sábado, 3 de agosto de 2013

Capítulo 40 (Maratón 2/4)

*Narra Ari

Se acababa el verano. Pronto todos nosotros tendríamos que volver a la realidad. Una realidad a la que habríamos de enfrentarnos en soledad.

Unos tenían pensado ya un futuro. Otros simplemente volveremos a lo de siempre. Doncaster.

Encerrada en una ciudad pequeña. y viendo como se consumen mis sueños poco a poco sin llegar a alcanzarlo. 

Eso es lo que me esperaba en una semana. Eso, mientras mis amigas salían de ahí y poco a poco cumplen los suyos. 

- Me das miedo. - Se le veía muy contento y sonriente. Era demasiado adorable cuando se ponía así.
- He hablado con Cassie, ¿te acuerdas de que mi prima trabajaba en una editorial? - Asentí. - Adivina a quién he hablado de ti.
- ¿Qué quieres decir...?
- No voy a preguntarte que si quieres cumplir tu sueño porque eso es más que obvio. - Sonrió. No entendía nada. - Vente conmigo a Seattle.
- Seattle... - Susurré. - ¿Y mis padres, y mi hermano, y mis amigas...?
- ¿Y tu sueño, Ari? - Me miró. - Vas a dejarlo escapar así, ¿sin más? - Se interrumpió. - Tus amigas van a luchar por los suyos, tu hermano tarde o temprano volará.
- Pero... - Estaba confusa. No podía ser tan fácil. No tenía que ser tan fácil.
- No tienes porqué decirme nada ahora si no quieres... - Me besó. - Tienes toda la semana para pensarlo. Pero, Ari, es una oportunidad única. Por favor, no la desperdicies. 

Suspiré. No sabía qué hacer. Por una parte la respuesta era sencilla: Es mi sueño. Pero por otra... ¿y qué pasa si llego allí y no funciona? ¿Y qué pasa si no es bueno? ¿Y qué pasa si no tengo talento? No sirvo para otra cosa, y no podría continuar si me dicen algo así. 

Me encerré en el baño y me lavé la cara con agua fría. Eso debería ayudarme a calmarme. A pensar las cosas con más claridad. 

Sin embargo, en el baño solo me encontré a mí misma. Pero no a la yo de siempre. Sino a un yo cruel, oscuro. Un yo capaz de herir cuyo objetivo en la vida era hacerme daño a mí misma. En ese espejo estaba reflejada mi yo hija de puta, vamos. 

Nadie lo sabía, o eso creo, pero yo era la persona que más me juzgaba. La persona que más me odiaba. 

- ¿Qué? - Gruñí contra el espejo. Mi reflejo me devolvió una sonrisa burlona.
- ¿De verdad estás pensando en irte con él?
- ¿Y por qué no? - Escupí. - ¿Por qué no intentar algo con lo que llevo tanto tiempo soñando?
- Porque no sirves. - Esas palabras salieron de mi mente y se clavaron en mi corazón como cuchillos. - ¿Cuánto tardarás en estropearlo todo? ¿Cuánto tardarás en hacer que Liam se de cuenta de que no sirves para nada y se canse de ti? Eres una inútil.
- Eso no es verdad, ¡él me quiere! - Grité. Me pareció oír mi propia risa sarcástica.
- ¿Y tú? - Mi reflejo me observaba con odio. - No confío en ti. 
No dije nada. Simplemente estuve ahí de pie, observando cómo yo misma me estaba destruyendo.
- Si yo no confío en ti no vas a llegar lejos. 

Salí corriendo del baño. No podía seguir ahí. No podía ver cómo yo estaba destruyendo mis sueños. 

Porque es real; solo tú puedes impedir que tus sueños se cumplan. 

Bajé corriendo las escaleras y fui en busca de Liam. Me lancé a sus brazos y le besé como si hiciera años que no le besara. 

- Nos vamos a Seattle. 

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