miércoles, 11 de septiembre de 2013

Capítulo 35.

Por suerte la semana siguiente Harry ya no iba llorando por los rincones, y habíamos vuelto a la normalidad, dentro de lo que cabía en un momento como ese. Pero el médico me había dicho que tenía que llevar una vida medianamente normal, y él lo había entendido. Para los chicos mis desmayos no tenían un punto conector excesivamente grave, simplemente ansiedad.  Sabía que tarde o temprano tendría que decírselo, pero preferiblemente más tarde que temprano. No me imagino cómo estará Zayn cuando se entere. 

- ¿Tienes miedo? - Me había preguntado Harry varios días antes. 

- ¿Miedo? ¿De morir? - Asintió. - Tengo miedo de no haber vivido. 

Y es que yo ya había aceptado lo que me pasaba, pero cuando los chicos volvieron a aparecer en mi vida, todo se fue al traste. Era como empezar de nuevo.

- Vamos, nena. - Dijo Harry cogiendo las llaves del coche. 

- ¿Adónde? 

- Ya lo verás. 

Me cogió la mano y fuimos hacia el coche. Como de costumbre, me ayudó a subir a este. Me acomodé y bajé la ventanilla. Adoraba sentir el viento en la cara. Además el cielo estaba cargado, iba a llover, muchísimo, no dentro de tanto tiempo. 

- ¿Dónde vamos Harry? 

- Ponte cómoda, va para largo... 

Bufé. Como odiaba que hiciera eso, aunque en el fondo me encantaban siempre sus sorpresas, me ponía muy nerviosa lo que se traía entre manos. Cuando salimos de la ciudad me extrañé. ¿Dónde me estaba llevando? 

Me quité las Vans y puse los pies en el asiento. 

- ¿Siempre tienes que hacer eso? - Preguntó Harry ronco. 

- ¿Hacer qué? 

- Poner los pies en el asiento. 

- Estoy bien así, ¿qué problema hay?

- Que es peligroso, imagina que tenemos un accidente. 

- Pero eso no va a pasar porque tú eres un gran conductor, y vas a estar pendiente de la carretera, ¿a que sí? - Me acerqué a él y le di un beso en la mejilla.

Él sonrió y siguió conduciendo. Vale que puede que fuera algo peligroso, pero odiaba estar tanto tiempo sentada en el coche.Volví a bufar y miré por la ventana, Cada vez nos alejábamos más y más de la ciudad. Estábamos prácticamente en la nada cuando paró el coche. Salimos hacia un prado verde, donde no había nada más que césped.

Podía oír tronar a lo lejos. 

- ¿Harry qué hacemos aquí? Se va a poner a llover en nada...

- Por eso... - Sonrió y me dio un beso. 

- ¿Cómo? - En ese momento se puso a llover. - Te lo dije. 

- Me pediste algo, ¿no? - Me pegó a él y me besó apasionadamente. - No te pongas mala, eh. - Me quitó la sudadera y la tiró sobre la hierba. En ese momento entendí todo y empecé a reírme como una loca. 

- Porque un beso bajo la lluvia era demasiado poco - dije -, nosotros follamos. 

- No. Nosotros no follamos, nosotros hacemos el amor. 

- Míralo que moñas. 

Nos tumbamos en el césped y dejamos que el agua no empapara por completo. A pesar de que hacía algo de frío, no lo sentía para nada. Estaba tan a gusto que ni siquiera sentía el agua. Solo le sentía a él, y como tomaba cada poro de mi piel. Fue posiblemente lo más increíble que había sentido nunca. El color de sus ojos era igual al lugar en el que estábamos recostados. 

- Harry, tengo frío... - Susurré. 

- Vamos. - Cogió nuestra ropa y me ayudó a levantarme. No nos pusimos ropa, ya que mojada no nos serviría de nada. - He alquilado una caseta para esta noche. 

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