viernes, 20 de septiembre de 2013

Capítulo 8.

Era el tercero que intentaba acercárseme. Louis moría de la risa, aunque a mí no me hacía ninguna gracia.

Esta vez era bajito, moreno y algo regordete.

- ¿Bailas, muñeca? - No había cosa peor a que me llamaran "muñeca". Sonreí forzadamente. Me había cansado de mandarles a la mierda simpáticamente.

- ¿No ves que sí? - Respondí. - Llevo media hora bailando. - Louis ahogó una risita.

- ¿Tienes algún problema? - Se giró molesto hacia Louis.

- Yo ninguno, pero ya has oído a mi chica - resaltó esas dos últimas palabras. - Largo.

El chico gruñó entre dientes y se fue.

- No se puede ser tan guapa. - Susurró en mi oído.

- No lo soy, simplemente están borrachos.

- ¿Estás de broma? Eres preciosa.

Me sonrojé. Empezaba a sentirme algo incómoda y necesitaba tomarme un respiro.

- Creo que voy a ir al baño.

Prácticamente me escapé de allí. ¿Por qué tenía tantas ganas de besarle y por qué estaría tan mal? Me refresqué un poco la cara, lo suficiente como para no estropearme el maquillaje y me humedecí la nuca. Cuando mi vista volvió a fijarse en el espejo Louis estaba detrás de mí.

- ¿Qué haces aq...? - Me cogió del brazo, nos encerró en el baño y comenzó a besarme. Sus besos eran voraces, con ansia y para que negarlo me encantaba pero esto no estaba bien. - Louis... - Le aparté jadeante.

- Tengo dos opciones: hacer esto y arrepentirme o no hacerlo y arrepentirme. Y como voy a arrepentirme igual prefiero hacerlo. - Volvió a besarme.

- Louis... - Me aparté. - Has bebido.

- Sí, pero no lo suficiente.

- Esto no esta bien. - Abrí la puerta. Me da igual que estuviera él, quería salir. Yo no era esa clase de personas.

- ¡Hope! - Oí como me llamó varias veces, pero simplemente cogí mis cosas y salí del local.

Quería irme, lejos. Me sentía mal conmigo misma. Louis tenía novia y por muchos mojitos que lleváramos encima, no dejaría de tenerla.

Empecé a caminar sin rumbo fijo. Era tarde, hacía frío y las calles no me transmitían demasiada confianza. De repente pasé por la puerta de un antro donde había un par de tíos en la puerta. Creo que no debería haber cogido ese camino.

- ¿Te has perdido, preciosa?

- ¿Necesitas que te acompañemos?

Ni loca iba a dejar que esos tíos se me acercaran. Seguí mi camino y pude escuchar algún que otro improperio y elogio hacia mi trasero.

Llegó un momento en el que todas las calles me parecieron iguales y ya no sabía hacia donde avanzar.

- Genial. - Se me rompió uno de los tacones y encima me había perdido.

Me quité los zapatos y me senté en la acera. Solo quería llegar a mi casa, meterme en la cama y romper a llorar.

- ¡Hope! - Gritó Louis cuando giró la esquina. Yo me puse a correr. Aunque estaba descalza y el asfalto se me clavaba en los pies necesitaba huir de él. Pero claro él corría más rápido que yo y me alcanzó. - Hope, espera.

- Louis déjame...

- No voy a hacerte nada. - Intenté tranquilizarme, pero él aun seguía sujetándome fuerte el brazo. - Voy a soltarte..., pero no te iras corriendo, ¿me lo prometes? - Asentí débilmente. - ¿Te doy miedo? - Me preguntó apenado.

- No soy una cualquiera. - Dije soltando levemente el aire que mis pulmones estaban reteniendo desde hacía un rato.

- No... Yo no... - Negó con la cabeza. - Hope, claro que no.

- ¿Por qué me siento así? - Pregunté al borde de las lágrimas.

- Hope... - Me apartó el pelo de la cara. - No tienes que sentirte así. Es solo que yo pensaba que... Tú y yo... Olvídalo. - Murmuró. - No eres una cualquiera. - Me acarició los brazos. Mi piel estaba en piel de gallina ya que tenía frío y la camisa no me abrigaba nada. Él lo notó y me puso su chaqueta.

- Gracias. - Murmuré casi inaudible. Me abrazó para proporcionarme el calor corporal que a mí me faltaba. Mi madre siempre decía que yo era de sangre fría, porque siempre estaba helada.

- He dicho que iba a cuidarte y lo he estropeado. Lo siento.

- ¿De verdad has pensado que tú y yo...? - Le miré pero él no dijo nada. - Louis, me gustas. - Admití. - Pero tu novia...

- ¿Sabes que tengo novia?

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