jueves, 18 de julio de 2013

Capítulo 24.


*Narra María. 

Cuando llegamos a la playa, Harry tiró su camiseta a la arena y fue corriendo hacia el agua hasta que se tiró como si fuera un crío. Yo le observé en silencio, sonriendo. Viendo como se le marcaban los músculos de la espalda cada vez que daba un par de brazadas. 

No era posible que alguien como Harry fuera real. Demasiada perfección en una sola persona. De pronto Harry me vio observarle y sonrió. 

- ¿Vienes o no? - Gritó. - No me hagas ir a buscarte. 
- ¡No eres capaz! - Le reté. 
- ¿Qué no? - Salió corriendo y me cogió en brazos. Estaba mojado y muy frío, pero en ese momento me daba igual, estaba en sus brazos. 
- No, Harry, bájame. - Aunque no quería que lo hiciera. Me pasaría la vida así. 
- Sus deseos son órdenes, princesa. - Dijo cuando llegamos a la orilla, y me soltó haciendo que me golpeara el trasero con la arena y me mojara entera. Se fue riendo y corriendo hacia una zona algo más profunda. Me levanté y fui tras él.
- ¡Me las pagarás, Styles! - Salte sobre su espalda y me cogió a corderetas. Aprovechó eso a su favor y nos hundió en la agua. - Te odio. - Grité cuando salí de está. 
- No mientas, - Me sujetó por las muñecas. - Me adoras. - Cada vez estábamos más juntos. Notaba su aliento sobre mis labios y a mí me costaba respirar. Y cuando creía que iba a besarme...

Me hizo una última ahogadilla que me hizo tragar agua y toser como nunca había tosido. 

Harry se empezó a reír.

-  No tiene gracia.
- Lo siento. - Dijo aun entre risas. - ¿Estás bien?
- En serio, Harry, no es gracioso. - Le miré mal y me salí del agua. 

Creía que iba a besarme, me sentía estúpida. Quería huir de ahí. 

No quería, pero Harry vino detrás de mí.

- Vamos, María no te enfades. - Me cogió del brazo y me giró para que le mirara. - Era solo una broma...
- No me enfado es que... - Creí que ibas a besarme y me quedé esperando como una idiota.
- ¿Qué...?
- Nada, olvídalo.

Suspiré y me tumbé en la toalla. Harry se sentó en la suya a mi lado. Lo observé un rato, era el momento perfecto para preguntarle lo que llevaba un rato rondándome la cabeza.

- ¿Tienes algo con Ari? - Me miró sorprendido. Quizá había sido muy directa.
- ¿Por qué? - No me contestó. Me incorporé y me senté a su altura.
- Por lo de antes. Hablabais muy animados y como os... Bueno, eso.
- Nos acostamos. - Dijo mirándome a los ojos.- ¿Te molesta?
- ¿Debería?
- Tú sabrás. - Miró hacia otro lado. - Eso es cosa nuestra, pero ella es tu amiga, ¿te ha dicho que estámos saliendo o algo?
- No.
- María, no me gustan los celos. - Se levantó, recogió la toalla y se fue.

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