*Narra Bea
Cuando Zayn y yo subimos al dormitorio me senté en la cama mientras Zayn se miraba en el espejo y se tocaba las tetas falsas que se había puesto.
- Zayn, por favor, para. - Empezaba a darme algo de vergüenza ajena. Zayn me miró y sonrió mientras se quitaba la peluca.
- ¿Sabes? me gusta llevar tu camiseta, me marca como tu propiedad. - Me guiñó un ojo. Sonreí.
- ¿Por qué no te la quitas y buscamos otra forma de marcarte? - Murmuré.
- Me gusta la idea. - Se quitó la camiseta y pude comprobar que se había puesto uno de mis sujetadores lleno de papel higiénico.
- Prefiero no mirar esto.. - Me tapé los ojos con las manos, aunque veía a la perfección entre mis dedos. Él solo rió mientra se quitaba el resto de la ropa y se quedaba en calzoncillos.
- Ya puedes dejar de disimular que no estás mirando como me desnudo. - Me sonrojé. - Sé que te encanta el espectáculo, amor.
- Es uno de mis favoritos. - Admití. - Se acercó a mí y me dio un tierno beso en los labios antes de alejarse y chuparse ligeramente el labio inferior.
- ¿Tú no llevas mucha ropa?
- ¿Hmm? - Sonreí. Cogió el dobladillo de mi camiseta y la sacó por mi cabeza.
- Esto fuera. - Sonrió y me tumbó en la cama, a pesar de que estábamos en diagonal a esta. Me dio pequeños besos en la cara, bajando por el cuello a la zona superior de mi pecho. - Me encantas. - Murmuró entre sus acciones. Poco a poco su manos ascendieron desde mis muslos hasta el botón de mis vaqueros. Gemí débilmente cuando me mordió cerca de la clavícula izquierda.
Solo nos separaba la ropa interior, y en ese momento era realmente incómoda. Quería acabar con esa barrera cuanto antes y Zayn se dio cuenta cuando bajé las manos de sus hombros hasta el elástico de sus calzoncillos.
- Shhh... - Me paró. - Déjame hacerlo a mí. - Se desprendió de esa prenda y de las que me cubrían a mí. -
Quiero cuidarte. - Murmuró cuando me ayudó a colocarme bien sobre la cama. - Te quiero, Bea.
*Narra Ari.
Me desperté entre pequeños besos y caricias desde mi cuello hasta el interior de mi brazo derecho. Creo que era la particular forma que tenía Liam de darme los buenos días.
- ¿Hmmm? - Remoloneé mientras entreabria un ojo.
- Buenos días. - Murmuró mientras seguía dándome besos. - Me encanta cómo sabes cuando te despiertas. - Reí tontamente ante su comentario y le cedí mejor acceso a mi cuello. - No te aproveches. - Susurró.
- Lo hago por ti, para que puedas mejor.
- Y me encanta. - Me mordió y me estremecí ligeramente cuando me acarició la línea entre mi cara y mi cuello con la barba. - Levántate.
- Hmmm... - Me tapé la cabeza con la sábana.
- Ari... - Me advirtió.
- Hmmm...
- Tú lo has querido. - Me quitó la sábana de un tirón y me cogió en brazos.
- Liam, para. ¡Para por favor! -Grité entre risas mientras entrábamos en el baño. - ¡No, no, no! - Puso el grifo hacia el agua fría y me puso en la ducha antes de abrirlo. - ¡Está helada! - Él solo rió. - Liam, te odio.
- Yo te adoro, Pitufina. - Se acercó a besarme y aproveché eso para meterle conmigo bajo la ducha helada.
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