Como supuse a los dos días estaba más fresca que una lechuga. Pasamos los últimos días de vacaciones que los chicos tenían todos juntos, pero ya tenía que volver al trabajo. Ensayos, conciertos, grabaciones. Hacía exactamente un mes y medio desde que los chicos se enteraron de lo mío y había que volver a hacer vida normal. Pronto los chicos empezarían por la gira por Reino Unido, y me daba lástima que tuvieran que interrumpirla por mi culpa.
- Hoy cenamos fuera. - Dijo Harry emocionado.
- ¿Qué te traes entre manos?
- ¿Yo? Nada... - Sonrió inocente.
- Ya... Nos conocemos Styles.
- Por eso mismo debes saber que no me traigo nada entre manos.
- Por eso mismo sé que sí lo haces.
- Como sea. - Me sacó la lengua. - Ve a la ducha, cuando salgas tendrás la ropa que tienes que ponerte sobre la cama.
Era tan dominante a veces, y no había cosa que más odiara que que me mandaran hacer algo, pero aun así le hice caso. Fuera hacía frío, por lo que me preparé un baño caliente. «No te entretengas», gritó Harry como si me estuviera leyendo el pensamiento. Aguafiestas.
Me di una ducha rápida y salí del baño cubierta con la toalla. Sobre la cama, estaban mis pitillos negros, y una sudadera gris, mi favorita. Harry entró a la habitación mientras yo miraba la ropa que me había preparado y me abrazó por la espalda.
- Me encantas recién salida de la ducha. - Susurró contra mi cuello.
- ¿Por qué?
- Porque me encanta cómo te queda el pelo cuando te lo recoges así sin más. Es muy natural y estas preciosa. - Me sonrojé. Harry siempre sabía qué decir y en qué momento decirlo. - Vístete antes de que cambie de opinión y te arranque la toalla. - Me besó y se alejó de mí.
- ¿Por qué estás tan mandón? - Grité cuando cerró la puerta de la habitación.
- ¡Porque tiene que salir todo perfecto!
Me mordí el labio y sonreí, había llegado a acostumbrarme a sus sorpresas, me enamoraban cada día un poco más si es que podía decir que eso era posible. Me puse la ropa que me había preparado, las Vans, y busqué entre sus cajones hasta encontrar un gorro que me pegara con lo que llevaba puesto. Me maquillé lo justo y salí de la habitación.
- Preciosa, como siempre. - Dijo Harry sonriente cuando me vio aparecer por el salón.- ¿Por qué siempre acabas poniéndote algo mío?
- Porque me encantan tu ropa. ¿Te molesta? - Sonrió y negó con la cabeza.
- Me molesta que todo te quede mejor que a mí.
- Tonto.
Nos montamos en el coche y acabamos en una de las colinas más altas, desde donde se veía la cuidad entera.
- Increíble. - Murmuré.
- Bonito, ¿eh? - Dijo Harry. - Pues espera y verás.
Nos sentamos en el suelo, me cogió la mano y me obligó a mirar el cielo. Minutos más tarde empezaron a explotar fuegos artificiales.
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