*Narra Harry.
La noche se nos echó pronto encima. No sabíamos que hacer. No fuimos de fiesta porque todos estábamos cansados. No vimos una peli porque las chicas estuvieron recogiendo sus trastos y cada una terminó a una hora. Pero ahora que ya estábamos todos en el salón seguíamos sin hacer nada.
- Echamos un Trivial. - Dije por decir algo. Todos me miraron mal. - Estamos muertos de asco...
Parece que la idea no gustó. Realmente a mí tampoco, pero siempre se podrían cambiar las reglas. Cada vez que se fallaba, una prenda menos. Sería un streaptrivial.
Sacudí la cabeza. El aburrimiento me sentaba mal.
Sacudí la cabeza. El aburrimiento me sentaba mal.
Niall se terminó el botellín de cerveza y tras ponerlo en la mesa este se cayó y se puso a girar.
Todos lo observamos en silencio.
Todos lo observamos en silencio.
- ¿Jugamos a la botella? - Preguntó Louis.
- ¿A la botella? - Preguntó su hermana.
- ¿Por qué no? Así recordamos viejos tiempos. - Se encogió de hombros. - Todos hemos jugado alguna vez, ¿no?
- Yo lo veo bien. - Dijo Bea.
- Va. Sentaos en círculo.
- ¿A la botella? - Preguntó su hermana.
- ¿Por qué no? Así recordamos viejos tiempos. - Se encogió de hombros. - Todos hemos jugado alguna vez, ¿no?
- Yo lo veo bien. - Dijo Bea.
- Va. Sentaos en círculo.
Nos sentamos en el suelo, y bajamos un poco la intensidad de la luz de la sala para que fuera más íntimo. Era un poco infantil pero era buena manera de conocernos algo mejor.
- Primero pongamos las reglas. - Dije. - El beso tiene que durar mínimo 30 segundos, sino no vale. - Hecho. - Dijo María. - ¿Y el tipo de beso?
- Cada uno como quiera.
- Y otra cosa más - añadió Ari -, chicos con chicas, chicos con chicos y chicas con chicas. Aquí vale todo. Porque os conozco y sé que si alguno de vosotros le toca otro de vosotros no va a querer.
- No, eso no.- Dijimos todos a la vez.
- Ah. - Sonrió. - Es azar.
- No, eso no.- Dijimos todos a la vez.
- Ah. - Sonrió. - Es azar.
No nos podíamos librar de esa regla. Todas las chicas rieron.
El primero en tirar fue Liam.
La botella giró y giró y terminó parando en dirección a María.
La botella giró y giró y terminó parando en dirección a María.
Ari frunció el ceño. Y yo sonreí internamente. A Ari le gustaba Liam.
Treinta segundos después de algo que no pasó más de un simple roce de labios. Liam era muy soso a veces.
"No me parece bien, no la conozco de nada...", dijo como excusa.
Llegó mi turno. Giré la botella con ansia.
Recé todo lo que supe para que no parara en dirección a alguno de los chicos. Sería incómodo.
Recé todo lo que supe para que no parara en dirección a alguno de los chicos. Sería incómodo.
La botella giró hasta que apuntó a Ari. Sonreí.
Ella la miró alucinada y negando con la cabeza.
- No, no, no. No pienso besar a Harry.- Yo reí.
- ¿Tanto miedo me tienes? - Me burlé.
- No pero...
- El azar. - Le sonrió una de sus amigas. Las fulminó con la mirada y se acercó a mí.
- Acabemos con esto cuanto antes.
- ¿Tanto miedo me tienes? - Me burlé.
- No pero...
- El azar. - Le sonrió una de sus amigas. Las fulminó con la mirada y se acercó a mí.
- Acabemos con esto cuanto antes.
Se abalanzó sobre mis labios. Me trataba mal, era borde conmigo. Pero de este verano no pasaba. Iba a acabar en mi cama.
Le cogí de detrás del cuello y la acerqué más a mí.
Con mi lengua me abrí paso entre sus labios. Para no querer besarme se dejó llevar con rapidez.
*Narra Rox.
Todos nos quedamos mudos al ver cómo se devoraban el uno al otro.
Louis fingió toser.
Louis fingió toser.
- Ejem, ejem. Ha pasado de dos minutos. Podéis separaros ya.
Ari se separó sonrojada y le pegó una bofetada con todas sus ganas. El pobre Harry se llevó la mano a la mejilla y le miró con los ojos abiertos.
- Solo era un besito de 30 segundos. No tenías que besarme así, imbécil.
- Tampoco has hecho nada por apartarme. - Bufó.
- Tampoco has hecho nada por apartarme. - Bufó.
El siguiente en tirar fue Louis. La botella apuntó a Bea que sonrió ampliamente. Me revolví en mi sitio. No quería ver eso. Pero tampoco aparté la mirada.
A Louis no le hacía especial ilusión pero como fue idea suya no protestó. Bea le besó con ansia. Como siempre hacía. Y a mí me estaban dando ganas de matarle.
Observé el reloj y pasó un minuto y aun no se había separado.
- ¡Bueno ya valdrá, ¿o qué?! - Grité de repente.
Se separaron y todos se me quedaron mirando sorprendidos. Yo quería que la tierra me tragase. ¡Qué vergüenza! No debería haber dicho nada.
No hay comentarios:
Publicar un comentario