- Sabes que odio el fútbol. - Le reproché a mi padre cuando entré en el salón ya preparada para tal tortura. - ¿No puedo quedarme en casa?
- No, Hope. - Dijo firme. - Anne nos ha invitado.
- Porque sea tu "novia", no tengo que ir yo también.
- Viene Harry también. - Harry, el hijo de Anne. El típico niño pijo que odiaba. Y para colmo estaba en una banda con otros cuatro pringadillos, por la cual las niñas (y no tan niñas) se volvían completamente locas.
- Qué bien. - Ironicé.
- Cambia esa actitud, ¿quieres? - Rodé los ojos.
Mi padre no entendía que odiaba a esa familia.
Llevaba cuatro meses con Anne, y ella es agradable, pero no podía entender que mi padre le haya buscado una... Una sustituta a mi madre.
Ella murió cuando yo tenía trece años. De cáncer.
Empezó siendo un cáncer de mama y terminó agravándose de tal forma que el cáncer fue más fuerte que ella.
- Hope, sé lo que esto supone para ti. - Mi padre me puso una mano en el hombro. - Sé que no aceptas a Anne, pero es una mujer buena.
- Lo sé... - Bajé la cara. - Pero ella...
- No es tu madre. - Terminó la frase por mí. Negué con la cabeza. - Cariño, ha pasado mucho tiempo.
- La echo tanto de menos... - Me abracé a él. Y en ese momento sonó el timbre.
Mientras mi padre iba a abrir la puerta yo me senté en el sofá y me quité las dichosas lágrimas de los ojos.
De pronto alguien se acercó detrás de mí y se puso a revolverme el pelo.
- Hola, pequeña llama. - Harry siempre se metía conmigo por mi pelo rojo y ondulado que caía hasta debajo de mi pecho. - ¿Sabías que a las pelirrojas las quemaban? - Sonrió. - Por brujas. - Susurró en mi odio.
- No eres el más indicado para meterte con mi pelo, ricitos. - Hice una mueca. - Es una pena que no seas rubio. Me habría reído mucho si se te come un oso.
- Qué cariñosa eres, hermanita. - Se burló.
- No me llames así. - Sabía que lo odiaba.
- Técnicamente lo eres.
- Eres un...
- ¿Nos vamos? - Dijo Anne sonriente en la puerta.
Veinte minutos más tarde bajamos del coche frente al estadio de fútbol.
Al parecer jugaba un amigo de Harry y por eso era tan importante este maldito partido.
No me gusta el fútbol. Simplemente son 22 tíos corriendo detrás de un balón. ¡Muy productivo!
Cuando nos sentamos en las gradas, Harry saludo a un chico castaño y este le respondió con un movimiento de cabeza.
- ¿Ese es tu amigo? - Pregunté.
- ¿Por qué? ¿Te gusta? - Puse mala cara y no contesté, pero lo cierto era que el chico parecía bastante mono.
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