Llovía. Parecía que el tiempo se había puesto como nosotros, y es que desde que Harry se enteró de todo, no ha vuelto a ser el mismo. ¿Pero qué pretendía? Estaba claro que no iba a serlo, yo tampoco lo era. Yo también cambié cuando me lo dijeron, y cuando se lo dije a él. Fue realmente duro.
La noche en el hospital no dormí prácticamente nada, aunque le hice creer que sí. Él tampoco durmió, se pasó toda la noche llorando en silencio, mirándome, y supongo que asimilando todo lo que puede pasar a partir de ahora. Pero esto tampoco iba a ser repentino, aun tenemos tiempo.
- Cinco meses se pasan en nada... - Dijo cuando llegamos a casa. - ¿Y si además son menos? No quiero perder ni un solo segundo.
- Harry, relájate, entiende que no quiero que me recuerdes constantemente que me voy a morir...
- Entiéndeme tú a mí. - Me cogió la cara entre sus manos y me besó despacio. - No sabes cómo me siento. Es... difícil.
- Sé que es difícil, y te entiendo, sé que no quieres dejar nada por hacer y me encanta, pero si por algo no quería decirte esto, es porque no quiero que estés mal. - Le cogí de las muñecas, que aun estaban a la altura de mi cara y le miré a los ojos. - Aun estoy aquí, y no me voy a ir. No todavía...
Me partía el alma verle mal. No hablamos más del tema en lo que quedaba de día, simplemente decidimos que, por el momento, sería mejor que no decirle nada a los chicos. Harry estaba demasiado afectado con el tema y yo no tenía ánimo de pasar dos veces por lo mismo en tan poco tiempo.
Harry estuvo demasiado callado, como algo distante. Bueno, no distante, pensativo, supongo que preocupado, a pesar de que dije dejara de pensar en eso. Ese día yo ya estaba bien, y seguiría así. Todo sería normal. Pero él no llegaba a aceptarlo.
Aquella noche me quedé dormida en el sofá, no recuerdo bien por qué, mientras Harry terminaba de recoger la cocina. A penas dormí la noche anterior, así que los nervios y el cansancio terminaron conmigo. Pero me desperté poco después y Harry no estaba a mi lado como al principio pensé. Me levanté adormilada, y me dirigí al dormitorio, Harry tampoco durmió, por lo que imaginé que quizás se hubiera ido a dormir, aunque me pareció extraño que ni siquiera me hubiese despertado.
Abrí la puerta con delicadeza, por si realmente estaba dormido, y me encontré a Harry sentado en el borde izquierdo de la cama de espalda a la puerta.
- Trouble, troublemaker, yeah, that's your middle name... - Murmuró sin ganas. Ni si quiera se podía decir que estuviera cantando. Estaba llorando, y pude ver que tenía un marco de foto que tenía normalmente en la mesilla. Contenía la primera fotografía que nos hicimos como pareja, la más especial, según él.
Me acerqué lentamente a él, me senté a su lado y le puse la mano en la rodilla. Me miró con lágrimas en los ojos y puso la foto en mesilla.
- No te tortures, Harry...
- No puedo evitarlo. - Susurró.
- ¿Por qué no me has despertado?
- Se te veía tan cansada, tan...
- ¿Vulnerable? - Le interrumpí.
- Frágil. - Dijo. - A pesar de que notaba cómo respirabas, yo... Solo de pensarlo... - Apartó la mirada.
- Harry, por Dios...
- He venido a por una manta, para taparte, y cuando he visto la foto me he roto. Mírate, estabas tan preciosa entonces.
- ¿Qué pasa, ahora no? - Me crucé de brazos, indignada de broma.
- Tú siempre estás preciosa, Trouble, pero...
- No hay peros.
Le besé y poco a poco nos tumbamos en la cama. Necesitaba sus beso, su cariño, y sobretodo necesitaba hacer que se olvidara de todo. Tenía que hacerle saber que dentro de lo que cabe seguía siendo yo y que estaba bien. Todo iba a ir bien, conseguiría hacer que se olvidara de todo por un tiempo. O al menos intentarlo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario