*Narra Ari.
Estaba sentada en el enorme columpio que instalaron en el porche cuando era pequeña.
Uno de esos con cojines, como en las películas.
Empecé a balancearme con suavidad mientras observaba la intensidad de las estrellas. Allí arriba. Infinitas sobre el firmamento.
Ahí desde donde, supuestamente, te observaban tus seres queridos cuando ya no estaban contigo. Reí amargamente. ¿De verdad estás observándote todo el día? Eso era una tontería.
Se van. Para siempre. Y te dejan sola. Tan sola como me sentía yo en ese instante.
Se oía cómo hablaban desde dentro, y aunque no les entendía estaba segura de que nadie me echaba de
menos en ese instante. Me había costado asumirlo, pero ya estaba decidido.
Suspiré.
Será lo mejor. Dejaré de ser un incordio. Dejaré de amargarles y de amargarme.
En ese momento alguien salió de la casa. No quería mirar quién era, no quería saberlo.
- ¿Qué haces aquí? - Me preguntó Liam mientras se sentaba en el columpio a mi lado.
- Quería tomar el aire. - Me limité a decir.
- ¿Qué te pasa, Pitufina?
- Nada...- Mentí.
- Quería tomar el aire. - Me limité a decir.
- ¿Qué te pasa, Pitufina?
- Nada...- Mentí.
Me conocía bien. Sabía que no tenía la necesidad de mentirle, pero aun así lo hice.
De pronto algo se iluminó, un fogonazo. Una luz naranja que brilla, se desvanece y vuelve a brillar. Se encendió un cigarrillo.
- ¿Desde cuándo fumas? - Pregunté.
- ¿Y tú? - Señaló con la cabeza hacia mi mano.
- ¿Y tú? - Señaló con la cabeza hacia mi mano.
Ni siquiera me había dado cuenta de que me lo ofreció. Me encogí de hombros y me lo llevé a los labios.
Sorprendentemente no tosí al hacerlo.
No me gustaba el aroma, ni el sabor. Pero era relajante ver cómo se iba consumiendo y como el humo se mezclaba con el aire hasta prácticamente desaparecer. Porque yo me sentía igual. Me estaba consumiendo, pero nadie se daba cuenta.
- Voy a volverme a Doncaster. - Dije sin más.
- ¿Qué?
- He salido de la casa hace dos horas y nadie le ha dado importancia.- Le miré. - Además están todos en plan parejitas, yo sobro.
- No sobras.
- Claro que sí, Liam. Sin mí sois cinco y cinco, está claro que sobro. - Me levanté del columpió y bajé los escalones del porche.
- Ari, no sobras. - Me cogió de la muñeca y me giró. - Para mí sobrarían todos menos tú.
- Pero... - Me besó. Así de repente.
- No te vuelvas a casa - me miró a los ojos -, no me dejes solo.
- ¿Qué?
- He salido de la casa hace dos horas y nadie le ha dado importancia.- Le miré. - Además están todos en plan parejitas, yo sobro.
- No sobras.
- Claro que sí, Liam. Sin mí sois cinco y cinco, está claro que sobro. - Me levanté del columpió y bajé los escalones del porche.
- Ari, no sobras. - Me cogió de la muñeca y me giró. - Para mí sobrarían todos menos tú.
- Pero... - Me besó. Así de repente.
- No te vuelvas a casa - me miró a los ojos -, no me dejes solo.
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