jueves, 15 de agosto de 2013

Capítulo 11.

No sabía qué hacer. Harry seguía sin contestar a mi llamadas, aunque al menos no me había contestado con un "déjame en paz" como había hecho yo, a pesar de que no era intencionado, ya que ni siquiera era él con quien creía estar hablando.

Lo único que se me ocurrió hacer fue llamar a Niall y rezar porque no hubiera cambiado su número de teléfono.

- ¿Soff? - Preguntó adormilado. Normal, eran más de las tres de la mañana.

- Niall necesito que me digas en qué hotel estáis y la habitación de Harry.

- ¿Para?

- Por favor...- No tenía tiempo para preguntas en ese momento, solo necesitaba hablar con Harry. - Te lo explicaré más tarde.

- En el Eurostar y la 347. Pero no puedes venir así sin más, hay fans y seguridad en la puerta.

- No te preocupes por eso.

Me puse lo primero que cogí del armario, recogí mi pelo en una coleta alta y me puse una gorra que tapaba gran parte de mi cara. Niall tenía razón. Las fans eran un gran problema, (qué irónico, por primera vez no era yo la única) pero era tarde, así que no creí que se me viera demasiado. Además en el hotel no estaban solo ellos.

Sali a hurtadillas de mi habitación, no quería despertar a mis padres y que me prohibieran ir al hotel. Además ya era mayorcita, sabía lo que hacía. O no. Pero lo haría igualmente.

Cogí las llaves del coche de mamá y me dirigí al hotel.

Cuando llegué, tampoco había mucha gente, parecía que los chicos habían pasado desapercibidos. Y la mayoría de ellas estaban dormidas.

Entre directa a recepción y me quité la gorra.

- Buenas noches... - Murmuré rezando porque no me detuvieran y no me permitieran subir.

Una vez dentro del ascensor pude respirar de nuevo. Ya había pasado dos obstáculos. Las fans y la recepción. Ahora solo me faltaba el obstáculo que más temía.

Harry.

Llegué hasta la habitación que me había dicho Niall. La 347. Y suspiré profundamente antes de llamar.

Me encontré a un Harry en calzoncillos, con el pelo revuelto y los ojos entrecerrados. Eran aproximadamente las cuatro de la mañana.

- ¿Qué haces aquí? - Preguntó más ronco que de costumbre. El simple sonido de su voz ya provocó que un leve gemido gutural saliera de lo más profundo de mi garganta.

Me lancé a besarle como si no lo hubiera hecho nunca. Él al principio no correspondió el beso pero poco a poco me apretó contra él y cerró la puerta detrás de mí.

Avanzamos a trompicones tirando prácticamente todo el mobiliario que se cruzaba en nuestro camino.

Caímos sobre la cama. Creo que en ese momento, tanto él como yo olvidamos el motivo por el que había ido hasta allí. En ese momento solo estábamos él y yo. Nadie más. En ese momento todo lo demás se volvió borroso. Las fans, la fama, el pasado. Eso no eran más que pequeñas tonterías. Solo estábamos nosotros. Como al principio, como aquella noche en el faro.

Quizás sea verdad y los recuerdos no se puedan volver a vivir, pero se pueden superar. Y ese momento superaba con creces cualquier otro. Ese momento era suave y salvaje al mismo tiempo. Era frío y caliente. El cielo y el infierno. El sí y el no. Éramos simplemente él y yo. Como nunca antes.

Éramos uno.

1 comentario: