchame, Harold - me apuntó con el dedo -, María es muy sensible, y se enamora con facilidad. Como le hagas daño intencionadamente o no te juro que te mato. - Tragué saliva, he de decir que a veces me daba miedo.
- No te preocupes, Ari. - Dije. - Ella sí me gusta.

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