domingo, 1 de septiembre de 2013

Capítulo 23.

Miami. Me había traído hasta Miami solo para ver el faro. Nuestro faro. Nuestro lugar especial. Aquel en el que realmente me di cuenta que le amaba más que nada y que haría todo lo posible por hacerle feliz. Incluso dejarle ir. 

No me salían las palabras, simplemente me di la vuelta, le rodeé el cuello con los brazos y le besé. Le besé como siempre, pero como nunca. Con ansia. Con amor. Con pasión. Con miedo. Miedo a que llegue el día en el que tenga que dejarle para siempre. 

- Gracias, gracias, gracias. - Le di un beso entre cada "gracias" mientras él se reía. Amaba besar su sonrisa. 

- Adoro que seas tan efusiva con estás cosas. - Me acogió entre sus brazos y escondí la cabeza en el hueco de su cuello. 

- Nunca me dejes. - Pronuncié en un susurro casi inaudible, casi más para mí que para él.

- ¿Qué? 

- Que no me dejes ir. No otra vez...

- No lo permitiré. - Murmuró. - No cuando ya sé lo que es vivir sin ti. No le deseo a nadie lo que yo pasé cuando desapareciste de mi vida. Lo viví una vez y no podría volver a soportarlo. Nunca. - Le besé el cuello mientras él hablaba intentando tragarme el nudo que se había formado en el fondo de mi garganta. - ¿Sabes? - Estaba hablador, pero lo prefería así. Amaba al Harry que me mostraba sus sentimientos. Aunque, pensándolo, amaba a todos y cada uno de los Harry's. Porque eran míos, y no pensaba soltarles. - No pensé que fuera a volver aquí contigo. Cuando estaba mal, cuando necesitaba pensar, o cuando no podía sacarte de mi cabeza por días, volvía aquí. Me escapaba. Solo los chicos sabían la razón por la que estaba tanto por aquí, el porqué siempre que teníamos unos días libres me quedaba en esa zona. La razón de todas mis acciones, eras, eres y serás tú. Siempre. Porque estar en este faro, era como volver a estar contigo. Como retroceder a la noche en la que solo fuimos tú y yo. Una pareja, como cualquier otra, pero estoy seguro de que, al menos yo, era el chico más feliz y más afortunado del mundo. Porque estaba a tu lado, porque eras mía y no necesitaba nada más que eso. 

- Esa noche fue la mejor noche de mi vida. - Dije contra su cuello. - Pero a partir de entonces todo empezó a torcerse. - Me temblaba el labio, rompería a llorar en cualquier instante.

- Shhh... Eso no importa ahora. - Comenzó a acariciarme el pelo y me relajé. 

- Todas las noches, antes de dormir, revivía cada instante de esa noche. Cada beso. Cada caricia. - Mis mejillas empezaron a acoger lágrimas, y su sudadera también. Harry era el único hombro en el que querría apoyarme y llorar hasta deshidratarme. - La cena, el sorbete..

- Mandarinas y vodka. - Noté como sonrió.

- El baile y como no, este asombroso faro. Lo que dijiste aquella noche fue hermoso, Harry. 

- Tus ojos siguen siendo más inmensos que cualquier mar. - Me separó de él y me miró a los ojos. - Y me hundiría en ellos a todas horas. - Retiró todas y cada una de las dichosas lágrimas con sus labios y besó mis párpados para que dejara de llorar. - Odio verlos llenos de lágrimas. 

- Estás son de las buenas. 

- ¿De las buenas? 

- De felicidad. - Sonreí. - Porque estamos juntos, porque hemos conseguido superar cualquier obstáculo, porque te amo más de lo que he amado en toda mi vida. Porque tú eres mi vida y no me cansaré de repetirlo. Porque eres capaz de levantarte a las seis de la mañana...

- Cuatro y media. - Me corrigió.

- ... y volar horas y horas solo para darme una sorpresa. Solo por mí. 

- Por ti iría hasta el fin del mundo si fuera necesario. - Nos fundimos en uno de esos besos en los que odias tener que separarte de la otra persona solo para respirar. Ojalá no fuera necesario, ojalá pudiera respirar eternamente en sus labios. Nos separamos jadeantes y nos miramos a los ojos. - Como sigas así nos perderemos todo lo que queda. 

- ¿Hay más? - Pregunté emocionada como una niña abriendo los regalos de navidad.

- La duda ofende, Trouble. - Sonrió. - Por supuesto que hay más. 

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