miércoles, 4 de septiembre de 2013

Capítulo 27.

Era Zayn. Solo él podía haber venido hasta aquí solo para venir a buscarme. Y es que a veces, a pesar de lo mucho que le quería, Harry era muy despreocupado. Me extrañaba incluso que me hubiera llamados tantas veces. Zayn se sentó a mi lado y estuvimos un rato en silencio. 

- ¿Qué te pasa, Soff? - Preguntó. 

- Nada... - Ni siquiera le miré. 

- Te conozco...- Me puso la mano en la barbilla y me hizo mirarle. 

 - Zayn... - Me estoy muriendo. No podía decirle eso, no podía. No tenían que saberlo, pero a veces... A veces es bueno hablar de cómo nos sentimos. Contarle nuestros sentimientos a la gente que nos quiere. Si fuera tan fácil... - Yo... quiero estar sola. - Aparté la mirada. 

- No puedo dejarte sola. 

- Lo necesito. 

- Harry está preocupado, nos ha llamado a todos preguntando.

- Lo sé - bufé -, dile que estoy bien. Pero no le digas que estoy aquí..., más que nada porque no lo haré.

- ¿Dónde vas a estar? 

- Por ahí. - Le di un beso en la mejilla y me levanté del banco. 

- Ten cuidado. - Gritó cuando ya me había alejado.

Ni siquiera sé si estaba enfadada con Harry, ni siquiera sé si realmente quería trabajar o era solo un maldito capricho. Un quiero ser normal, porque no me estoy muriendo. Cerré los ojos con fuerza y una lágrima cayó por mi mejilla. Es irónico que los médicos te digan que puedes hacer una vida normal después de diagnosticarte algún tipo de problema. No se puede. Tengas cáncer, algún problema óseo, o jaquecas constantes siempre habrá algo que te impida hacer X cosa, y más en mi caso. 

Hacer vida normal, ¿hasta cuándo? Hasta que mi cerebro reviente. ¿Y a qué coste personal? Es tan duro seguir adelante cuando tu organismo se vuelve contra ti. Me estoy autodestruyendo y todo esto me consume, tanto física como psiquicamente. Me consume el hecho de no poder hablar de esto con nadie, el hecho de ocultar según que cosas a mi madre, y a los chicos...

Pero evitaba hacerles daño. A todos nos llega nuestro día tarde o temprano, ¿no? 

Acabé enfrente del escaparate de una tienda de antigüedades viendo como una pequeña bailarina de ballet giraba sobre una cajita de madera. Me encantaban esas cajas de música. Podría pasarme horas y horas viendo como daba vueltas. A decir verdad me encantan las antigüedades. Adoraba los vinillos y tendría miles de ellos si no fuera por la cantidad de dinero que costaban y el hecho de que mis padres no compartían mi pasión por la música de la misma forma. 

Entré a la tienda a preguntar el precio y comprobé que la melodía era una nana que mi abuela me cantaba cuando era pequeña. No recuerdo muy bien la letra, pero creo que era algo así como...

Hush, little baby, don’t say a word.

Mama’s gonna buy you a mockingbird 

And if that mockingbird won’t sing, 

Mama's gonna buy you a diamond ring

Alguien tosió a mi espalda. Era la primera vez que cantaba de corazón desde hacía mucho tiempo. 

- Es una bonita nana, y tienes una linda voz. - Dijo el dependiente viendo como la miraba. Era un agradable anciano. Bastante adecuado al entrono de atender una tienda de antigüedades. - Te pareces a ella. - La miré atentamente, y tenía razón. Nos parecíamos todo lo que alguien como yo puede parecerse a una muñeca de porcelana. Solo que ella se veía más delicada, a pesar de que posiblemente yo era más débil. 

- Gracias.. - Murmuré por lo de la voz. - Es una lástima que no puede pagarla. - Una débil sonrisa iluminó mi rostro. - No tengo dinero...

- ¿Sabes qué? Llévatela, te la regalo. - La cogió y me la ofreció.

- ¿Qué? - La miré, pero no me atrevía a aceptarla. Entonces le miré él y asintió. - ¿Por qué? 

- Lleva años aquí... Abandonada. Como si nadie se diera cuenta de su presencia, como si molestara la música que emite. Estoy seguro de que ella está tan triste y tendría una mirada tan vacía como la que tenías tú hasta que la has visto desde el escaparate. - Me la volvió a ofrecer y la acepté. - Llévatela, y vuelve a casa. - Sonrió y se metió en la trastienda.  

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