lunes, 2 de septiembre de 2013

Capítulo 24.

Esta vez no fue necesario que me vendara los ojos, esta vez simplemente bajamos por la ciudad dando un paseo.
 
Andamos durante bastante rato, creo que incluso llegamos al centro de la ciudad.
 
- ¿Dónde vamos Harry?
 
- A la playa. - Le fulminé con la mirada. - ¿Qué?
 
- ¡Acabamos de irnos de allí!
 
- Hace exactamente una hora y media. - Sonrió. - Por eso volvemos. - Paramos en seco y me besó. - Tenía que mantenerte alejada, amor. Ahora estará todo listo. - Volvió a entrelazar nuestras manos y reemprendimos nuestro camino. 
 
Media hora después veíamos el faro algo más cerca, lo que significaba que estábamos llegando a la playa. Por fin. En ese momento solo me apetecía tumbarme en la arena fría bajo las palmeras. El sol y yo no éramos grandes amigos. 
 
Pero no acudimos a la playa, como cualquier otra persona, no. Harry se había encargado de preparar, lo que fuera que hubiera preparado, en una cala privada, no muy lejos del faro. En la cual, apenas daba el sol. Harry había pensado en todo. 
 
- ¿Qué...?
 
- Shhh... - Me interrumpió. - Está todo listo. - Murmuró. En mitad de la arena había una manta y una cesta. ¿Un picnic? Nos acercamos hasta allí y me quedé de pie al lado. La manta era lo bastante grande para que ambos cupiéramos tumbados. Cosa que hizo Harry nada más acercarse. - Ven - Palmeó a su lado -, túmbate conmigo. 
 
Cuando Harry me acogió en su seno y comenzó a acariciarme, me olvidé de todo lo demás. Todo lo malo se esfumó con la brisa que venía desde el mar. No necesitaba nada más que la calidez que me ofrecían sus brazos. Puede que hiciera algo de frío para estar tumbados en la playa, pero era realmente genial. 
 
- Harry... - Murmuré. 
 
- Dime. - Le miré y sonrió.
 
- Gracias.
 
Me acerqué lentamente a sus labios. Uno de esos besos que da vida, que alimenta mi interior, que me completa. Imágenes llenaron mi cabeza. La primera vez que nos acostamos, en la pensión, cuando el apareció de la nada. En aquel momento lo odiaba, o al menos eso creí. Pero ahora lo entiendo todo. Le odiaba por haberse metido debajo de mi piel. Le odiaba por esa forma que tenía de hacer que me temblaran las piernas desde el primer momento. Le odiaba por hacer que me enamorara de él hasta las trancas. Hasta el punto de no necesitar nada más que sus besos. 
 
Un pequeño gruñido me devolvió a la realidad. Harry había conseguido darnos la vuelta, y ahora se encontraba encima de mí, con una pierna a cada lado de las mías, sujetando mi nuca hacía sus labios, evitando así algún espacio posible. 
 
Quizás no fuera el lugar adecuando para esto, quizás si hubiera mantenido toda la cordura en mí me habría negado, pero era consciente a qué se dedicaba todo esto, y no pensaba impedirlo. 
 
Quería esto. Le quería a él. Le necesitaba con todo mi ser. 
 
Poco a poco Harry se deshizo de mi - antes suya - sudadera, a la vez que yo introducía mis manos en la suya para retirarla por completo.
 
Ambos ya desnudos de cintura para arriba, el ambiente completamente caldeado. Hasta que...
 
- Me estoy mojando. - Susurra Harry con un deje de diversión en sus palabras. Aparto la vista de sus ojos y miro a nuestro alrededor. ¿Estaba lloviendo? Harry se sienta a mi lado y se pone la camiseta antes de ofrecerme la mía. - Vámonos antes de que comience la tormenta. - Apunta hacia el mar con la barbilla y puedo ver los rayos caer sobre este, y poco después escuchar los truenos. - Que no tardará mucho en caer. 
 
Harry me ayuda a levantarme y lo recoge todo dos segundos antes de que la tormenta caiga sobre nosotros y nos empape por completo. 
 
- ¡Joder! - Murmura. Me da la mano y comenzamos a correr. 

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