Para mi sorpresa no era Harry el que había llamado, sino Oriol. Cuando llegué al portal quería darme la vuelta, pero él ya me había visto.
- ¿Qué haces aquí? - Pregunté enfadada.
- Hola, nena. - Se acercó a mí pero lo impedí. - ¿No me vas a dar un besito de buenos días?
- No.
- Yo creo que sí. - Me cogió de las muñecas y las puso a mi costado impidiendo así que le alejara de mí y me besó.
- ¿Por qué siempre que vengo a buscarte me encuentro con el baboso este metiéndote mano? - Preguntó Harry enfadado a su espalda.
- ¿Otra vez tú? - Preguntó Oriol divertido. - ¿Te supo a poco la última vez?
- Basta. - Cogí a Oriol del brazo y me puse entre ellos. - Ya basta. Déjame en paz de una maldita vez. Deja de llamarme. Deja de aparecer siempre en el momento mas inoportuno, joder.
- ¿Quién es este tío y por qué habla en inglés?
- No es asunto tuyo.
- Es con el que tuviste el desliz, ¿verdad?
- Harry es mucho más que un desliz. - Escupí. - El desliz fuiste tú. Ni siquiera sé que te veía de especial.
- Te volvía loca. - Me acercó a él. - Y sabes bien cómo.
- Me das asco. - Harry gruñía detrás de nosotros. Estoy segura de que no entendió ni una sola palabra pero entendía la situación.
- Eres mía, ¿lo entiendes? - Gritó. - Déjaselo claro al niño guapo este. Eres mía. - Repitió antes de marcharse.
Estaba temblando. Solo situaciones de extremo nerviosismo conseguían hacer que me pusiera a temblar. Quería llorar, quería gritar, quería golpear algo, pero para variar acabe de rodillas en el suelo a punto de desmayarme. Me costaba respirar, se me nubló la vista. No podía más.
- ¡Trouble! - Me ayudó a ponerme de pie. - ¿Estás bien? - Negué con la cabeza. - ¿Has desayunado?
- No.
- Vamos a desayunar ahora mismo.
- No tengo hambre.
- Trouble. - Me advirtió.
Simplemente asentí. No tenía ganas de discutir siendo que acabaríamos yendo igual.
Fuimos a una cafetería cercana, no solía ir mucha gente, por lo que no creí que fueran a reconocerle, así que podríamos estar tranquilos.
Harry pidió por mí y me obligó a comerme un cruasán y un café con leche.
- ¿Comes bien?
- ¿Qué?
- Tus mareos. ¿Estás bien? Estoy seguro de que has perdido peso.
- Los ensayos de teatro, y los nervios me cierran el estómago. Es solo eso.
- Tienes ansiedad. - Dijo sin más. - ¿Qué quería?
- ¿Oriol? - Asintió. - No va a dejarme en paz. Ayer cuando te colgué pensaba que estaba hablando con él. Yo... jamás te diría que me dejases en paz. - Bajé la mirada al poco café que me quedaba. - Ayer cuando fui al hotel quería explicártelo... No sé qué me pasó.
- No te preocupes por eso ahora...
- Ya no sé qué hacer Harry. - Suspiré. - No sé qué hacer para que me deje en paz.
- Yo sí. - Me hizo que le mirara. ,- Vente conmigo a Londres.
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