Me desperté a mitad de noche temblando y mareada. No, por favor, ahora no. ¿No puedo estar feliz sin que algo me recuerde que me voy a morir? Necesitaba las pastillas y estaban a kilómetros de mí. Mierda. Necesitaba tomar el aire, refrescarme la cara o algo por el estilo, pero sabía que si me levantaba acabaría tirada en el suelo como la última vez, y no quería eso. No delante de Harry.
Intenté relajarme, pensar en otras cosas, pero era inútil, me faltaba el aire. La maldita ansiedad que todo esto me provocaba no me ayudaba para nada. Miré el móvil. 17 de Marzo. Los días pasaban demasiado rápido. Maldita sea. No quiero morir, no ahora que todo era fantástico. Que era feliz. ¿Por qué la vida tenía que jugar conmigo de aquella manera? ¿Por qué no podía ser todo más fácil?
- ¿Estás bien? - Susurró una voz ronca en mi oído.
- Tranquilo, duerme, Harry. - No tardó mucho en hacerme caso. Supongo que le había despertado al moverme tanto. Miré en su dirección y observé cómo dormía. ¿Por qué era tan perfecto hasta dormido?
Irradiaba belleza miraras por donde miraras. Ahora no podía ver el increíble verde de sus ojos, pero sí sus labios entre abiertos, y como su pecho subía y baja despacio. Le di un pequeño beso en los labios intentando no despertarle y me acurruqué a su lado. Puede parecer increíble, pero todo temor, toda angustia y todas las preocupaciones se habían esfumado por completo.
[...]
Estábamos a punto de aterrizar en Londres. Más escapadas como esta, por favor. Todo era perfecto. Sin embargo el humor de Harry cambió notablemente cuando llegamos al apartamento.
- No tienes que trabajar. - Gruñó molesto. - Yo puedo mantenerte.
- No quiero que me mantengas, Harry. - Rodé los ojos. - Tampoco quiero estar todo el día aquí encerrada mientras tu ensayas, das los conciertos y todo eso.
- Sabes que siempre puedes venir conmigo.
- Harry, por favor... - Rogué.
- He dicho que no.
- Lo haré quieras o no - Dije enfadada - Soy mayor de edad, y no tengo que pedirte permiso.
- Está bien. Entonces tendrás que ir andando, porque a mi coche no te subes. - Le miré extrañada, ¿a qué venía eso? - No vaya a ser que explote, ya sabes.
- Eso es un golpe bajo. - Y encima había dolido. Y mucho.
- No debería haber dicho eso... - Parecía arrepentido, pero el daño estaba echo.
- No, no deberías. - Me di la vuelta y me dirigí a la puerta.
- ¡Trouble! - Gritó, pero yo en ese momento no podía hablar con él. Simplemente no podía.
Me dolió lo que dijo. Mucho. No podía creer que después del día que acabábamos de pasar ahora viniera con algo como esto. Sabía que no se había olvidado del todo, pero ni podía prohibirme buscar trabajo, ni podía ser tan cruel como lo había sido.
Andando acabé en el nuestro parque. Estuviera lo lejos que estuviera, quisiera o no quisiera, siempre acababa aquí. ¿Por qué? Supongo que el subconsciente me fallaba. Media hora más tarde, y tras colgar una y otra vez a Harry alguien se acercó a mí.
- Sabía que estarías aquí.
No hay comentarios:
Publicar un comentario