viernes, 9 de agosto de 2013

Capítulo 2.

El jueves llegó pronto. Aun así no dejé de pensar en cómo Paula me había esperado en la puerta y en el mal rollo que me había dado desde el principio. ¿Quién era y qué quería?

Sophie había muerto por el bien de Harry y por el mío propio. Y no quería pensar en mi pasado. Me hacía daño.

Cuando estábamos todos en el escenario, preparados para la llegada de Bianca, Paula me guiñó un ojo. Estaba empezando a cogerle asco. ¿Quién se creía que era?

De pronto Bianca entró en el salón con esa alegría que le caracterizaba.

- Bien, chicos, como os conté el martes pasado, vamos a tener un invitado especial para hacer de Danny Zuko. - Sonrió. - Y él está aquí. ¡Come here, Olly! - Gritó en un perfecto inglés.

Y sí, en efecto, Olly Murs acababa de entrar en el salón. Quería morir. Recé porque no se acordara de mí, pero en cuanto me vio se sorprendió.

- Olly, quiero presentarte a mi mejor alumna. - Comentó Bianca. - Sofía ven.

- Tú... - Comentó a decir Olly. Ni digas nada, pensé, no me conoces. Creo que decidió que era algo de lo que más tarde ni me libraría de hablar, pero más tarde. - Hey, ¿cómo estás?

- Bien. - Sonreí. - Soy gran fan tuya.

- Sí... Nunca lo hubiera imaginado.- Ironizó. ¡Muy gracioso!

- Me sorprende cada vez más. - Intervino Bianca. - No sabía que hablaras tan bien en inglés, Sophie. - Tradujo mi nombre en muy mal momento.

- Mi nombre es Sofía. - Olly sonrió.

- ¿Por qué no me demuestras tu talento?

- ¿Cómo?

- Canta Troublemaker. ¿La conoces?

- Sí, pero... ¿Por qué no canto una del musical?

- Preguntémosles a ellos. - Dijo divertido. - ¿Queréis que cante Troublemaker?

- ¡Qué cante, qué cante! - Gritó Paula. Me la pagaría.

- Canta, Trouble. - Susurró.

Mientras yo cantaba esa fantástica canción elegida por Olly, (qué majo) él iba haciendo los coros y gritando Trouble cada vez que tenía oportunidad. Hacía mucho tiempo que no me sentía tan incómoda. Tanto tiempo que aun era Sophie, seguro.

- Sí que tienes talento. - Sonrió Olly. Como si nunca me hubiera oído cantar...

- Es posible -Dije fría-, pero no me gusta cantar.

- No lo parecía. - Me guiñó un ojo. - Te adaptabas muy bien al escenario. - Sabía que no se refería a esta última actuación.

- Gracias... - Me di la vuelta y empecé a recoger mis cosas.

La clase había terminado. Yo me iría a mi casa y no volvería a ver a Olly hasta el martes siguiente.

Sí, eso no iba a pasar.

- Sophie - Olly estaba detrás de mí y todos mis compañeros se giraron a vernos-, tenemos que hablar. De... la obra. - Dijo cuando se dio cuenta de la espectación.

- Ahora no. - Dije. - Y mi nombre es Sofía.

- Tenemos que hablar en serio...- Bufé y rodé los ojos. - Te invito a un batido, vamos.

¿Qué clase de persona quería rechazar que alguien como Olly Murs le invitara a un batido, siendo que encima era su bebida favorita?
Yo. Porque sabía lo que eso significaría. Hablar de Soff, de Trouble. Lo que incluía hablar de Harry.

- ¿Por qué? - Dijo cuando nos dejaron los batidos en la mesa.

- ¿Por qué, qué? - Le di un largo sorbo al mío.

- ¿Qué ha pasado con Soff?

- Ha muerto. - Dije sin más. - Yo la maté. Su coche explotó.

- Provocaste un asesinato... - Había un deje interrogativo en sus palabras.

- Técnicamente sería un suicidio.

- Pero sigue viva. Dentro de ti. Estoy seguro.

- Un suicidio fallido. - Me encogí de hombros.

- No has negado que sigue viva dentro de ti.

- ¿Qué buscas con esto?

- ¿Sabes cómo está Harry? - Ya nombró al innombrable, pensé.

- Mejor sin mí.

- Estará mejor cuando se lo cuente.

- No vas a contarle nada, Olly. - Le miré. - Hablo en serio.

- No puedes pedirme eso. - Me retó con la mirada.

- Trouble ya no existe, joder. - Levanté la voz más de la cuenta y todo el local se me quedó mirando. - Además - Bajé la voz -, estoy segura de que él ya no se acuerda de mí.

- Él sabe que estabas viva. - Dijo sin más.

- ¿Qué?

- Él lo sabía y nadie quería creerle. - Suspiró. - ¿Sabes qué? Está bien. Si quieres vivir en una mentira, adelante. Pero tarde o temprano Harry terminará encontrándote y será peor.

Dejó el dinero de los batidos sobre la mesa y se marchó.

Puede que fuera así. Puede que que estuviera viviendo en una mentira por no enfrentarme a la realidad.

Pero siempre resultaba más fácil huir.

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