Harry me despertó temprano. Demasiado temprano. Quería matarle cuando miré el despertador. Sólo eran las 6:00 a.m., a estas horas no están puestas ni las calles...
- Vamos, levanta dormilona. - Me quitó las sábanas.
- ¿Hmmmm? - Me quejé. - Un ratito más. - Dije intentando volver a taparme.
- No, levanta ya. No me obligues a meterte en la ducha... - Me advirtió.
- No te atreverás. - Abrí un ojo y me miró alzando una ceja desafiante.
- No lo haré, porque no tenemos tiempo para que te duches y ya lo hiciste anoche. - Se puso a revolver el armario y dejó sobre la cama lo que él había decidido que me pusiera. - Levántate o nos tendremos que ir sin que desayunes. - Rodé los ojos y me senté a un lado de la cama.
- ¿Pero dónde vamos con tanta prisa?
- Ya lo verás, es una sorpresa.
- Ay... te odio Styles. - Murmuré.
- Impaciente. - Me besó y sonrió. - Vístete, iré a prepararte el desayuno.
- A sus órdenes, mi capitán. - Me llevé la mano a la frente y puse la espalda recta. Él solo rió antes de dejarme sola en la habitación.
Sabía que odio las sorpresas, pero podía oír a Harry diciendo algo como: «precisamente por eso pienso darte todas las que pueda».
Miré sonriente la ropa que había elegido, unos vaqueros, mis Vans negras y una camiseta de manga corta. ¿Ya está? A mitad de Marzo y a las seis de la mañana no iba a salir así.
Revolví entre sus cajones y encontré una sudadera descartada que me quedaba a la perfección. Bueno, quizás algo grande, pero era perfecta.
Intenté hacer algo con eso que tenía como pelo, pero era indomable. No vuelvo a meterme en la cama con el pelo húmedo. Así que decidí hacerme una coleta alta. Me veía tan rara con coleta... pero eso era mejor que nada.
- Trouble, ¿vienes o no? - Gritó Harry desde la cocina.
- Vooooooooy... - Volví a mirarme en el espejo y salí del dormitorio.
- Por fin - Murmuró Harry cuando llegué a la concina. - Pensaba que tendría que ir a busca.... Espera, ¿esa sudadera es mía?
- Era. - Sonreí y cogí una tostada. No me apetecía ponerle nada. Así que me la tomé directamente. - ¿No pretenderías que saliese en manga corta con el frío que hace?
Negó con la cabeza y rió mientras veía como me comía una porción de chocolate.
- ¿Qué? - Se acercó a mí y me lamió el labio inferior.
- Siempre te manchas de chocolate. - Sonreí tímida recordando la primera noche que pasé en la casa de los chicos, y en como me quitó un trozo de chocolate.
Me terminé la leche mientras él cogía las llaves del coche y me tendía la mano.
- Vamos, tenemos que estar en el avión en veinte minutos.
- ¿Avión? - No me contestó y me obligó a meterme en el coche.
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