jueves, 5 de septiembre de 2013

Capítulo 28

Me daba algo de vergüenza aparecer por casa ahora, como si nada, y encima tener que llamar al timbre. Porque obviamente seguía siendo la casa de Harry y yo no tenía llaves. Así que después de pensármelo bastante durante algunos minutos decidí llamar. 

Se oyeron pasos apresurados desde dentro. Sí que estaba preocupado. 

- ¿Sabéis algo de...? - Me miró y una mezcla de alivio y enfado se posó en sus ojos. - ¿¡Sabes lo preocupado que estaba!? - Gritó. 

- Lo siento... - Murmuré mirando el suelo. Vale que había actuado de forma infantil, había decido huir... Como siempre. ¡La Soff del principio ataca de nuevo! - Necesitaba...

- Estar sola... - Me guió hasta el sofá y se sentó a mi lado. - Me lo ha dicho Zayn.

- Yo... - No sabía qué decirle. Sinceramente no había pensado en las consecuencias... Ahí volvemos de nuevo a lo de siempre. ¡Fantástico! No. No tenía nada de fantástico.

- Trouble, joder, me he puesto en lo peor. - No levantó la voz, pero está si se endureció.- La última vez que te fuiste así... - No terminó la frase. 

- Ese es el problema, Harry. - Le miré. - Quedamos en que empezaríamos de nuevo y llevas todo el día recordándome que.. Bueno, ya sabes. - Aparté la mirada. 

- No lo entiendes, ¿verdad? - Dijo en voz tranquila, mirando al frente. - Lo único que intento es protegerte, es aprovechar al máximo el tiempo que pase contigo, recuperar cada segundo que viví sin ti. Intento que mi corazón vuelva a latir de la misma forma, y eso solo pasa cuando estoy contigo. Cuando te has ido, cuando he visto el dolor en tus ojos me he sentido la persona más miserable del planeta. No hay nada peor que ver el dolor en esos ojos tan bonitos. Me prometí a mí mismo no volver a ver lágrimas en ellos (a no ser que sean de las buenas) y no lo he cumplido. He llegado a pensar que te había perdido de nuevo. 

- Es duro sentir que aun me tienes rencor... - Le interrumpí.

- Intento evitarlo, te juro que lo intento. Pero entonces viene a mi memoria los días que pasé penándote. Trouble, - me miró - te quiero más de lo que he querido y querré a nadie en mi vida. Puedo asegurarte que nunca querré otros besos que no sean los tuyos. Nunca ansiaré otros gestos, otras caricias. Ni siquiera me gustaría escuchar otra voz. Porque eres tú, y solamente tú la que ha conseguido quedarse en mi cabeza y, sobretodo en mi corazón, casi dos años, y quiero que estoy sea para siempre. Quiero que tú y yo vivamos nuestro para siempre juntos. - Lloraba en silencio mientras Harry hablaba, no sabía que decir, solo podía escuchar. Sus palabras, y su latido y el mío como uno solo, ya que poco a poco fui acomodándome en su pecho. - Perdóname, ¿sí? - Me acarició el pelo. La mayoría de la gente odiaba esa acción, pero a mí me encantaba, y más por su parte. 

- Perdóname tú a mí... 

- No llores. - Sorbí por la nariz y me abracé a la cajita de música que aun no había soltado desde que llegué. - ¿Qué tienes ahí? - Me incorporé en el sofá y se la di para que la viera. Él le dio cuerda y la dejó sobre la mesa. - Conozco esta melodía..., pero no sabría decirte porqué.

- Es una nana. - Murmuré con voz queda. - Mi abuela me la cantaba... 

- Es bonita.

- Me gustaría poder cantársela a mis hijos... - Otra lágrima cayó por mi mejilla. Obviamente no tendré hijos...

- Lo harás. - Me cogió la mano y se la llevó a los labios. - Lo haremos.

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